Venezuela

Entre seguidores y detractores: el legado de Carlos Andrés Pérez

A las puertas de su defenestración, en mayo de 1993, cuando era evidente que gran parte del estatus quo venezolano se había sumado a una conjura para conseguir a través de las cortes lo que meses antes un grupo de militares golpistas no habían conseguido con las armas, Carlos Andrés Pérez tuvo oportunidad de usar la fuerza para salvar su presidencia.

En la mente de Pérez no habían dudas sobre la justicia de su causa, sostuvo en una entrevista el sociólogo Agustín Blanco Muñoz, quien acaba de publicar el libro ¡Yo sigo acusando! Habla CAP, sobre la historia del ex presidente.

CAP, como Pérez es conocido en Venezuela, estaba convencido de que los cargos presentados en su contra se trataban de una componenda, confeccionados con el expreso propósito de removerlo del poder.

Sin embargo, cuando el alto mando militar le propuso actuar para desmantelar lo que para ellos era claramente un ‘‘Golpe Judicial'', la negativa de Pérez fue tajante: destituir sin méritos a un presidente crearía un terrible precedente para la frágil democracia venezolana, pero atentar contra las instituciones democráticas, aunque el proceder de éstas sean injustas, sería mucho peor, Blaco relató.

Y es que la lucha contra el autoritarismo fue la consideración que marcó el legado de Pérez, político que adversarios tildaron de corrupto y de hasta sanguinario, pero cuyos pasos a lo largo de la historia estuvieron ligados con el establecimientode una sociedad democrática en el país petrolero.

La vocación democrática del ex presidente, quien falleció el pasado 25 de diciembre en Miami, puede verse claramente en su proceder durante el oscuro capítulo de su defenestración.

"Ese hombre tuvo oportunidad de haberse alzado; tuvo ofrecimiento de militares para dar un zarpazo'', dijo el sociólogo.

"Pero él creía que aquello era lo peor que se podía hacer, porque ese sí sería un atentado mayor contra las instituciones democráticas'', añadió Blanco, quien entrevistó a Pérez en 30 ocasiones a lo largo de tres décadas para la elaboración del libro.

Pérez también pudo haber negociado con sus adversarios, ejercido presión sobre la Corte Suprema o haber buscado la destitución del fiscal que lo enjuiciaba, pero en cambio decidió someterse a la justicia como cualquier ciudadano, demostrando una entereza poco común en la historia contemporánea de Venezuela.

"Este político, profundamente polémico, acusado en otros momentos como un actor de actitudes sanguinarias, y que por mucho tiempo no se llegó a ver como un demócrata, en este capítulo de la defenestración se presenta como el estadista defensor de las instituciones, que entiende como inevitable salvar, porque era la única manera de que pudiese pensarse en la construcción de una democracia mejor'', subrayó Blanco, quien ha publicado numerosos libros sobre la realidad venezolana.

También habría significado desbaratar el trabajo al que se había entregado desde que ingresó a la política en la segunda mitad de los años treinta, cuando algunos jóvenes se abocaron a sentar las bases de una futura sociedad democrática, tras la muerte del temible dictador venezolano Juan Vicente Gómez.

El ascenso de CAP en la política venezolana fue vertiginoso.

Pérez nació en 1922 en Rubio, estado de Táchira, en el occidente de Venezuela, y era apenas un muchacho cuando servía de asistente del fundador del partido Acción Democrática Rómulo Betancourt.

A los 25 años, ya era diputado del Congreso Nacional en momentos en que Venezuela comenzaba a desligarse del mandato de los militares que le siguieron a Gómez, y que fue encabezado por los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita.

"Este joven se forma ahí al lado de Betancourt, al lado de Ruiz Pineda, y posteriormente al lado del presidente Rómulo Gallegos, y sigue una curva ascendente, primero como simple peón en política. Y luego, ya en la década de los 50, es un importante elemento en la lucha contra la dictadura [de Marcos Pérez Jiménez]'', señaló Blanco.

Pérez Jiménez, quien había integrado la junta de gobierno que derrocó a Gallegos, asumió la presidencia en 1952 y acentuó la persecución de las incipientes corrientes democráticas en el país, y en especial a los integrantes de Acción Democrática.

CAP, en ese momento, se encargaba de organizar células políticas desde la clandestinidad, convirtiéndose en uno de los principales cabecillas de la resistencia.

Tras el derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958, Venezuela retorna a la democracia y surge como ministro del Interior de Rómulo Betancourt, quien resultó electo en 1959.

Es aquí, donde Pérez obtiene el sobrenombre de ministro Policía, ya que durante su gestión enfrentó el surgimiento de la guerrilla marxista venezolana, que posteriormente fue auspiciada por Fidel Castro desde La Habana.

En ese volátil período, CAP también tuvo que lidiar con tres insurrecciones militares encabezadas por oficiales con inclinaciones marxistas. Uno de estos alzamientos, el Porteñazo, dejó más de 400 muertos y 700 heridos.

Su participación en contener la insurgencia marxista en Venezuela le dio fama de implacable, pero ya para inicios de los años setenta, cuando se lanza como candidato presidencial, una nueva imagen comienza a surgir entorno a Pérez, la del dirigente simpático y enérgico, sintetizada por el eslogan "el hombre que camina''.

Esa nueva imagen le permitirá ganar la presidencia en 1973 que CAP consigue con la fortuna de una enorme renta petrolera promovida por la volatilidad del mercado, que le da al país una riqueza nunca antes vista.

Pérez hace uso de esa riqueza para impulsar grandes planes para transformar el país. Desarrolla la industria del hierro y el aluminio en Guayana, que luego acompañó con las nacionalizaciones de estos sectores, junto con el crudo, que dio paso a la creación de Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Asimismo, Pérez crea el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho que envía a decenas de miles de jóvenes venezolanos a estudiar en las mejores universidades del exterior.

Pero el término de su gobierno le dejó a Pérez un sabor agridulce.

"A pesar de que tuvo aciertos él se quedó con la sensación de que su plan de desarrollo no se había concretado, de que el país había perdido una gran oportunidad para el desarrollo. Y, en consecuencia, Carlos Andrés Pérez siente cierta frustración'', comentó Blanco.

Su primer gobierno fue criticado por el alto endeudamiento que había adquirido la república, que fue contraída, incluso pese a la enorme renta petrolera, y lo que posteriormente fue llamado un exagerado crecimiento del aparato estatal, que generaba grandes distorsiones dentro de la economía.

Diez años después, CAP emprende la tarea de terminar su obra. Se lanza como candidato y gana las elecciones nuevamente, pero se encuentra con una realidad muy distinta a la de su primer gobierno.

"En el 89, Pérez va a conseguir a un país en quiebra, un país sin desarrollo, un país con inflación, un país con deuda, un país con gran desempleo, un país con profundos problemas en el orden de los servicios, es decir un cuadro realmente difícil'', relató Blanco.

De inmediato, Pérez inicia la labor de sanear la economía, y se inscribe dentro de un pacto con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero la medida termina siendo altamente impopular.

El descontento de la población, el cual se venía acumulando a lo largo del deterioro de la economía durante los 10 años anteriores, finalmente estalla a inicios del gobierno de Pérez durante el denominado Caracazo, levantamiento popular que dejó cientos de muertos en el país.

"En ese 27 febrero de 1989, se va a ver un Carlos Andrés Pérez muy comprometido. Allí se inicia un período en el que Venezuela deja de tener estabilidad política'', comentó Blanco.

"Es el momento en el cual el cuadro político ya no cuenta con partidos políticos orgánicos, sistemáticos y coherentes de acción política. Ya la gente no creía en partidos políticos, la gente ya no creía en doctrinas, en dirigentes... Es como si hubiese aparecido un gran fenómeno que hace posible borrar lo que ha sido la historia política del pasado, y comienza a plantearse la necesidad de una nueva política'', añadió.

Ese periodo, denominado por historiadores como el vacío político venezolano del siglo XX, es agravado por las intentonas golpistas de 1992, que el entonces teniente coronel Hugo Chávez y otros militares venían fraguando desde los años ochenta.

Pérez logra sofocar esos levantamientos militares demostrando un gran arrojo, pero el entorno político del país comienza a gestar su salida como única vía para poner fin a la etapa de volatilidad a la que había ingresado el país.

Según Blanco, estos movimientos estuvieron encabezados por el escritor e historiador Arturo Uslar Pietri y el ex presidente Rafael Caldera, a quienes Pérez había invitado a conformar un grupo de notables para ayudarle a superar las amenazas enfrentadas por el sistema democrático.

"Pero Uslar Pietri y Caldera ya estaban en los planes de la conspiración que terminó en los intentos de golpe'', indicó Blanco. "Estos notables, que han estado al lado de Hugo Chávez en la conspiración, que le han dado el gran espaldarazo [a los golpistas], son ahora los que encabezan el movimiento para conseguir la defenestración [de Pérez] por la vía pacífica y legal''. Es entonces cuando otro de los notables, José Vicente Rangel, denuncia en su programa de televisión la presunta malversación en el uso de la partida secreta. La acusación es de inmediato recogida por el entonces fiscal general Ramón Escovar Salom, quien Pérez había nombrado en el cargo, pese a la hostilidad existente entre ambos.

Pese a la inconsistencia de los cargos, basados en el uso de la partida secreta para reforzar la seguridad de la entonces presidenta de Nicaragua Violeta Chamorro, la Corte Suprema acepta la acusación y luego el Senado, con el visto bueno del propio partido de Pérez, vota a favor de su destitución.

Durante las numerosas entrevistas que sostuvo con Pérez para la elaboración del libro, Blanco le preguntó en varias ocasiones por qué optó someterse mansamente a lo que de lejos se veía como una maniobra para sacarlo del poder.

"Soy testigo de excepción de la terquedad del presidente Pérez, de lo inevitable de salvar esas instituciones'', comentó Blanco en referencia a las múltiples discusiones que sostuvo con CAP sobre su proceder durante el juicio.

"El pensaba que por encima de los errores que pudieron haber cometido, había que salvar las instituciones democráticas porque no hacerlo significaba caminar hacia el abismo''.

En la última entrevista que Blanco sostuvo con Pérez, poco antes de que el ex presidente falleciera, el sociólogo resaltó que, pese a su sacrificio, el país de todas maneras parece haber caído en el despeñadero.

A lo que Pérez respondió que sí, y ahora "lo estamos pagando''.

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