Islas Vírgenes de EEUU quedaron devastadas y no han recibido asistencia
Cuando el huracán Irma se encimaba sobre el Caribe la semana pasada, Laurel Brannick, una guardaparques en la lejana St. John Island, se dedicó a mirar los partes en la televisión para determinar cómo la afectaría la tormenta.
Tal parecía que las Islas Vírgenes de Estados Unidos no existían.
“Los partes del tiempo no nos incluían”, dijo. “Lo único que decían era que Irma estaba en el Caribe y se dirigía a la Florida”.
Ahora, después que la mortal tormenta arrasó en el Caribe y golpeó el sur de la Florida —con un saldo de por lo menos 11 muertos y miles de millones de dólares en daños— los habitantes de estas islas lejanas se preocupan de que siguen siendo invisibles ante los daños sufridos en el territorio continental.
Los daños de Irma en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, donde viven unas 100,000 personas, son extensos pero difíciles de calcular días después que el huracán cortó la mayor parte de las comunicaciones. Pero parte de la devastación queda a la vista de inmediato: casas y hoteles arrancados de los cimientos. En St. Thomas y St. John, otrora islas y parques nacionales que eran vergeles, apenas queda vegetación en pie y se ven pedazos de vehículos y embarcaciones colgando de líneas eléctricas muertas.
El hospital principal de St. John perdió parte del techo y la mayoría de las habitaciones de recuperación son ahora albergues para enfermeras muertas de cansancio de tanto trabajar y que han perdido sus viviendas.
La FEMA y otras agencias federales han hecho un gran esfuerzo por evacuar a miles de turistas atrapados y llevar suministros a las islas. La división de San Juan del FBI ofrecía servicios de seguridad en los puertos en St. John y St. Thomas. Pero la falta de comunicación con el mundo exterior ha convertido cada comunidad en un eco aislado que refuerza la idea de que tienen que arreglárselas solos. Reportes y rumores de saqueos, incendios intencionales y pandillas de hombres armados que asaltan a los turistas sólo ha hecho subir de nivel de la tensión.
Después de pasar el día descargando donaciones que llegaban poco a poco a St. John, muchas veces en embarcaciones privadas desde las cercanas islas de Puerto Rico y St. Croix —otra isla estadounidense que salió mejor parada de la tormenta— a Matt Gyuraki, de 35 años y especialista en informática, le preocupaba que no hubiera un esfuerzo más coordinado de las autoridades federales estadounidenses en las islas.
“Parece que somos el hijo bastardo de Estados Unidos y nadie nos quiere ayudar”, dijo. “Estados Unidos nos quiso en su momento, pero ya no”.
El gobierno federal estadounidense y Puerto Rico han liderado los esfuerzos de evacuación y recuperación, pero la coordinación ha sido caótica. Mientras las autoridades batallaban en St. John esta semana para evacuar a los damnificados en embarcaciones privadas, la policía impuso un toque de queda de 18 horas —de las 6 de la tarde al mediodía— que amenazaba con afectar las operaciones.
Steve Boswell, de 34 años, perdió sus dos restaurantes, su negocio negocio de flete de embarcaciones y su tienda de armas en St. Thomas. Cuando el huracán golpeó la zona a últimas horas del martes y primeras horas del miércoles, provocó docenas de tornados que destrozaron casas a su paso. Afortunadamente, la casa de Boswell quedó relativamente intacta.
Pero cuando el pillaje arrasó las isla y Boswell se quedó sin combustible para su generador, dijo que trató de fletar un helicóptero, embarcación o avión para salir de la isla.
Finalmente, el domingo encontró un yate priado que lo llevara con sus dos perros a Puerto Rico, donde esperaba tomar un vuelo con destino a Texas. Pero le preocupaba que no hubiera una operación de evacuación y rescate a gran escala en las islas.
“Esto se está poniendo muy peligroso”, dijo de las islas. “Y nadie está pensando en nosotros. Es como si se olvidaran que también somos estadounidenses”.
Estados Unidos le compró las islas a Holanda en 1927 por $25 millones en medio de la Primera Guerra Mundial, cuando hubo temores de que Alemania podía tomar el control para usar las islas como base naval.
Las islas son un territorio no incorporado que tiene un representante sin derecho a voto en la Cámara de Representantes federal y está ubicado unas 40 millas al este de Puerto Rico. Las islas están más cerca de Caracas y Colombia que de Miami.
Eso la llevado a que los habitantes de “Love City” y “Rock City”, como conocen localmente St. John y St. Thomas, a enorgullecerse de tener su propia idiosincrasia y a no depender de nadie.
Pero tragedias como Irma muestran lo vulnerables que son. Mientras la gente esperaba este semana que llegara la asistencia y los alimentos, se las arreglaron por su cuenta. Dos de los restaurantes que quedaron en pie en St. John alimentaban a cientos de personas sin cobrar un centavo.
En el 420 to Center, un a bar siempre lleno de turistas, Ryan Sharkey convirtió el establecimiento al aire libre en una combinación de cocina popular, albergue para desamparados y punto de primeros auxilios. Él mismo necesitaba de todo, tras perder su casa en la tormenta.
A pesar de las dificultades, las Islas Vírgenes de Estados Unidos han salido mejor paradas que algunas de sus vecinas. El martes, el Comando Sur de Estados Unidos informó que tenía 300 soldados destacados en Honduras listos para prestar ayuda humanitaria a San Martín —la isla compartida por Holanda y Francia que está 200 millas al este de Puerto Rico— que también quedó devastada por la tormenta y se ha informado que tiene una gran necesidad de alimentos.
Y el emprendedor Sir Richard Branson está pidiendo que Puerto Rico preste asistencia a las Islas Vírgenes Británicas.
Pero el destino a largo plazo de los habitantes de St. John y St. Thomas depende cuándo y qué cantidad los turistas regresen a las islas.
Además de la reconstrucción de hoteles y restaurantes, la mayor atracción de las islas —las colinas llenas de vegetación y las aguas llenas de corales— demorarán un tiempo en recuperarse. Eso pudiera ser meses, incluso un año, dijo Brannick, la guardaparques.
Brannick, que vive en St. John desde hace 25 años, batalla para explicar la gravedad de los daños sufridos por el parque. St. John ha quedado tan devastado y sin vegetación que los colibríes tienen demasiada hambre como para volar, dijo. La estructura más antigua de la isla, una casa holandesa de 1680 que había sobrevivido varias tormentas y era un museo del parque, quedó arrasada y se perdió la colección de artefactos precolombinos.
Ese espléndido aislamiento que hace dela isla algo tan único, es ahora uno de los mayores obstáculos a la recuperación.
“Somos una comunidad pequeña que ha quedado destruida”, dijo Brannick. “Y no es que podamos ir manejando a Nueva Jersey a comprar cosas. Somos una isla”.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de septiembre de 2017, 2:25 p. m. with the headline "Islas Vírgenes de EEUU quedaron devastadas y no han recibido asistencia."