Moscú, con un teclado se propuso dominar el mundo, y los medios de prensa no escaparon
Conforme se asienta el polvo de la interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos, los periodistas confrontan un aspecto que ha sido objeto de menor escrutinio que el ciberpirateo, pero que plantea sus propias interrogantes espinosas: la capacidad de Moscú para dirigir la cobertura mediática occidental con el hecho de repartir documentos ciberpirateados.
Los reporteros siempre han dependido de las fuentes que proporcionan información crítica por razones egoístas. El deber, delicado pero conocido, es dar a conocer información que sirve al interés público, sin ser presa del interés particular de la fuente.
Sin embargo, en este caso, la fuente era el GRU, el servicio de inteligencia militar de Rusia –que estaba operando por medio de frentes tenebrosos que trabajaron para cubrir ese hecho– y sus motivaciones secretas eran debilitar las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
Al dar a conocer los documentos que mancharían a Hillary Clinton y otros personajes políticos estadounidenses, pero cuyo valor noticioso obligaba a cubrirlos, Moscú explotó la apertura que es la base de una libertad de prensa. Sus tácticas han evolucionado con cada operación, algunas de las que todavía están en curso.
Thomas Rid, un profesor de estudios en seguridad en el King’s College de Londres, quien hace el seguimiento de la campaña rusa de influencia, dijo que va muchísimo más allá del ciberpirateo: “Es ingeniería política, ingeniería social, en el nivel estratégico”.
Un nuevo arte oscuro
Desde hace mucho que las grandes potencias se han entrometido en los asuntos unas de las otras. Sin embargo, Rusia, durante todo el 2016, desarrolló un táctica nunca antes vista: estableció frentes para sembrar en la prensa documentos que había obtenido con el ciberpirateo.
“Hacer trabajo de relaciones públicas para poder sacar material ciberpirateado como una historia exclusiva en (sitios como) el Daily Caller, Gawker o Smoking Gun; eso es nuevo”, dijo Rid.
Inicialmente, ese trabajo de relaciones públicas lo hicieron dos presencias en la web que aparecieron este verano, Guccifer 2.0 y DCLeaks, cada una de las cuales se hizo pasar por ciberpiratas activistas según el ejemplo de Julian Assange, el jefe de WikiLeaks. Aun cuando ninguno lo reconoció y los vínculos no se conocieron de inmediato, los expertos en seguridad en línea concluyeron posteriormente que ambas eran frentes rusos.
[Campaña rusa de influencia] Es ingeniería política, ingeniería social, en el nivel estratégico
Thomas Rid
profesor del King’s College de LondresGuccifer 2.0 dijo ser un “combatiente” rumano que había ciberpirateado al Comité Nacional Demócrata. Por medio del servicio de mensajes privados de Twitter, la cuenta llevó a cabo intercambios durante una semana con periodistas a los que dirigía ciertos documentos que habían pirateado del CND y otros blancos.
“Quienquiera que esté haciendo esto, entiende a los medios. Entiende la forma en la que funcionan los medios y cómo manipularlos”, notó Sheera Frenkel, un reportero de BuzzFeed News, quien interactuó con los frentes en el verano.
DCLeaks, la que se creó por separado con su propio conjunto de documentos pirateados, dijo que “lo lanzaron ciberactivistas estadounidenses que respetan y aprecian la libertad de expresión”.
Los frentes convencieron de su acto con mensajes salpicados de modismos y emoticones. Cuando Frenkel le preguntó a Guccifer si daría a conocer más documentos del CND, la respuesta que dio fue: “Clarín, cariño”.
Los periodistas que interactuaron en las cuentas dicen que el tono y la facilidad en el uso del inglés variaban enormemente, lo que indica que eran múltiples usuarios los que manejaban cada una de ellas.
Un reportero de Motherboard, un sitio sobre tecnología, interrogó a Guccifer sobre aspectos tecnológicos del ciberpirateo y sobre rumano rudimentario. Guccifer falló en ambas cosas, lo que da credibilidad a las teorías de que se trataba de un frente.
Esas sospechas se restringieron, inicialmente, a los expertos en seguridad, fueron saliendo poco a poco solo hasta que firmas como ThreatConnect pudieron desenmascarar a los frentes en informes detallados.
En julio, por ejemplo, DCLeaks publicó correos electrónicos que pertenecían al general de la Fuerza Aérea, Philip Breedlove. The Intercept, un sitio de inclinación izquierdista, cubrió los correos electrónicos en un artículo en el que describía que Breedlove estaba tratando de fomentar hostilidades en contra de Rusia. En él no se señalaban los vínculos rusos con el ciberpirateo. Su principal autor, Lee Fang, dijo que había interactuado con DCLeaks y señaló que, en ese momento, no se habían divulgado ampliamente los presuntos vínculos rusos del grupo.
“Casi más que una agencia de relaciones públicas”
A algunos reporteros se les ofrecieron documentos en forma exclusiva, una táctica familiar en las oficinas gubernamentales de prensa y en las agencias de relaciones públicas que quieren moldear la cobertura.
En septiembre, DCLeaks contactó a Peter Hasson, un reportero del Daily Caller, un sitio de inclinación derechista, para plantearle un ofrecimiento: acceso, protegido con contraseña, a los correos electrónicos ciberpirateados que pertenecían a Colin Powell, quien fuera secretario de Estado.
El artículo del Daily Caller tampoco hizo notar la creencia, cada vez mayor, de que Rusia había ciberpirateado los documentos y los había filtrado como parte de una operación para influir. Hasson dijo que no sabía de los supuestos vínculos rusos en ese momento.
Después de que aumentó el conocimiento, las organizaciones frontales dejaron de fingir. El grupo más reciente se hizo llamar Equipo de Ciberpiratas Oso Elegante; una clara e impresionante referencia al nombre que algunos organismos occidentales de seguridad usan para referirse a los ciberpiratas del GRU.
Tom Cheshire, un reportero de la red británica Sky News, quien ha tratado con Osos Elegantes, dijo que se comportaron “casi en forma más parecida a una agencia de relaciones públicas, realmente” y nosotros “estuvimos en actitud muy empresarial”, repartiendo primicias y tratando de darle forma a la cobertura.
“Es el tipo de regateo que haces con todo tipo de fuentes, de verdad”, comentó Cheshire, dando en el calvo del impacto de la operación: la forma en la que jugó dentro de los límites establecidos por las normas periodísticas.
Cualquier filtración, de cualquier fuente –un agente ruso o un ciudadanos informante–, plantea un conjunto similar de dilemas a los reporteros.
¿Se debe enfatizar el ciberpirateo en sí mismo en la cobertura, a sabiendas de que ello va a socavar las motivaciones secretas de la fuente, pero que también podría ser un perjuicio para los lectores por centrarse menos en información relevante cuando se publique?
¿Se retienen documentos relevantes, aunque solo sea temporalmente, para checar su veracidad y procedencia? ¿Qué pasa si otras agencias de noticias los reportaron porque se los mostraron primero? ¿Si resulta que sí los ciberpiratearon como parte de una operación extranjera hostil, ello hace que el contenido tenga menos importancia informativa?
Se trata de viejas preguntas de los periodistas, pero que han adoptado nueva importancia debido a la escala del ciberpirateo y los objetivos de Rusia.
Motivos enmascarados
Si bien el cálculo del reporteo sobre las filtraciones motivadas por intereses ocultos puede ser conocido, sobresale un aspecto de la operación rusa: los esfuerzos que hicieron los frentes para ocultar sus identidades y motivos.
Debido a que internet da a cualquiera agencia el potencial para llegar a millones de personas, todo lo que se requiere es una filtración bien colocada para hacer que un documento vuele por toda la red.
El año pasado, ciberpiratas vinculados a Rusia infiltraron el departamento estadounidense contra el dopaje, y lo más probable es que se haya sido en represalia por las acusaciones del dopaje, alentado por el Estado, de los atletas olímpicos rusos. Sin embargo, los Osos Elegantes batallaron para colocar los documentos robados en las agencias estadounidenses y británicas de noticias.
Una sociedad abierta es, por elección, más vulnerable que una cerrada, a cierta forma de operación de influencia
Thomas Rid
profesor del King’s College de LondresLos reporteros que vieron los expedientes dijeron que su valor noticioso no pesaba más que el riesgo de servir a los intereses rusos. Cuando los Osos Elegantes le ofrecieron los archivos a Prensa Asociada, los reporteros publicaron, en su lugar, un artículo sobre el propio grupo vinculado a los rusos.
Al final, los Osos Elegantes convencieron a los periodistas de deportes en Spiegel, una importante agencia de noticias alemana, para que informara, en correos electrónicos que parecieran mostrar que los atletas estadounidenses solicitaban excepciones médicas para ingerir fármacos restringidos. En el artículo se notaba un posible vínculo ruso, pero solo en las líneas finales, junto a una cita de un funcionario estadounidense en la que argüía que la filtración tenía el propósito de distraer del dopaje alentado por el Estado.
Si las agencias de noticias de la corriente dominante pasan un ciberpirateo, los frentes vinculados al gobierno siempre pueden pasar los documentos a agencias periféricas que les darán menor peso, pero que, con todo, pueden enviarlos a todos los medios sociales.
Ha sido frecuente que eso incluya al sitio web InfoWars, al que fundó Alex Jones, de derecha, presentador de radio, donde a menudo se publican teorías de la conspiración.
Guccifer 2.0 se acercó a Miakel Thalen, un escritor de InfoWars, con documentos del CND en los que se mostraban los planes demócratas para atacar a Paul Manafort, un coordinador de la campaña de Donald Trump que había trabajado en nombre del ahora depuesto presidente ucraniano Viktor Yanukovich, un aliado del Kremlin.
Thalen había llegado a creer, tras muchas interacciones con organismos frontales, que “ellos se acercarían con base en quién transmitiría la historia en la forma en la que ellos querían”.
Temía que Moscú estuviera esperando que InfoWars, al publicar los archivos, enturbiara las aguas en torno a las acusaciones en contra de Yanukovich, con lo que ayudaría, indirectamente, a la campaña de Trump que estaba agitando entonces. Rompió con la usual dependencia de InfoWars en ese tipo de archivos y declinó publicar los documentos.
Desarrollar anticuerpos
Debido a que todos tienen secretos, aun si solo se trata de unos cuantos correos electrónicos embarazosos, y porque ninguna red es impenetrable, los ciberpiratas capacitados pueden escarbar material comprometedor sobre prácticamente cualquier blanco.
Las democracias, que privilegian la política competitiva y los medios libres, son particularmente susceptibles.
“Una sociedad abierta es, por elección, más vulnerable que una cerrada, a cierta forma de operación de influencia”, notó Rid. “Esa es la razón por la que somos fuertes, pero también por la que somos débiles”.
Entre mas entiendan los periodistas y los lectores las motivaciones que tiene los gobierno extranjeros para filtrar documentos, arguyó, mejor podrán poner en contexto esas filtraciones, debilitando los fines ocultos de los ciberpiratas, sin ocultar información de interés. Comparó esto con un organismo saludable que está desarrollando anticuerpos en contra de una enfermedad – las operaciones extranjeras para influir – contra las que no es posible tener una inmunidad absoluta, mientras se mantiene una apertura democrática.
Con todo, algunas tendencias mediáticas –la polarización, las noticias falsas, la naturaleza de los medios sociales, impulsados por las multitudes– cortan contra esas esperanzas.
“Estas elecciones polarizadas se presentaron como un blanco de oportunidad de primer orden”, notó Rid.
Es posible que, en ocasiones, los reporteros se vean obstaculizados por una falta de transparencia de las agencias mediáticas, que es frecuente que sean altamente competitivas, y aprecien la velocidad y las primicias. Esto ha hecho que los reporteros sean vulnerables porque no es fácil que extraigan lecciones sobre la detección de operaciones extranjeras o, por decir, se adviertan unos a los otros que un cierto frente está exagerando la relevancia de su filtración más reciente.
“Entre más luz brille sobre esto, más información se tiene cuando se trata con una fuente, y se tomarán mejores decisiones”, dijo Cheshire.
Thalen, el reportero de InfoWars, dijo que son cada vez más las filtraciones que está rechazando que sabe que su público leería con avidez y recompensaría con aclamaciones, pero que ha considerado exageradas para hacer avanzar los intereses rusos. No obstante, no estaba seguro de que marcara gran diferencia.
“Muchas personas han cambiado su forma de informar por sus prejuicios y yo no quería hacer eso”, explicó. “La gente está creyendo lo que quiere que sea verdad”.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2017, 6:47 p. m. with the headline "Moscú, con un teclado se propuso dominar el mundo, y los medios de prensa no escaparon."