Venezuela

Huyeron de Venezuela y fallecieron lejos de su tierra. Esta colombiana los entierra con dignidad

Forense colombiana entierra a venezolanos desamparados que fallecen en la miseria en medio de la crisis migratoria

Un número cada vez mayor de migrantes venezolanos están muriendo en Colombia, y sus familias son demasiado pobres para costear un funeral. Sonia Bermúdez, en La Guajira colombiana, los entierra gratis en su cementerio privado.
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Un número cada vez mayor de migrantes venezolanos están muriendo en Colombia, y sus familias son demasiado pobres para costear un funeral. Sonia Bermúdez, en La Guajira colombiana, los entierra gratis en su cementerio privado.

En un solo día de junio, Sonia Bermúdez hizo dos viajes a un polvoriento poblado colombiano en la frontera con Venezuela para reclamar cinco cadáveres.

Cuatro de ellos eran de venezolanos desamparados, cuyas familias no podían o no estaban dispuestas a reclamarlos. El otro era de identidad desconocida.

Bermúdez trasladó los cuerpos en su camioneta hasta su cementerio privado ubicado cerca de la localidad costera colombiana de Riohacha para que fueran a parar en fosas comunes.

“Todas las personas merecen una muerte digna y un entierro digno. No importa quién sea ni de dónde viene”, dijo Bermúdez. “La muerte no tiene nacionalidad”.

Los cadáveres en cuestión se sumaron a la cantidad cada vez mayor de venezolanos —o probablemente venezolanos— que la mujer ha enterrado en su cementerio. Entre ellos hay jóvenes que perecieron en medio de la violencia y accidentes automovilísticos, madres y bebés que no sobrevivieron el parto, un anciano que falleció de un infarto cardíaco, y un puñado de personas no identificadas.

Pero todos tienen algo en común: huyeron de Venezuela y terminaron en manos de Bermúdez, de 64 años y madre de siete hijos cuya misión en la vida es cuidar de los fallecidos abandonados.

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Aquí descansan numerosos venezolanos en el norte de Colombia. En medio de la crisis migratoria de venezolanos que huyen de su país, Sonia Bermúdez entierra gratis a los venezolanos desamparados que fallecen en Venezuela, que de otra manera serían colocados en fosas comunes. Jim Wyss Miami Herald

Bermúdez lleva más de 40 años trabajando de forense, encargada de funeraria y sepulturera en la Guajira colombiana, una región árida, ventosa y pobre del país. Va de pueblo en pueblo en su camioneta Ford F-150 blanca, que apoda “La Loca”, recuperando cadáveres en hospitales y morgues, para que no los entierren en fosas comunes. Otras veces sencillamente ayuda a familias que son demasiado pobres para poder pagar un entierro digno.

Antes de que Venezuela pasara de ser una de las naciones más prósperas de América Latina al desastre económico que es hoy, la mayoría de los cuerpos que Bermúdez recuperaba eran colombianos, víctimas del conflicto civil de medio siglo de ese país.

Pero recientemente ha habido un flujo constante de migrantes que llegan de Venezuela y que la mantienen ocupada. Se calcula que más de 50,000 venezolanos cruzan diariamente a la vecina Colombia. Muchos llegan a buscar medicinas, alimentos o trabajo temporal. Otros llegan y no regresan a Venezuela, sino que se dirigen a Perú, Chile y Ecuador, en uno de los mayores movimientos migratorios en la historia de América Latina. Y la mayoría viaja con poco o ningún dinero, porque salen de un país abrumado por una hiperinflación que ha acabado con los ahorros.


Cuando mueren lejos de su tierra, sus seres queridos no pueden darse el lujo de traerlos de regreso a Venezuela ni de pagar un funeral. Y ahí es donde interviene Bermúdez. Desde finales del 2017, dice que ha enterrado sin cobrar un centavo a unos 30 venezolanos, en su cementerio particular, llamado Gente Como Uno.

“Porque una vez que morimos, todos somos iguales”, dijo Bermúdez.

La semana pasada, Bermúdez, vestida con ropas anchas y un colorido pañuelo en la cabeza, estaba alisando hormigón con una paleta de albañil mientras ella y tres ayudantes ponían los toques finales a una nueva ala de un mausoleo que tiene 40 espacios para ataúdes, anticipando la llegada de más venezolanos.

“El tema de los venezolanos es muy preocupante”, dijo. “Porque aquí en Riohacha los entierro yo misma”.

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Sonia Bermúdez, de 64 años, amplía el mausoleo en el cementerio que dirige en el norte de Colombia. En medio de la crisis migratoria que vive Venezuela, Bermúdez ha estado enterrando a venezolanos desamparados que fallecen en Colombia, que de otra manera irían a parar a fosas comunes. Jim Wyss Miami Herald

Aunque muchas personas dicen que es una labor deprimente, Bermúdez afirma que ella creció rodeada de muertos.

Su padre era el cuidador del cementerio central de Riohacha y ella recuerda que jugaba en el lugar los días que no iba a la escuela. Cuenta que ayudó en la primera autopsia, también en el cementerio, cuando tenía 13 años. Fue entonces que vio los cuerpos de los pobres, que eran tirados sin protocolo alguno a fosas comunes, y que eso la ofendió. Cuando todavía era una adolescente, ganó una prestigiosa beca en la capital colombiana, Bogotá, para hacerse forense.

Después regresó a Riohacha a practicar su profesión, pero tras cumplir con su trabajo tenía otra pasión: reclamar los cadáveres de los fallecidos a quienes nadie reclamaba para darles sepultura —sin autorización— en unos terrenos baldíos de la ciudad. Si ella no lo hacía, esas personas terminaban en fosas comunes, explicó. En los buenos tiempos, cuando tenía dinero suficiente, ella misma construía ataúdes de madera. Y cuando no había dinero, envolvía los cuerpos en plástico antes de enterrarlos.

Pero cada persona era identificada —los cadáveres no identificados recibían un número de identificación emitido por Medicina Legal— y los enterraban por separado. “Siempre pensaba que alguien iba a venir a reclamarlos”, dijo.


Una vez que su cementerio ilegal tuvo 40 tumbas, se acercó a funcionarios municipales para decirles lo que estaba haciendo, y los persuadió en el 2007 para que reconocieran los terrenos como un cementerio oficial.

A lo largo de los años, Bermúdez ha construido dos grupos grandes de criptas en estos terrenos con espacio para 120 cuerpos. Los residentes de su “hotel de cinco estrellas” tienen sus nombres grabados en el concreto y las tumbas están decoradas con flores plásticas. Después de tres o cinco años, los restos se retiran y se colocan en nichos más pequeños, para hacer espacio a los nuevos fallecidos.

Aunque el cementerio recibe un subsidio del gobierno municipal de Riohacha, Bermúdez dice que paga la mayor parte de los gastos de su bolsillo.

Cuando el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) conoció recientemente del trabajo de Bermúdez, le entregó recursos para que pudiera construir más criptas. Federico Sersale, jefe de las operaciones de ACNUR en Riohacha, dijo que la agencia se había alarmado cuando descubrió que había cadáveres de venezolanos en la morgue de Maicao, una localidad a una hora de camino de Riohacha, y que algunos llevaban allí cinco meses.

Enterrar a los muertos por lo general no es parte de la misión de la entidad, dijo, “pero decidimos ayudar porque vemos que es un asunto urgente. Y Sonia [Bermúdez] estaba ofreciendo una solución”.

La labor de Bermúdez, dar a los más pobres de la región un entierro decente, la ha convertido en una personalidad local. El lunes recibió el mayor honor otorgado por el Congreso de La Guajira. La gente la reconoce y la saluda en la calle y los taxistas saben donde vive.

“Todo el mundo conoce a Sonia”, dijo un taxista, “ella es la última persona en verte cuando mueres”.

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Sonia Bermúdez, de 64 años, opera un cementerio en La Guajira colombiana llamado ‘Gente Como Uno’, donde entierra gratis a venezolanos desamparados que fallecen en Colombia. Jim Wyss Miami Herald

Aunque Bermúdez disfruta del reconocimiento, dice que lo que más necesita es que la ayuden. La Guajira es una de las regiones más pobres del país. La desnutrición y las enfermedades ya han abrumado el magro presupuesto municipal. En ese contexto, no hay mucha solidaridad o recursos para ocuparse de los venezolanos fallecidos, dijo.

“Lo que puedo decirle es que no permitiré que un solo venezolano que muera en Riohacha sea enterrado como un perro”, dijo. “Aunque tenga que pelear con las uñas por mis muertos, lo voy a hacer”.

En un cementerio de Venezuela parte de las lapidas de bronce de varias tumbas han sido robadas y mas de un mes después de los hechos los afectados esperan una medida concreta de los administradores del cementerio.

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