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Renuncia Pedro Sánchez, líder del PSOE español

Pedro Sánchez en una rueda de prensa el pasado 26 de septiembre en la sede del PSOE en Madrid.
Pedro Sánchez en una rueda de prensa el pasado 26 de septiembre en la sede del PSOE en Madrid. AFP/Getty Images

Pedro Sánchez dimitió el sábado como secretario general del Partido Socialista Obrero Español, en lo que parece ser un dramático epílogo a la guerra fratricida que se desencadenó en la principal agrupación opositora tras meses de un estancamiento político que ha impedido la formación de un gobierno liderado por el Partido Popular, actualmente en el poder.

“Ha sido para mí un honor ser secretario general. Sigo creyendo que tiene que ser la militancia quien decida. Es un orgullo ser militante del PSOE”, dijo Sánchez ante el comité federal del partido.


Tras 10 horas de reuniones rocambolescas, que pusieron de manifiesto el cisma en el partido, los leales al secretario general perdieron la votación para que se celebrara un congreso extraordinario precedido de unas primarias que lo confirmaran en el cargo.

El comité federal rechazó la propuesta y, como había prometido la víspera, Sánchez anunció su dimisión. Del partido se hará cargo una gestora que encabezará el presidente de Asturias, Javier Fernández, hasta que se celebre otro cónclave.

Las reacciones de los partidos a la izquierda del PSOE fueron inmediatas vía Twitter. “Se imponen en el PSOE los partidarios de dar el gobierno al PP. Frente al gobierno de la corrupción, nosotros seguiremos con y por la gente”, dijo Pablo Iglesias, líder de Podemos. “El PP ha ganado la votación en la calle Ferraz”, sentenciaba un dirigente de Izquierda Unida.

El comité federal del PSOE se reunió desde temprano en la mañana en la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid, protagonizando un duro enfrentamiento entre los leales a Sánchez y los críticos, abanderados en la sombra por la presidenta andaluza, Susana Díaz.

Decenas de simpatizantes se congregaron ante la sede y abuchearon e insultaron a los que llamaban “golpistas”.


El debate de fondo es si los socialistas se abstienen y facilitan que el jefe del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, forme gobierno en minoría, como defienden los críticos, o si rechazan categóricamente que el PP siga en el poder, como defiende Sánchez.

Al derrotar a Sánchez, han vencido quienes prefieren facilitar la gobernabilidad, tras 10 meses de bloqueo político. Sin embargo, aún habrá que esperar al sábado próximo para que el comité federal defina la postura del PSOE en una eventual nueva investidura de Rajoy. Hasta el 31 de octubre hay tiempo para que se eviten unas terceras elecciones.

“El partido está roto”, reconocía José Antonio Pérez Tapias, uno de los 285 miembros del comité federal, aún antes de que se anunciara la dimisión de Sánchez.

A la sesión del sábado asistieron 253 delegados que durante horas debatieron sobre cómo votar y se pusieron de acuerdo tras tensos debates. El partido está dividido casi en dos mitades, de ahí que fuera difícil que el comité federal se decantara por una u otra posición.

Intervención de Felipe González

Los opositores a Sánchez pretendían que se formara una gestora que se hiciera cargo del partido y destituyera al secretario general. Sus seguidores querían convocar a unas primarias el 23 de octubre para asegurar la secretaría general por cuatro años.

Cuando Sánchez anunció su plan a principios de semana, los críticos se movilizaron. La bomba cayó cuando el ex presidente Felipe González dijo en la cadena Ser que se sentía “engañado” por Sánchez, quien le habría prometido que los socialistas se abstendrían en la segunda votación de investidura de Rajoy.


A continuación 17 miembros de la Ejecutiva del PSOE presentaron su dimisión, y como eran mayoría al sumarse tres vacantes, pretendían que eso fuera suficiente para forzar la salida de Sánchez. El secretario general resistió, aferrado a su negativa a Rajoy y a su invocación a la militancia. Pero el sábado no pudo más.

“El PSOE no puede arriesgarse a ir a elecciones. El grupo parlamentario está dividido y hay suficientes diputados que defienden que haya gobierno y no elecciones”, afirma Casimiro García-Abadillo, director de elindependiente.com, que ve más cerca que nunca que se eviten unas tercera elecciones. “Ni el mejor estratega del PP o de Podemos habría podido concebir un despropósito de estas características”.

La herida en el PSOE es profunda y no parece fácil encontrar cómo detener la sangría. Los socialistas tuvieron el peor de sus resultados en las elecciones del 26 de junio con un 85 diputados, pero Sánchez logró salvarse debido a que se evitó que Unidos Podemos les superara en escaños. En las recientes elecciones regionales, los socialistas salieron mal parados, especialmente en el País Vasco, donde fueron la cuarta fuerza política. En Galicia el PP ganó la mayoría absoluta y el PSOE evitó se sobrepasado en escaños por Podemos pero eso le supo a poco.

“El daño para la marca PSOE es enorme. Un auténtico desastre. Es el hundimiento. Hay dos PSOE. ¿Quién va a querer negociar con el PSOE así?”, afirmaba Matthew Bennett, director de The Spain Report. quien se preguntaba si no sería mejor para Rajoy ir a terceras elecciones, ya que el PP saldría claramente beneficiado de la debacle socialista y obtendría un claro avance en escaños.

Podemos, mientras tanto, será el refugio de los votantes decepcionados con los socialistas después del espectáculo de los últimos días y de su previsible apoyo vía abstención a un nuevo gobierno de Rajoy.


Uno de los delegados presentes en Ferraz, el eurodiputado Javi López, afirmaba la víspera que era “increíble que el partido se estuviera ocupando de debates estatutarios en lugar de plantearse los desafíos del siglo XXI y problemas concretos del caso español como es la pérdida de votos en Cataluña, Levante y el norte, entre los menores de 45 años, y la clase media urbana”.

Según Álvaro Imbernón, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nebrija, “el PSOE corre el riesgo de dejar de ser un actor relevante en zonas muy amplias de España, como ya ocurre en Cataluña. El PSOE se juega su papel como partido de mayorías”.

Desde el 2011 el PSOE ha perdido cinco millones de votos. Tenía 190,000 militantes. Su nivel de apoyo electoral es ahora de un 22%, mientras que en los años 80 era de un 48%. El fantasma de la “pasokización”, ese hundimiento hasta el 4% de los votos que sufrieron los socialistas griegos en el 2015, se paseó el sábado por Ferraz.

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