Activista de origen cubano entre los rostros jóvenes de la nueva derecha española
Jóvenes, inteligentes, exitosos y de derecha. El matrimonio formado por Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros, fundadores del partido VOX en España, son la ilustración perfecta de la rebelión hacia la derecha que sacude Europa.
Monasterio, nacida en Cuba, no se muerde la lengua. Un video con una intervención suya en HispanTV, un canal financiado por Irán, se hizo viral por su demoledora crítica a Fidel Castro y su legado.
“En mi casa aprendí desde muy pequeña la importancia del concepto de la libertad. Hablaban de ‘¿quién nos iba a decir a nosotros que vamos a perder todo, que Cuba con lo próspera que era iba hacer este viraje tan brutal?’”, dijo Monasterio, quien no dudó en calificar de “traición a los cubanos” las gestiones del gobierno de Mariano Rajoy para mejorar las relaciones con el gobierno de Raúl Castro, en búsqueda de una mayor presencia económica en la isla.
Pero esto es solamente el comienzo. Durante una entrevista con el Nuevo Herald, la pareja de políticos —ella, presidenta de VOX en Madrid, y él, portavoz y número dos del Partido— propuso una España sin autonomías y una Europa unida basada en los valores judeocristianos, un sistema de libre mercado con la libertad del individuo y la igualdad de oportunidades como pilares, y un modelo de familia “numerosa”. Esta Europa, aseguran, está hoy “amenazada” por la propagación del islam.
“La mayor amenaza para la civilización occidental es el islamismo radical”, afirmó Espinosa. “El islam no es sólo una religión, también es un código civil, de conducta, un código regulatorio de las relaciones entre hombre y mujer, y muchas de esas características son absolutamente incompatibles con la civilización occidental”. La amenaza del islam, continúa, radica en que hombres y mujeres no tienen los mismos derechos y “a los homosexuales se les puede colgar por el hecho de serlo”, todo esto mientras “desciende de manera alarmante la población nativa”.
Monasterio, de 42 años, y Espinosa, de 45, no son una anomalía dentro de la nueva derecha europea. Rostros relativamente jóvenes en la política lideran partidos de la nueva derecha europea, como Alternativa para Alemania, el Partido de la Libertad de Austria y el Partido por la Libertad de Holanda. En Francia, Marine Le Pen sucedió a su padre (Jean-Marie) en el liderazgo del Frente Nacional.
“Todos esos partidos tienen matices diferentes”, sostiene Espinosa. “Lo que tienen en común es un hartazgo ante esas políticas comunes en Europa que se olvidan de proteger a la clase media y compensar la erosión que han sufrido desde el punto de vista socioecómico, y que se preocupan por privilegiar a unas minorías que algunas veces nada tienen que ver con la civilización en la que vivimos”, agrega.
“Mientras la dirección de los partidos de derecha era claramente antisemita, abierta y crudamente racista, y abogaba por la violencia, su éxito electoral fue limitado”, explica Thomas Greven, profesor de la Universidad Libre de Berlín, quien ha estudiado los movimientos de extrema derecha en Europa y Estados Unidos. Pero ahora la derecha tiene una nueva cara, “líderes más modernos y elocuentes” que han “capitalizado con temas como la inmigración y el terrorismo”. Ellos prometen protección contra la globalización y “el regreso al dominio cultural de las mayorías étnicas” de sus países.
“El público, sin embargo, parece ser más tolerante de las crudas declaraciones antimusulmanas”, señala.
El Brexit en Gran Bretaña y la elección de Donald Trump en Estados Unidos fueron eventos sísmicos que demostraron el descontento y el disimulado avance de la extrema derecha que sorprendió a tantos. Tras la elección de Trump, luego de una de las campañas más agresivas en la historia estadounidense, los demócratas primero culparon a los republicanos de la polarización política y luego se hicieron un mea culpa. Expertos creen que ambos son responsables del avance de la extrema derecha en el mundo.
“Durante décadas, las élites políticas y empresariales han dejado sin regular socialmente a la globalización neoliberal [y otros procesos económicos y tecnológicos], en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría”, señala Greven. Los partidos de centro e izquierda no lograron amortiguar las consecuencias, al tiempo que se redujeron los beneficios ofrecidos por el llamado Estado de Bienestar. Mientras tanto, observa el profesor, muchos partidos conservadores se corrieron hacia el centro para sobrevivir en un clima social de valores liberales hegemónicos, lo que dejó a parte de su base tradicional “políticamente perdida”.
Vox, fundado a principios del 2014, encaja perfectamente en este guión.
Sus directivos denuncian que están vetados en los medios españoles, no sólo por sus ideas abrasivas —e impopulares, según sus resultados electorales— sino también por su crítica al Partido Popular y la derecha tradicional. VOX quiere llenar el vacío dejado por un partido “desideologizado” —el PP— que fue dejando por el camino sus convicciones para convertirse en un “administrador económico”.
“Como vemos que hay un grupo silenciado que no tiene representación porque algunos partidos han abandonado lo que defendían y todos se han movido hacia las posiciones de la izquierda radical... al final queda un gran hueco en la derecha española”, explica Monasterio, aunque asegura que “defender a la familia, a la clase media, no es de derechas ni de izquierdas. Defender que España debe permanecer unida es algo que defendemos muchos españoles”. Espinosa cree que las autonomías, un álgido tema doméstico, sólo agregan costos y burocracia.
Ambos también dicen estar hartos de la “superioridad” y las “lecciones morales” de la izquierda, y alertan sobre el peligro que constituye el partido populista de izquierda de Pablo Iglesias, Podemos, porque España “es un sitio de ensayo de la izquierda radical”. El movimiento Occupy Wall Street fue una copia del movimiento 15 M, sugiere Espinosa, quien opina que el avance de Podemos es culpa del Partido Popular de Rajoy.
“Vox nace para que no vuelvan a suceder cosas como las de Podemos, que aunque parezca increíble, es un partido promovido por el Partido Popular”, propone Espinosa, porque el PP se ha ido “desnaturalizando” y “quitándose capas de ideología”, lo que ha generado “falta de convicción” entre sus electores. Según esta lógica, el estímulo para movilizar a sus electores a las urnas “es el miedo, y el miedo se alienta a base de dar horas de televisión y portadas en los periódicos a un grupo radical, peligroso, amenazante para la estabilidad del país”.
Parte de la retórica recuerda a la campaña nacionalista que llevó a Trump a la Casa Blanca. En Twitter, la cuenta oficial de VOX tiene un lema sospechosamente similar al del presidente estadounidense: “Hacer España grande otra vez”.Y si Trump pintó un cuadro lúgubre sobre Estados Unidos durante su discurso de toma de posesión, Monasterio habla de una “crisis moral” en Europa porque esta se ha entregado “al mundialismo” y “la ideología de género”.
“Europa hoy, como España, piensa que ha salido de una crisis económica y no se ha dado cuenta que está en una gran crisis moral. Y la gran sacudida que va a haber este año Europa y que estamos viendo —viene un gran cambio— es precisamente por esa crisis moral”.
Pero es posible que el “gran cambio” en Europa no esté al doblar la esquina. Estos partidos han ido ganando espacio en sus países, pero la derrota electoral de Geerts Wilders en Holanda —el líder del partido antimusulmán Para la Libertad apenas avanzó cinco escaños en el Parlamento y perdió en las presidenciales frente un candidato más moderado— parece indicar que algunos países europeos le temen, por ahora, al terremoto de la extrema derecha, sobre todo, viéndose en el espejo de Estados Unidos.
El riesgo de estos movimientos de extrema derecha es, por supuesto, alienar a muchos que, incluso dentro de la derecha tradicional, se sienten incómodos con algunas de estas ideas o, al menos, con decirlas públicamente. En sus pininos electorales, el resultado de VOX fue pobre, lo que algunos observadores han achacado también a la reciente memoria del franquismo y el claro beneficio económico que trajo la Unión Europea a España, lo que la convierte en un terreno diferente para el desarrollo de ideas que críticos califican de racistas o fascistas. En las elecciones generales del 2016, VOX solo logró el 0.2 por ciento de los votos. (En comparación, a Ciudadanos, un partido de centro liderado por otra figura joven, Albert Rivera, le fue mucho mejor, con el 13 por ciento de los votos y 32 escaños asegurados en el Parlamento).
VOX solamente tiene 3,800 militantes, pero no temen ser considerados un partido periférico, o que los cataloguen de derecha alternativa.
“Nosotros sabemos que a veces tenemos ideas que hoy no son populares o que a la gente le chocan, pero si de verdad creemos que son buenas, tenemos el deber de contarlas. No estamos haciendo un cálculo electoral”, dijo Monasterio, reprochando a partidos como Ciudadanos estar en una zona gris y moverse “según convenga”.
“Nuestra batalla es defender ideas y valores más allá de si los resultados nos acompañan. Estamos convencidos que los resultados llegarán”, dijo Espinosa.
Mientras tanto llega ese día, el matrimonio tiene un plan B. Espinosa es empresario y Monasterio arquitecta. “La gran diferencia con otros partidos es que aquí todo el mundo tiene una segunda vida, todo el mundo se dedica a algo aparte de la política”, añadió.
Nora Gámez Torres: @ngameztorres
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de abril de 2017, 3:36 p. m. with the headline "Activista de origen cubano entre los rostros jóvenes de la nueva derecha española."