La nostalgia por el comunismo: ¿una terapia efectiva para aliviar el Alzheimer?
En una reciente mañana de invierno, Gertraude Bauer y Gerda Noack fueron de compras a la Alemania Oriental comunista.
“Aquí tenemos una lonchera”, dijo Carmen Mesech, quien aparentaba ser una asistente de ventas en la tienda Intershop, un exclusivo establecimiento de la era comunista, donde las mujeres examinaban mercadería.
“Eso era tan popular”, respondió Bauer con una sonrisa.
“Y el pan siempre estaba fresco”, agregó Noack, mirando a lo lejos.
Los dos mujeres de 93 años pasaron la mayor parte de su vida en la antigua República Democrática Alemana (RDA). Ahora, décadas después, la extinta era comunista reapareció, al menos para ellas. La tienda Intershop que estaban explorando era, por supuesto, una reproducción, y la canción que se tocaba de fondo, Old Like a Tree, hace muchos años que no se escuchaba en la radio.
Entonces se abrió una puerta y entró una enfermera. Era la hora de la siesta diaria para las dos pacientes de Alzheimer. Así, al menos por ahora, terminaba su salida de compras al pasado.
Bauer y Noack, quienes viven en un hogar de ancianos en esta ciudad del este de Alemania, sufren desde años del mal de Alzheimer, una enfermedad degenerativa que roba a los pacientes su capacidad de recordar. Por unos pocos minutos, sin embargo, dan la impresión de haber recuperado el control de sus recuerdos. Para ellas, la vida en la antigua Alemania comunista, un país que se fusionó con Alemania Occidental después de la caída del Muro de Berlín en 1989, es más vívida que las experiencias que pudieron haber tenido hace solo unos minutos.
“A menudo, las personas con demencia tienen una buena memoria a largo plazo, mientras que su memoria a corto plazo no les funciona. Es posible que no recuerden mucho a sus familiares, pero pueden recordar muy bien ciertos detalles de hace décadas”, dijo Ursula Beer, una voluntaria en el hogar de ancianos.
El hogar de ancianos Alexa, donde viven Noack y Bauer, está tratando de desencadenar esos recuerdos mediante la recreación de escenarios de la era comunista como una forma de terapia. Mientras otros hogares de ancianos también están tratando de ayudar a sus pacieentes a recordar detalles de sus vidas, lo que está sucediendo aquí podría ser el único esfuerzo concertado de recrear toda una era histórica para sus pacientes.
“Al principio no teníamos idea de cómo podíamos devolver algo de vitalidad a [los pacientes]”, dijo Gunter Wolfram, de 49 años y director del hogar de ancianos. “Los que tienen demencia muchas veces enfrentan el desafío de no poder estructurar sus propias vidas y no saben qué hacer con ellos mismos”.
Una terapia común es mostrar a los pacientes las viejas herramientas de su oficio, por ejemplo, darle peines a un antiguo peluquero, para reactivarle los recuerdos. Pero ese enfoque parece funcionar sólo si al paciente le gustaba mucho su trabajo. En la RDA, donde la elección de las profesiones estaba fuertemente regulada por el Estado, pocos estaban entusiasmados con sus empleos.
La respuesta fue mucho más sorprendente cuando, hace más de dos años, Wolfram compró una motoneta de los años 1960 de la RDA para decorar su hogar de ancianos. “Recordaron las características de la motoneta y nos contaron historias sobre cómo en el pasado habían ido de viaje con sus amigos”, dijo al referirse a los pacientes.
Luego compró otros artículos de uso común en Alemania Oriental durante la década de 1960, incluidos los radios antiguos, pasaportes, secadores de pelo, incluso anuncios de helados populares. Los mostró en una “sala del recuerdo” que también tenía un pequeño supermercado, una tradicional sala de estar y sillas cómodas.
Wolfram y su equipo de enfermeras pronto notaron cambios entre los pacientes que pasaron sus días en un entorno moldeado según la Alemania que una vez conocieron. Comenzaron a beber más agua y a comer más, y de repente podían ir al baño solos otra vez. “Pudieron hacer cosas que antes no hacían para nada”, dijo Wolfram.
Para que el experimento tuviera éxito, las enfermeras más jóvenes también tenían que aprender más sobre la RDA, para que fueran creíbles, como si estuvieran viviendo en una era que nunca habían experimentado. “Logré aprender mucho sobre Alemania Oriental de mis colegas mayores y, por supuesto, relacionándome con personas mayores aquí”, dijo Mesech, de 33 años, la enfermera que hacía las veces de empleada de Intershop ante Noack y Bauer.
Beer, que tiene 64 años y realmente recuerda ese período, ayuda a todos y les cuenta anécdotas sobre su primera visita al otro lado de la Cortina de Hierro. “Recuerdo la primera vez que me permitieron viajar a Alemania Occidental y vi kiwis allí. Pensé: ¿por qué tienen esas papas tan raras?”, recordó.
Algunas enfermeras también admitieron que se inspiraron en la película Good Bye, Lenin!, que cuenta la historia de una madre procomunista que sufre un infarto después que arrestan a su hijo por participar en una protesta contra el gobierno. Cuando finalmente se despierta del coma, el Muro de Berlín ya no existía y su amado país comunista colapsaba. Su familia decide recrear la RDA para ella y simular que nada había cambiado, por temor a que muriera si descubría la verdad.
Poco después de comenzar el experimento del hogar de ancianos, el equipo de Wolfram amplió la iniciativa. Se renovó una segunda habitación en función de la arquitectura y los elementos cotidianos comunes en los años 1970. En la entrada del hogar de ancianos, los visitantes ahora también son recibidos por una pintura que representa el Muro de Berlín, el símbolo más conocido del fracaso de la Alemania Oriental comunista como Estado y de su posterior desaparición.
Más de 100,000 alemanes orientales intentaron huir del país entre 1961, cuando se construyó el muro, y 1989, cuando cayó, para el desconcierto de muchos, en una revuelta casi pacífica. Al menos 270 personas murieron tratando de cruzar la frontera hacia Alemania Occidental. Los soldados de Alemania Oriental tenían instrucciones de disparar a cualquiera de sus compatriotas que tratara de escapar del sistema políticamente represivo y económicamente en bancarrota.
Sin embargo, muchos alemanes del lado oriental, nacidos en un país que ya no existe, todavía tienen recuerdos muy positivos de esa época. También recuerdan un país en el que las mujeres eran contrapartes iguales de sus compañeros de trabajo, recibían el mismo salario y tenían las mismas responsabilidades, y en las que el desempleo era bajo. “Además de las dificultades, también hubo recuerdos muy agradables, desde el primer amor, el primer ciclomotor y esas pequeñas libertades que tenías”, dijo Wolfram.
Él mismo sufrió la represión bajo el régimen comunista, después que su familia solicitó un permiso para abandonar la RDA legalmente. Su inquietud sobre las sugerencias de que podría estar glorificando a la RDA con temas de la década de los años 1960 tiene la respuesta a poca distancia: la gran habitación de al lado está preparada al estilo del cine de Hollywood e incluye una biblioteca con guías para viajes a lugares como Londres, Escocia y Grecia.
A la mayoría de los alemanes orientales se les prohibía ver películas de Hollywood, y viajar al lado occidental, hasta 1989, y esos lugares parecían muy lejanos para ellos. Ahora, en el asilo de ancianos, Hollywood y Alemania Oriental están separados por una delgada pared. El plan es que, en unos pocos años, también puedan recrear la década de 1980, cuando cayó el Muro.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de diciembre de 2017, 4:35 p. m. with the headline "La nostalgia por el comunismo: ¿una terapia efectiva para aliviar el Alzheimer?."