El Ejército se prepara en silencio para un último recurso: la guerra contra Corea del Norte
En todo el Ejército, los oficiales y las tropas se están preparando en silencio para una guerra que esperan que no ocurra.
El mes pasado en Fort Bragg, Carolina del Norte, una mezcla de 48 helicópteros Apache de combate y Chinook de carga despegaron en un ejercicio para practicar el desplazamiento de tropas y equipo bajo fuego activo de artillería para atacar blancos. Dos días después, en el cielo de Nevada, 119 soldados de la División Airborne número 82 se lanzaron en paracaídas desde aviones de carga C-17 del Ejército en plena oscuridad en un ejercicio que simuló una invasión extranjera.
El mes próximo, en bases militares en todo Estados Unidos, más de 1,000 soldados de reserva practicarán cómo establecer centros de movilización que desplacen a las fuerzas del Ejército en el extranjero de inmediato. Además, a partir del mes siguiente, con los Juegos Olímpicos de Invierno en la ciudad surcoreana de Pyeongchang, el Pentágono planea enviar más tropas de Operaciones Especiales a la península coreana, un paso inicial hacia lo que algunos oficiales dijeron que en definitiva podría ser la formación de un grupo operativo con sede en Corea, similar a los que están combatiendo en Irak y Siria. Otros dijeron que el plan estaba estrictamente relacionado con las iniciativas de contraterrorismo.
En el mundo del Ejército estadounidense, donde la planeación de contingencia es un mantra incrustado en la psique de todos los oficiales, los movimientos son claramente parte del entrenamiento estándar y las rotaciones de efectivos del Departamento de Defensa. Sin embargo, el alcance y el tiempo del ejercicio sugieren un enfoque renovado en torno a preparar al Ejército del país para lo que podría estar en el horizonte con Corea del Norte.
El secretario de Defensa Jim Mattis y el general Joseph D. Dunford hijo, presidente del Estado Mayor Conjunto, dan argumentos enérgicos a favor de usar las vías diplomáticas para abordar las ambiciones nucleares de Pyongyang. Una guerra con Corea del Norte, dijo Mattis en agosto, sería “catastrófica”. Aun así, cerca de una veintena de funcionarios, ex funcionarios y comandantes sénior del Pentágono dijeron en entrevistas que los ejercicios reflejaron en gran parte la respuesta del Ejército a las órdenes de Mattis y los jefes de servicio de estar listos para cualquier acción militar en la península coreana.
Las palabras del presidente Donald Trump han convencido a los líderes militares de alto rango y a las tropas básicas del Ejército de que deben acelerar su planeación de contingencia.
En el que quizá fue el intercambio más incendiario, en un discurso pronunciado en septiembre en las Naciones Unidas, Trump prometió “destruir totalmente a Corea del Norte” si amenazaba a Estados Unidos, y ridiculizó al insolente dirigente del país, Kim Jong-un, llamándolo “el hombre del cohete”. En respuesta, Kim dijo que desplegaría “el nivel más alto de medidas defensivas de línea dura en la historia” en contra de Estados Unidos, y describió a Trump como un “anciano estadounidense mentalmente trastornado”.
Desde entonces, la retórica de Trump se ha enfriado después de un nuevo intento de distensión entre Pyongyang y Seúl. En una entrevista la semana pasada con The Wall Street Journal, se citaron estas palabras de Trump: “Probablemente tengo una muy buena relación con Kim Jong-un”, a pesar de sus insultos públicos mutuos. Sin embargo, el presidente dijo el domingo que The Journal lo había citado mal, y que en realidad había dicho “probablemente tendría” una buena relación si eso quisiera.
Una falsa alarma en Hawái el domingo, que detonó cerca de 40 minutos de pánico cuando un empleado del Departamento de Respuesta a Emergencias de Estado envió por error un mensaje de alerta en el que advertía sobre un próximo ataque balístico de misiles, enfatizó la ansiedad de los estadounidenses respecto de Corea del Norte.
Una misión convencional
Después de 16 años de combatir insurgentes en Irak, Afganistán y Siria, los comandantes generales de Estados Unidos se preocupan de que el Ejército esté mejor preparado para ir tras grupos apátridas de militantes que para su misión convencional de enfrentar potencias fuertemente consolidadas con sus propias fuerzas armadas y defensas aéreas formidables.
El ejercicio en Fort Bragg fue parte de uno de los más grandes ejercicios de ataque aéreo en años recientes. La práctica en la base Nellis Air Force en Nevada utilizó el doble de aviones de carga para paracaidistas de los usados en ejercicios previos.
El ejercicio de la Reserva Militar planeado para el siguiente mes les dará nuevos bríos a los centros de movilización que han estado en su mayor parte inactivos mientras se han desarrollado las guerras de Irak y Afganistán. Mientras que el Ejército ha desplegado las fuerzas de reacción de Operaciones Especiales para sucesos globales mayores, como la Copa del Mundo 2014 en Brasil, esas unidades generalmente son de casi 100 elementos, muchos menos de los que algunos oficiales dijeron que se podrían enviar a las Olimpiadas en Corea del Sur. Otros descartaron esa posibilidad.
En una reunión de gran alcance celebrada en su sede el 2 de enero, el general Tony Thomas, dirigente del Comando de Operaciones Especiales en Tampa, Florida, les advirtió a los 200 civiles y miembros del servicio en la audiencia que quizá tendrían que desplazar a más personal de las Fuerzas Especiales a Corea desde el Medio Oriente en mayo o junio si las tensiones aumentan en la península. El capitán Jason Salata, portavoz del general, confirmó el reporte que recibió The New York Times de uno de sus lectores, pero dijo que Thomas dejó claro que no se ha tomado decisión alguna.
En varias reuniones recientes en el Pentágono, el general Mark A. Milley, jefe de personal del Ejército, ha hablado de dos históricos desastres militares de Estados Unidos como advertencia de lo que puede provocar una falta de preparación.
Oficiales del Ejército dijeron que Milley ha citado la desastrosa batalla del paso de Kasserine durante la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas desprevenidas de Estados Unidos fueron superadas y después vapuleadas por las fuerzas del oficial de campo Erwin Rommel de Alemania. Milley también mencionó hace poco a la fuerza operativa Smith, la unidad mal equipada y mal preparada que fue atacada por tropas norcoreanas en 1950 durante la guerra coreana.
Reunión tras reunión, dijeron los funcionarios, Milley ha igualado las dos derrotas estadounidenses con lo que advierte que podría pasar si el Ejército no se prepara para una posible guerra con Corea del Norte. Ha animado a los líderes de alto nivel del Ejército para que las unidades estén en forma, y se inquietó por una pérdida de lo que ha llamado memoria muscular: cómo combatir en una gran guerra en tierra, incluyendo una en la que un adversario establecido es capaz de usar sofisticadas defensas aéreas, tanques, infantería, poder naval e incluso ciberarmas en la batalla.
Algunos funcionarios en la Casa Blanca han argumentado que podría lanzarse un ataque dirigido y limitado, que de tener repercusiones en Corea del Sur, serían mínimas, una premisa que Mattis ve con escepticismo, de acuerdo con personas que conocen su forma de pensar.
Sin embargo, para Mattis, la planeación sirve para aplacar a Trump. Efectivamente, dijeron los analistas, eso alerta al presidente acerca de la seriedad con que el Pentágono se toma las amenazas y protege a Mattis de las sugerencias de que está fuera de sintonía con Trump.
“El trabajo del Ejército es estar completamente listo para cualquier contingencia que se presente”, dijo Michèle A. Flournoy, una alta funcionaria del Pentágono en el gobierno de Obama y cofundadora de WestExec Advisors, una consultoría estratégica en Washington.
“Aunque no se tome ninguna decisión respecto de Corea del Norte ni se dé ninguna orden”, dijo Flournoy, “la necesidad de estar listos para la contingencia, que es prioridad para el Presidente y su equipo de seguridad nacional, motivaría a los comandantes a utilizar oportunidades planeadas de ejercicio para mejorar su preparación, solo por si acaso”.
Operación Panther Blade
En el caso del ejercicio realizado por la Airborne 82 en Nevada el mes pasado, por ejemplo, los soldados practicaron el desplazamiento de los paracaidistas en helicópteros y lanzaron artillería, combustible y municiones muy por detrás de lo que designaron como líneas enemigas. Las maniobras tuvieron como propósito obligar a un enemigo a combatir en diferentes frentes de combate.
Los funcionarios dijeron que las maniobras practicadas en el ejercicio, llamado Panther Blade, podrían utilizarse en cualquier lugar, no solo en la península coreana. “La operación Panther Blade se trata de tener disposición global”, dijo el teniente coronel Joe Buccino, un funcionario de asuntos públicos de la Airborne 82. “Un asalto aéreo y un ataque profundo a esta escala es muy complejo y requiere sincronización dinámica de activos a lo largo del tiempo y el espacio”.
Otro ejercicio, llamado Bronze Ram, está siendo coordinado por el enigmático Comando de Operaciones Especiales Conjuntas, dijeron los funcionarios, e imita otros entornos de entrenamiento que reflejan sucesos actuales.
El ejercicio de este año, uno de los muchos enfocados en amenazas de todo el mundo, se concentrará a fondo en operaciones subterráneas y trabajará en entornos químicamente contaminados que podrían estar presentes en Corea del Norte. También irá tras la misión del Comando de Operaciones Especiales de contrarrestar armas de destrucción masiva.
Más allá de Bronze Ram, los ejercicios altamente clasificados de Operaciones Especiales en Estados Unidos, incluyendo los que recrean situaciones de confiscación de armas nucleares no protegidas o descensos clandestinos de paracaidistas, han reflejado una posible contingencia en Corea del Norte durante varios meses, señalaron funcionarios del Ejército, sin proporcionar detalles, debido a la confidencialidad operativa.
Se han observado bombarderos B-1 de la Fuerza Aérea provenientes de Guam sobrevolando regularmente la península coreana en medio de las tensiones en aumento con Pyongyang, con vuelos de entrenamiento frecuentes con jets de combate japoneses y coreanos, lo que a menudo provoca la ira de Corea del Norte. Se espera que los bombarderos B-52 apostados en Luisiana se unan a los B-1 estacionados en Guam este mes, lo cual incrementaría la potencia aérea de largo alcance de los posibles ataques armamentistas.
Los funcionarios del Pentágono dijeron la semana pasada que tres bombarderos B-2 y sus equipos habían llegado a Guam desde su sede en Misuri.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de febrero de 2018, 3:37 p. m. with the headline "El Ejército se prepara en silencio para un último recurso: la guerra contra Corea del Norte."