Venezuela

Grupo de Boston se acredita mejora en la relación de EEUU-Venezuela

La instantánea tomada en el 2002 muestra al presidente venezolano Nicolás Maduro en la pista de un aeropuerto de Nueva Inglaterra, con los brazos por encima de los hombros del secretario de Estado de EEUU John Kerry y el representante Gregory Meeks, demócrata de Nueva York. En esa época ambos eran legisladores. Todos sonreían.

Pasamos al 2013: a pesar de sus profundos lazos económicos, Estados Unidos y Venezuela llevan años en desacuerdo. Maduro —lo mismo que su difunto jefe Hugo Chávez— ha acusado al “Imperio” de tratar de matarlo y destruir sus reformas socialistas. Estados Unidos todavía no ha reconocido oficialmente que Maduro ganó las reñidas elecciones de abril, y critica a su administración por su historial de derechos humanos y narcotráfico.

Pero, por detrás de las bambalinas, las relaciones creadas hace una década durante intercambios legislativos, lo que llegó a ser conocido como el Grupo de Boston, parecen estar dando fruto. Y eso está estimulando conversaciones sobre revivir el grupo, el cual lleva siete años disuelto.

El 5 de junio, Venezuela puso en libertad al cineasta Tim Tracy, quien llevaba detenido más de un mes por acusaciones de espionaje. El hombre a quien se acredita su liberación es el ex representante federal William Delahunt, demócrata de Massachusetts, uno de los fundadores del Grupo de Boston. El mismo día, pocas horas antes, Kerry y el ministro venezolano de Relaciones Exteriores Elías Jaua anunciaron que iban a comenzar charlas para intercambiar embajadores por primera vez desde el 2010. El hombre encargado de esas charlas es nada menos que Calixto García, el principal diplomático del país en Estados Unidos, y otro de los miembros del Grupo de Boston. García y la subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental Roberta Jacobson sostuvieron su primer encuentro el martes, pero los funcionarios no dieron detalles.

“Eso muestra que relaciones creadas y conversaciones que tuvieron lugar hace 10 o 15 años pueden hacer la diferencia con el tiempo”, dijo Meeks, quien fundó el grupo conjuntamente con Delahunt y el ex representante Cass Ballinger, republicano de Carolina del Norte. “Nadie sabe quién puede llegar a ser secretario de Estado o presidente de un país”.

El Grupo de Boston unió a demócratas, republicanos, comunistas, socialistas y capitalistas, y los obligó a encontrar puntos en común, dijo Pedro Díaz-Blum, ex legislador venezolano y coordinador del grupo. Se trajo al grupo a un experto en resolución de conflictos para que no se perdiera la urbanidad en los encuentros, a menudo encarnizados.

“Muchas personas de ambos lados del espectro político pensaron que tratar de establecer un dialogo era cándido”, dijo Díaz-Blum, quien ha estado tratando de revivir el grupo. “Pero, hoy en día, creo que nuestra labor estuvo justificada”.

La idea de estrechar los lazos entre Venezuela y EEUU es anatema para algunos. Facciones dentro de la oposición venezolana han estado cabildeando en la región para que no se reconozca la presidencia de Maduro. Cuando Kerry y Jaua se encontraron este mes — al margen de una reunión en Guatemala de la Organización de Estados Americanos — algunos lo consideraron una traición.

Y la retórica se ha mantenido particularmente divisiva. Maduro ha acusado a ex diplomáticos estadounidenses de conspirar para asesinarlo, y ha sugerido que la CIA “inoculó” a Chávez con el cáncer que lo mató en marzo.

Pero el Grupo de Boston nació en medio de tensiones similares, dijo Saúl Ortega, delegado del partido gobernante y ex miembro del grupo. La iniciativa cuajó tras un golpe de estado del 2002 que derrocó brevemente a Chávez, y del cual el agitador socialista culpó a la oposición y a Estados Unidos.

“Fue, tal vez, el momento más difícil en las relaciones entre los dos países”, dijo Ortega. “Pero nos las arreglamos para empezar un diálogo y un debate sobre nuestros intereses comunes nos las arreglamos para hacer un montón de cosas buenas”.

A través de esas reuniones, Venezuela ofreció combustible de calefacción subsidiado para familias pobres en el área del nordeste de Estados Unidos, y EEUU promovió lo que esperaba que se convirtiera en la respuesta de Venezuela a C-SPAN. Pero la mayor parte de sus actividades tuvieron lugar entre bambalinas, dijo Díaz-Blum.

Miembros venezolanos del Grupo de Boston, entre ellos Maduro, ayudaron a hacer menos agresiva una ley para acallar a los medios de prensa conocida como la Ley Resorte y se esforzaron por mantener abiertas sus comunicaciones informales.

“En su momento culminante, el Grupo de Boston era la única entidad en Venezuela donde la oposición y el partido gobernante podían llegar a acuerdos relacionados con los intereses nacionales”, escribió Díaz-Blum.

El grupo se deshizo en el 2005, cuando la oposición renuncio a todos los escaños en la Asamblea Nacional por medio de boicotear las elecciones. Como el Grupo de Boston estaba diseñado para unificar a facciones rivales, no tenía sentido en medio de una homogeneidad política.

Pero muchas de las relaciones sobrevivieron. Incluso después de que Chávez expulsara al embajador estadounidense en el 2008, y luego se negó a aceptar a su sustituto, Larry Palmer, en el 2010, “El Comandante” se encontraba con Delahunt.

El representante, quien dejó su cargo en el 2011, dijo que esos encuentros iban más allá de la cortesía diplomática. Recordó que, después de un encuentro de una hora con Maduro y Chávez, los tres hombres acordaron que harían un anuncio sobre cooperación en contra del narcotráfico.

“Desafortunadamente, en esos momentos el entonces ‘zar antidroga’ John Walters estaba en Bogotá describiendo a Chávez como a un narcotraficante, de modo que eso no se llevó adelante”, dijo. “Pero hay que crear un nivel de confianza, y la única manera que se puede hacer eso es hablando como hicimos en el Grupo de Boston”.

Delahunt no quiso dar detalles sobre cómo consiguió la liberación de Tracy, pero admite que las relaciones personales eran esenciales.

“Se debería destacar que Calixto García jugó un papel significativo y consiguió abrir puertas”, dijo Delahunt.

Chávez, a pesar de sus arranques antiestadounidenses, también abogó a favor del Grupo de Boston, según un cable del Departamento de Estado en el 2009 publicado por WikiLeaks. Tanto Delahunt como Meeks asistieron al funeral de Chávez en marzo, y Meeks dijo que fue casi un “mini reencuentro”, cuando los dos hombres se encontraron con sus antiguos colegas del Grupo de Boston, muchos de los cuales están ahora en altos puestos. Cilia Flores, la ex procuradora general y actual primera dama, también pertenecía al grupo, lo mismo que el presidente del Banco Central Bank y ahora gobernador de Sucre.

Meeks y Delahunt dijeron que este podría ser el momento oportuno para revivir el grupo. La semana pasada, Jacobson, del Departamento de Estado de EEUU, calificó la idea de revivirlo de “útil e interesante”.

Pero hay muchos obstáculos. Las tensiones entre el partido gobernante de Venezuela y la oposición son tan fuertes que hace poco llegaron a una pelea de sillas tiradas y todo en el pleno de la Asamblea Nacional. Y el país está preparándose para unas elecciones municipales en diciembre que profundizarán la división. Los que proponen la conversación con sus rivales son acusados a menudo de débiles, dijo Díaz-Blum.

“En Venezuela, la cosa se está poniendo fea”, dijo. “Pero, a pesar de nuestras diferencias, hay miembros del Grupo de Boston que confían unos en otros, y la confianza está en la raíz del problema”.

El editor de Mundo de The Miami Herald John Yearwood contribuyó a este reportaje desde Miami.

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