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La doble pena de las víctimas tras los atentados de Bruselas

Foto de archivo del 22 de marzo de 2016 muestra a una mujer herida y otra hablando en su teléfono después de explosiones en el aeropuerto de Bruselas.
Foto de archivo del 22 de marzo de 2016 muestra a una mujer herida y otra hablando en su teléfono después de explosiones en el aeropuerto de Bruselas. AFP/Getty Images

Philippe Vansteenkiste, que perdió a su hermana el 22 de marzo de 2016 en el ataque contra el aeropuerto de Bruselas, se considera una víctima “doble”, pues al dolor de perder a un ser querido se suma el calvario de hacer que se reconozcan sus derechos ante la justicia.

Los atentados suicida ocurridos en la estación de metro de Maalbeek de Bruselas y el aeropuerto de esa ciudad, cometidos por la célula del grupo yihadista Estado Islámico (EI) que había atacado París cuatro meses antes, dejaron 32 muertos y más de 320 heridos. Sin contar a los centenares de familiares a quienes se les arrancó parte de su vida.

Después del 22 de marzo, Vansteenkiste fundó una asociación, V-Europe, para ayudar a las víctimas y a sus familias a abrirse camino en los laberintos burocráticos a la hora de efectuar sus demandas y alzar públicamente su voz.

“De verdad, a veces teníamos la impresión de que prácticamente había que ponerse de rodillas para conseguir una compensación mínima y así poder continuar”, explica a la AFP, mencionando la “angustia” de las personas afectadas.

Olivier Vermylen, médico de 47 años, fue uno de los primeros en entrar en la estación de Maelbeek y todavía hoy recuerda las miradas aturdidas de los heridos.

“Esos desdichados ya no están con nosotros. Les damos órdenes. Algunos todavía pueden caminar… pero están en otro mundo”, cuenta, de vuelta a los andenes de Maelbeek. La estación reabrió un mes después de que Khalid El Bakraoui se inmolara en un metro repleto de gente.

Lo que más le chocó en aquel momento, mientras los servicios de socorro se afanaban en la superficie, fue “el silencio” y la casi ausencia de luz en las profundidades de la estación, a dos pasos de la sede de la Comisión Europea. “Luego, los olores del polvo y de las explosiones”, cuenta, admitiendo que nada puede prepararle a uno ante tales “escenas de guerra”.

“Nos vemos sacudidos en lo más profundo de nosotros, en nuestra relación con el mundo. Hace falta un ambiente de seguridad, si no, nos aislamos y cuanto más tiempo pasa, más difícil es salir”, confía Kristin Verellen, cuyo compañero Johan murió en Maelbeek.

Verellen ha organizado una exposición con las fotos de Johan, que soñaba con ser fotógrafo y ha puesto en marcha una asociación, “The Circles - We have a choice”, que organiza tertulias para los afectados. Un acto necesario para luchar contra la “fragmentación” y la “polarización” de la sociedad y una manera de luchar contra el terrorismo, explica.

En el jardín de su casa de Tervuren, en las afueras de Bruselas, Nicolas de Lavalette, un francoestadounidense de 56 años, lamenta la pesadez del sistema administrativo belga.

Miembro de V-Europe, este profesor de inglés pelea por su hija Béatrice, de 18 años, que resultó gravemente herida en el vestíbulo de salidas del aeropuerto.

“Me gustaría que hubiera en Bélgica una estructura que se encargue de las víctimas, de principio a fin. No existen organizaciones globales para gestionar algo de esta amplitud”, se queja este padre de tres hijos, preocupado por cómo avanzará el caso de Béatrice cuando la familia haya vuelto a Estados Unidos.

“Entendimos que todavía había cosas que podíamos mejorar” para las víctimas, admitió en una entrevista con la AFP el ministro de Interior, Jan Jambon, asegurando que las autoridades estaban actuando al respecto.

Frente a las críticas, el gobierno belga prometió en febrero otorgar un “estatus de solidaridad nacional” a las víctimas de actos de terrorismo, garantizándoles, principalmente, una ayuda financiera vitalicia.

Pero la ley que se está elaborando no satisface a las asociaciones, ya que solo cubre a las personas que residían en Bélgica en el momento de los atentados.

El viernes, la federación belga de las compañías aseguradoras Assuralia prometió que aceleraría el tratamiento de los 1.361 casos abiertos después del 22 de marzo, así como la “duplicación” de las indemnizaciones por “daños morales” para las personas gravemente heridas y para los que tengan los derechos de las víctimas fallecidas.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de marzo de 2017, 5:47 a. m. with the headline "La doble pena de las víctimas tras los atentados de Bruselas."

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