Venezuela

Los venezolanos echan mano a las ‘perreras’ como medio de transporte público en medio de la crisis

Numerosas personas se agarran a lo que sea en una “perrera”, nueva opción ilegal y peligrosa de transporte masivo en Venezuela.
Numerosas personas se agarran a lo que sea en una “perrera”, nueva opción ilegal y peligrosa de transporte masivo en Venezuela. Especial para el Miami Herald

Para ir al trabajo todos los días, Carmen Hernández, una mucama de 37 años en la segunda mayor ciudad de Venezuela, tiene que subir a empujones a un atestado y destartalado camión, colgada de una barra de metal con una mano, mientras un pie le cuelga el aire durante un recorrido peligroso e ilegal que puede durar hasta 45 minutos.

Ha sufrido lesiones en los tobillos y las muñecas cuando el conductor toma curvas a alta velocidad, lo que lanza a los pasajeros unos contra los otros en vehículos que parecen camiones jaula para animales, y que los venezolanos llaman “perreras”.

Pero incluso así, es mejor que esperar por el transporte público en Maracaibo, porque puede ser que nunca llegue.

“No puedo darme el lujo de perder mi trabajo. Voy a tener que caminar muchas cuadras o bajo el agua si no logro subirme a uno de esos camiones cuando salgo de casa o cuando vengo del trabajo. Ya me ha pasado”, dijo Hernández, de la etnia indígena wayuu.

Esta madre de tres hijos dijo que sabe que los recorridos son peligrosos, pero piensa que no le queda más remedio. En momentos que el transporte público apenas funciona, subir a un camión ilegal para llegar al trabajo le parece la mejor opción, aunque vaya colgada por el costado.

“Hay que correr duro y empujar a los demás para poder subir”, dice.

En toda Venezuela, donde la crisis económica ha provocado hambre y escasez de medicamentos en gran escala, la gente ha empezado a usar formas alternativas de transporte —en su mayor parte camiones— apodados “perreras” por la apretazón y el peligro.

La reparación de autobuses y otros vehículos de transporte público es cada vez más difícil, debido a la escasez de piezas de repuesto, de manera que la gente empezó a subir a cualquier cosa que ruede. Viajan por la ciudad de pie sobre la cama de un camión acompañados de otras personas, en un costado de un camión de transporte de ganado o apretujados en la parte trasera de una furgoneta de carga.

En Maracaibo, los pasajeros incluso usan un pequeño y colorido tren diseñado y decorado para los niños.

En Maracaibo, Venezuela, los trabajadores recurren a todo tipo de medios, como este tren para niños, para desplazarse de un lugar a otro.
En Maracaibo, Venezuela, los trabajadores recurren a todo tipo de medios, como este tren para niños, para desplazarse de un lugar a otro. Humberto Matheus Especial para el Miami Herald

Mileidy Oviedo, de treinta y tantos años y empleada de mantenimiento de una escuela privada, teme subirse a las perreras. Pero esta madre de dos hijos dice que aunque tenga miedo no le queda más remedio.

“Pienso en mis hijos todo el tiempo cuando voy en uno de esos camiones. Es desagradable”, dijo, minutos después de bajarse de una camioneta estilo perrera frente a su lugar de empleo en la Avenida El Milagro.

Transporte ‘del inframundo’

El transporte público venezolano se ha vuelto tan escaso que el 95 por ciento de los autos, autobuses e incluso los taxis ya no están en las calles, mientras que el número de “perreras” —operadas por cualquier persona con los medios para manejar un vehículo— ha aumentado 25 por ciento, según al Comité de Usuarios de Transporte Público en Caracas.

Luis Alberto Salazar, presidente del comité y su vocero principal, dijo que hay al menos 150,000 “perreras” en Venezuela. Los vehículos, explicó, originalmente fueron apodados así hace décadas en áreas rurales e indígenas, donde la gente los abordaba para moverse con sacos de plátanos.

“Era el transporte común en el campo, pero ahora la gente los ha llevado a las ciudades”, dice.

Salazar dice que cree que el nuevo medio de transporte venezolano es uno de los peores del mundo: “Es un transporte del inframundo”.

Los vehículos son privados y generalmente se usan para mover objetos pesados: piezas industriales, alimentos o incluso basura. A sus conductores les gusta el dinero fácil que pueden ganar de los pasajeros necesitados, realizando viajes ilegales en sus horas libres, sin seguro básico ni capacitación, principalmente al amanecer o al final de la tarde.

“He visto ancianos caer de esos camiones. Algunos se levantan y vuelven a subir”, dijo recientemente José Burgos, un interno de 20 años en una oficina de Aduanas local, mientras esperaba una “perrera” en el centro de Maracaibo alrededor del mediodía.

Dijo que él puede correr el riesgo de viajar en los camiones ilegales: “Soy joven y puedo agarrarme de algo”.

Peligroso y mortal

Javier Sánchez, un periodista retirado, dijo que mantuvo el equilibrio a duras penas cuando se montó en una perrera en mayo pasado para llegar a su antiguo trabajo. Alguien intentó sacarle la billetera de un bolsillo trasero y su reacción inmediata fue agarrar al ladrón. Terminó cayendo al pavimento.

Los pasajeros lo ayudaron a levantarse. Tenía sangre en los brazos. “Gracias a Dios el camión casi paró”. Tenía moretones en las rodillas y los codos”.

Pero los vehículos no son solamente ilegales. También pueden ser mortales.

Al menos 32 pasajeros murieron y 100 más resultaron gravemente heridos este año en Venezuela cuando la perrera en la que viajaban se volcó, según el comité de transporte.

Rubén Chacín y Anderson Tamoy, dos estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas, fallecieron el 27 d ejunio cuando el camión de la Guardia Nacional en que viajaban se volcó. Posteriormente se determinó que al vehículo le faltaban dos neumáticos.
Rubén Chacín y Anderson Tamoy, dos estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas, fallecieron el 27 d ejunio cuando el camión de la Guardia Nacional en que viajaban se volcó. Posteriormente se determinó que al vehículo le faltaban dos neumáticos.

Rubén Chacín y Anderson Tamoy, dos jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas, una universidad militar pública, murieron el 27 de junio cuando se volcó el camión de la Guardia Nacional en Anzoátegui, un estado oriental rico en petróleo. Más tarde se determinó que el camión había perdido dos de los neumáticos traseros.

Fernando Moreno, un venezolano de 54 años, murió el 14 de junio al resbalar mientras subía a una camioneta que operaba como transporte público “pirata” en La Yaguara, Caracas.

La respuesta del gobierno a la virtual parálisis del transporte ha sido lenta. Los militares decidieron hace unos meses colocar camiones de las fuerzas armadas a lo largo de las rutas principales para ayudar a los pasajeros a circular libremente. Eso no duró mucho en Maracaibo, después de una avalancha de quejas porque los camiones eran demasiado altos para que los pasajeros subieran.

El gobernante Nicolás Maduro trató de solucionar el problema hace tres años con la compra de 15,000 autobuses grandes construidos en China. La mayoría de esas unidades, sin embargo, terminaron descompuestas en garajes oficiales porque no había piezas de repuesto.

Lo habitantes de Maracaibo, la segunda mayor ciudad de Venezuela, han comenzado a desplazarse en camiones privados como este, apodados “perreras”, ante la falta de transporte público.
Lo habitantes de Maracaibo, la segunda mayor ciudad de Venezuela, han comenzado a desplazarse en camiones privados como este, apodados “perreras”, ante la falta de transporte público. Ocando Alex Especial para el Miami Herald

Maduro anunció recientemente una comisión especial, dirigida por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, para mejorar los servicios públicos, como lo ha prometido muchas veces anteriormente. También ha sido visto en la televisión regañando furiosamente a sus ministros por la falta de transporte público decente.

Pero Maduro culpa a los sindicatos del transporte de algunos de los problemas por un supuesto complot para “desactivar” sus vehículos y causar un “gran problema” a los venezolanos.

El caos y la desesperación por opciones de transporte seguras y confiables han desencadenado acciones locales en algunas ciudades. En Maracaibo, el gobierno anunció en mayo pasado que comenzaría a emitir permisos para “perreras” que cumplan con ciertos requisitos básicos de seguridad, como permitir que todos los pasajeros se sienten dentro del vehículo.

Crisis del transporte

Venezuela nunca antes en tiempos modernos había experimentado una crisis de transporte público, dijo el sociólogo Gustavo Chourio, profesor de Arquitectura y experto en urbanismo de la Universidad del Zulia en Maracaibo.

“Alrededor del 30 por ciento de los venezolanos tenían vehículo propio, el promedio más alto en América Latina. Esa proporción ha disminuido drásticamente hoy porque sólo unos pocos tienen recursos suficientes para comprar un neumático nuevo o una batería”, dijo.

Chourio agregó que quienes manejan “perreras” están “jugando a ser transportistas” y calificó el modo de transporte de “marginal y primitivo” en medio de la crisis en el país.

En Maracaibo, Venezuela, el transporte público apenas funciona, de manera que muchas personas han comenzado a usar las llamadas “perreras”, camiones privados que no están regulados ni asegurados.
En Maracaibo, Venezuela, el transporte público apenas funciona, de manera que muchas personas han comenzado a usar las llamadas “perreras”, camiones privados que no están regulados ni asegurados. Humberto Matheus Especial para el Miami Herald

Hizo hincapié en cómo la falta de transporte público ha cambiado la vida de las personas. “Ahora los venezolanos están empezando a buscar empleo cerca de su casa. Tienen que caminar mucho más de lo que estaban acostumbrados. Estas rutas informales no llevarán a las personas exactamente a donde quieren. Tendrían que caminar kilómetros y kilómetros todos los días “, dijo Chourio.

La crisis también ha dado a luz a un nuevo tipo de emprendedor: el impulsor “uber”. La gente común ha comenzado espontáneamente a usar sus propios automóviles para ofrecer viajes a los pasajeros durante las horas punta a cambio de efectivo.

Uno de ellos se detuvo frente a Frank Jiménez, de 41 años, un comerciante que esperaba un viaje en una parada de autobús del centro de Maracaibo. “Voy a Lago Mall [a unas cinco millas de distancia]. ¿Quién viene? “, Gritó el conductor detrás del volante de su auto casi nuevo.

Jiménez ignoró la oferta. Prefería esperar una perrera.

“Me subiría a cualquier tipo de camión, autobús o furgoneta que aparezca… Este nuevo medio de transporte nos está salvando”, dijo.

Reconoció que estaba arriesgándose. “Nos están transportando como ganado”, dijo, y más tarde se subió a un camión repleto para irse a casa a almorzar.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de julio de 2018, 6:57 p. m. with the headline "Los venezolanos echan mano a las ‘perreras’ como medio de transporte público en medio de la crisis."

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