Cegada por su marido, lucha por la justicia (y aprueba exitosamente sus estudios de leyes)
Durante las vacaciones de verano de sus estudios de posgrado en Canadá, Rumana Monzur regresó a casa en Daca, la capital de Bangladés, para decirle a su esposo que quería el divorcio. Él reaccionó con un silencio de plomo.
Sin embargo, unas cuantas horas después, irrumpió en la habitación donde ella trabajaba en su tesis, cerró la puerta, la aventó sobre la cama y la acorraló ahí. Enterró sus dedos en los ojos de Monzur hasta dejarla ciega. También le quitó de una mordida la punta de la nariz, y le arrancó piel de las mejillas y el brazo derecho.
“No dejaré que seas de nadie más y no te dejaré estudiar”, recuerda que le decía mientras su aterrorizada hija de cinco años trataba de alejarlo del pecho de Monzur. “Me dijo en un susurro: ‘Quería matarte con ácido, pero para tu buena suerte, no pude encontrarlo’”.
Durante los días y las semanas que siguieron, Monzur soportó diversas cirugías y una campaña de difamación por parte de su esposo y la familia de este, quienes trataban de presentarla como la agresora en el ataque. Rehusándose a guardar silencio, Monzur exigía justicia desde su cama de hospital.
El salvaje ataque y su declarado desafío a la victimización femenina se convirtieron en titulares tanto en Bangladés como en Canadá, y generaron un apoyo público que impulsó al gobierno canadiense a permitir que Monzur se convirtiera en inmigrante, junto con su hija y sus padres, en 2011.
En Vancouver se ganó de nuevo la atención de los medios noticiosos cuando obtuvo la maestría de la Universidad de la Columbia Británica en 2013. En los meses anteriores, se graduó de la facultad de leyes de la universidad. Hoy en día estudia para el examen de la barra, mientras trabaja en DLA Piper, un importante bufete de abogados.
Mientras las revelaciones sobre los abusos de hombres poderosos han impactado a gran parte de Occidente, la historia de Monzur subraya los graves peligros enfrentados por las mujeres en el mundo en vías de desarrollo que se atreven a desafiar la autoridad masculina, y la fuerza requerida para defenderse.
Sentada en la sala de juntas de un bufete de abogados en el centro de Vancouver, con lentes de contacto color miel en los ojos para ocultar su ceguera, Monzur, de 39 años, relata cómo su pasión por los estudios la llevó a escapar de su matrimonio abusivo y reconstruir su vida en Canadá.
Monzur creció en una familia musulmana moderada, hija de un militar de Bangladés retirado que tenía cinco hermanas, todas con educación.
“Mi familia me enseñó a ser ambiciosa”, dijo. El matrimonio no era algo en lo que hubiera pensado mucho, dijo. Sin embargo, accedió a casarse con Hasan Syeed, el hijo de un amigo de su padre, mientras estudiaba Relaciones Internacionales en la Universidad de Daka.
El abuso comenzó en su noche de bodas en el año 2000, contó, cuando su esposo la cacheteó justo después de llegar a casa de los padres de él. Su ofensa había sido preguntar por qué él y su familia habían llegado tan tarde a la ceremonia.
En retrospectiva, dijo Monzur, debió haberlo dejado de inmediato, pero como una novia joven en una cultura conservadora, se culpó a sí misma y decidió soportar sus palizas antes que enfrentar el estigma de un divorcio.
Deseosa de alejarse, en el 2010 se inscribió en un programa de maestría en ciencias políticas de la Universidad de la Columbia Británica. La vida en Vancouver le dio una nueva sensación de libertad y, con ella, la determinación de divorciarse.
“Me encantó no estar con él y poder enfocarme en mis estudios”, dijo.
Sin embargo, él continuó aterrorizándola desde lejos con llamadas telefónicas, a menudo a mitad de la noche, en las que la acusaba de infidelidad y la amenazaba con quitarle a su hija.
Monzur le informó a su esposo que su matrimonio había terminado en una visita a casa en junio del 2011. Este huyó después de dejarla ciega en medio de un charco de sangre.
“La hemorragia interna en mis ojos fue tan intensa, que es un milagro que siga viva”, dijo.
Su familia informó sobre el ataque a la policía, pero les preocupaba su reputación en caso de que el incidente se hiciera del dominio público. Sin embargo, sus enfurecidos colegas y familiares recurrieron a las redes sociales y la animaron a hablar del asunto. Monzur, con los ojos cerrados por la inflamación y la nariz vendada, describió el ataque en una entrevista noticiosa por televisión desde su cama de hospital, la primera de varias entrevistas que recibieron cobertura internacional.
Sus defensores llevaron a cabo manifestaciones para exigir justicia, pero dice que la publicidad también provocó una avalancha de amenazas y burlas. Cuando atraparon a su esposo dos días después, él la acuso de tener una aventura en Canadá y de tratar de asesinarlo con pastillas para dormir, mientras que los padres de él declaraban que ella solo fingía estar ciega.
Luego de morir de un infarto mientras estaba en la cárcel esperando ser enjuiciado ese diciembre, sus parientes les dijeron a los periodistas que Monzur había conspirado para que lo asesinaran.
Para entonces, Monzur ya había regresado a Vancouver, pero luchaba con su incapacidad.
“La escuela era mi zona de confort”, dijo. Sus amigos en la universidad la ayudaron a investigar y a transcribir su exitosa tesis de maestría. Luego anunció que quería hacer el examen de ingreso para la facultad de leyes. “Todos pensaban que era ridículo”, dijo con una sonrisa. “Soy obstinada, así que la mejor manera de hacer que trabaje es decir: ‘Rumana, no puedes hacerlo’”.
La tenacidad de Monzur es el origen de su éxito. Vive con su hija, quien “ni siquiera recuerda que soy ciega porque ve a su madre haciendo todo lo que los demás hacen”, dijo.
El trauma que experimentó en Bangladés la ha motivado a desafiar las expectativas sobre lo que una mujer sola y ciega puede hacer. “En el hospital, todos decían: ‘Ay, pobrecita’, y yo sentía que mi vida estaba acabada”, recuerda. “Pero claro que, siendo yo, odiaba esa actitud”.
Así que en lugar de sentarse a llorar, se ha enfocado en vivir. “Quiero que la gente vea quién soy de verdad, alguien con una sonrisa en el rostro, y no alguien que perdió la vista y que se perdió por completo a sí misma”, dijo. “Todos tenemos retos. Este es el mío. La vida es algo que celebrar, aún lo creo. Solo tienes que sacarle el máximo provecho”.
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de diciembre de 2017, 6:08 p. m. with the headline "Cegada por su marido, lucha por la justicia (y aprueba exitosamente sus estudios de leyes)."