Barrotes en las ventanas, risas entre líneas: en una prisión y jugando con papá
Un niño de cinco años persigue a su papá alrededor de la cancha de fútbol soccer de concreto, su cabello delgado cae sobre sus ojos. A su alrededor los gritos y gorjeos de otros niños y el estridente sonido del silbato del árbitro creaba una cacofonía hiperactiva que recordaba un parque de juegos.
En ese momento, había una sensación de que era posible, casi, olvidar los barrotes de metal en las ventanas de las habitaciones espartanas, ignorar a los guardias vigilando silenciosamente y experimentar, por un momento, la ilusión de libertad.
El padre, Sebastiano Russo, de 45 años, ha estado encarcelado en la prisión Opera, un edificio de máxima seguridad en las afueras de Milán, desde 2015, una circunstancia que su hijo pequeño no comprende del todo. La esposa de Russo, Rosa Bianca Cappelletti, dijo que el niño solía referirse a la prisión como “la casa de papá”. Últimamente, la llama “la jaula de papá” y pregunta por qué no puede ver a su padre con más frecuencia.
Verlos juntos pateando una pelota una tarde reciente en el frío gimnasio de concreto la conmovió.
“Se me llenan los ojos de lágrimas”, dijo Cappelletti desde la orilla. “Es hermoso”.
Una vez al año desde 2015, BambiniSenzaSbarre, una organización italiana sin fines de lucro, cuyo nombre se traduce como “niños sin barreras”, organiza estos partidos de fútbol en el interior de docenas de prisiones en toda Italia.
Llamados también “El juego con papá”, los partidos ofrecen un momento extraordinario de normalidad, de humanidad, dentro de las prisiones del país. También reflejan la creencia de BambiniSenzaSbarre de que los hijos de los prisioneros poseen el derecho humano de mantener la relación con sus padres.
“Quizá como prisioneros ni siquiera sabemos qué es una prisión en realidad”, dijo Maurizio, un hombre de 39 años que ha estado en Opera desde 2014. “El verdadero castigo de la prisión no es para nosotros. Es para la gente que amamos”.
Maurizio pidió que su apellido quedara en el anonimato debido a que su sentencia, que tiene cargos incluso de homicidio, aun no estaba completa. El día de la visita de este mes, temblaba dentro de la luz tenue del gimnasio mientras esperaba la llegada de su esposa y dos de sus hijos, de 13 y siete años. (Su hijo mayor, de 19 años, estaba trabajando).
Maurizio traía pantalones cortos y medias del Inter de Milán y el espacio a su alrededor estaba tan frío como un refrigerador grande. Como los otros padres aquí, fue escogido para estar en el partido gracias a su participación y progreso en otros programas de BambiniSenzaSbarre en Opera.
Era la segunda vez que Maurizio participaba en el juego, que le ofrece “un poco de vida”, o al menos algo más cercano a la vida real que solo sentarse en una mesa con su familia durante las horas de visita formales que son su otra oportunidad de contacto cara a cara con ellos.
Su rostro se suavizó con una sonrisa cuando su familia llegó. Pasó los dedos por el pelo del chico mayor y tocó su cara. Pasó su brazo musculoso y tatuado alrededor del cuello de su hijo pequeño y le dio un beso en la frente. Miró fijamente a los ojos de su esposa. Las muestras de contacto constantes eran parte de su esfuerzo, dijo, “para demostrarles mi amor”.
Después de que los niños y sus padres se dividieron en dos equipos, caminaron a la mitad de la cancha en dos líneas y saludaron al grupo imaginario de fanáticos, como si fueran jugadores profesionales en un estadio repleto de gente. El partido fue desorganizado y casual, pero tal informalidad parece ser precisamente el punto. Al finalizar el partido, las familias tuvieron tiempo de sentarse y hablar. Algunos juguetearon con el equipo deportivo del gimnasio.
“Tenían preparadas sus maletas desde hace una semana”, dijo la esposa de Maurizio sobre sus hijos. “Esto pasa en la vida normal fuera de la prisión, pero es algo a lo que no estamos acostumbrados. Para nosotros es muy emotivo”.
Escenas familiares parecidas se desarrollaron este mes en más de 50 prisiones en Italia. Lia Sacerdote, la fundadora y presidenta de BambiniSenzaSbarre, dijo que esperaba que hubiera sucesos como ese en las 193 prisiones del país. Sacerdote ha propuesto que todos los miembros de la red europea COPE (Children of Prisioners Europe) también adopten los partidos.
“Estos niños están marginalizados”, dijo Sacerdote. “Se sienten culpables por algo que no hicieron”.
Un día después del partido en Milán, las familias de casi dos docenas de prisioneros entraron al patio de ejercicios de Secondigliano, una prisión de máxima seguridad en los suburbios de Nápoles, para jugar otro partido. La lluvia matutina había dejado charcos de lodo en el campo. Los edificios que hospedan a otros prisioneros se erguían sobre la cancha y los prisioneros agitaban sus brazos a través de las barras de las ventanas de sus celdas mientras miraban lo que sucedía abajo.
Algunos de los prisioneros demostraron excelentes habilidades para el juego, pero esto también se trataba de un asunto no muy serio. Muchos jugadores se salían del campo de juego durante el partido para besar a sus esposas y bebés. Cuando el partido terminó, las familias hicieron grupos alrededor de la cancha para ponerse al día y para mordisquear “sfogliatelle”, el postre de pasta de hojaldre con forma de caracola típico de la región. Los guardias vigilaban desde lejos, poco visibles.
En años recientes, el sistema italiano de prisiones ha estado bajo un período de evaluación, reconociendo y atendiendo problemas como la sobrepoblación y el mal trato a los prisioneros. En medio de este esfuerzo mayor, BambiniSenzaSbarre ha hablado en defensa de los hijos de los prisioneros, y ha desarrollado talleres y espacios educativos dentro de las prisiones para facilitar la conexión entre padres e hijos.
La ausencia de este tipo de relaciones tiene consecuencias negativas de largo alcance, dijo el grupo. Los hijos de los prisioneros tienen más probabilidad de ir a prisión o de dejar la escuela, y son más propensos a sufrir una gran cantidad de otro tipo de problemas sociales. En Italia, por ejemplo, la participación en el crimen organizado generalmente abarca a varias generaciones de una familia.
Una relación positiva y saludable con el padre, por lo tanto, “es una herramienta para prevenir el crimen”, dijo Martha Gallon, psiquiatra en BambiniSenzaSbarre. “Tenemos que romper el patrón”.
Cuando trabaja con los prisioneros, Gallon trata de crear entornos donde los padres e hijos interactúen directamente sin las madres cerca: una rareza durante las visitas en las prisiones masculinas. Para promover la comunicación, ella y sus colegas hacen actividades para disminuir la tensión, como algunas artísticas y, más recientemente, el fútbol.
Esa tarde en la cancha de fútbol en Milán, Russo aprovechó cada momento de ese tiempo libre. Levantó a su hijo y le dio vueltas. Dejó que la pelota pasara por en medio de sus piernas para que anotara un gol. Cuando se le mostró una tarjeta roja simulada, salió de la cancha y besó a Cappelletti a través de la valla.
“Los hijos te dan la fuerza para tener esperanza y mirar hacia delante”, dijo Russo, quien podría permanecer en la cárcel hasta 2026 debido a su participación en una operación internacional de tráfico de drogas. “A través de mis hijos, soy capaz de ver en lo que me quiero convertir, el hombre que quiero ser”.
(Brando de Leonardis contribuyó con el reportaje).
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de enero de 2018, 2:48 p. m. with the headline "Barrotes en las ventanas, risas entre líneas: en una prisión y jugando con papá."