Y el cine creó a Brigitte Bardot
Parece mentira que Brigitte Bardot esté hoy cumpliendo 80 años. Todavía recuerdo la primera vez que la vi en una película, después de haberla visto mil veces en revistas y periódicos: una muchacha casi adolescente que no buscaba provocar, pero que le estremecía las moléculas a cualquiera.
Retirada del cine desde 1973, ahora vive dedicada a defender los derechos de los animales, algo que, en ese entonces, pareció una excentricidad pero que el tiempo ha venido a demostrar era un auténtico compromiso. Con ideas políticas de extrema derecha que le han causado problemas más de una vez, aquella criatura deslumbrante que jugaba a seducir con una ligera carga de malicia es en la actualidad es una anciana vegetariana y huraña que camina con un bastón debido a la artrosis. Vive alejada de todo y de todos en su amado refugio de Saint-Tropez, una casa llamada La Madrague al pie del Mediterráneo; sin teléfono celular, computadora ni fax, rodeada de perros, gatos, cabras, cerdos y gallinas, luchando contra la matanza de focas, zorros y elefantes tuberculosos.
Sin embargo, casi una docena de nuevos libros sobre su vida y su carrera es la mejor prueba de que, pese a los años, la BB —las iniciales más famosas del planeta: bastaba con decirlas para que todo el mundo supiera de quién se trataba—, una de las actrices más célebres de su época, todavía es noticia.
Brigitte Bardot nació el 28 de septiembre de 1934 en París, en un ambiente pequeñoburgués; hija de Louis Bardot, un exitoso industrial y de Anne-Marie Mucel, ama de casa a quien su marido le llevaba 14 años. Desde niña recibió una estricta educación junto a su hermana menor, Marie-Jeanne. Sin embargo, la madre de Brigitte era una mujer de un cierto espíritu artístico y entusiasmó a su hija para que tomara lecciones de música y baile, algo para lo que la jovencita demostró que tenía aptitud.
A los 15 años se convirtió en la mascota de la revista Elle, cuya portada llenó desde ese mismo año 1949. Un día, después de ver sus fotos, el director de cine Marc Allégret, que era uno de los más poderosos de la industria, quiso conocerla para hacerle algunas pruebas cinematográficas. Sus padres no querían que se convirtiera en actriz porque no les gustaba el ambiente, pero su abuelo, un viejo protestón y autoritario al que ella adoraba, tuvo confianza en la jovencita y salió en su defensa: “Si esta niña es algún día prostituta lo será con el cine o sin el cine. Y si no lo va a ser nunca el cine no la cambiará”. Ni la madre ni el padre se atrevieron a llevarle la contraria al abuelo.
En la audición para una primera película, conoció a Roger Vadim, asistente de Allégret, y no pasó mucho hasta que se enamoraron. Los padres se oponían a la relación y Brigitte tuvo que esperar a tener 18 años para casarse con él en 1952.
Después de alrededor de 10 películas en las que tenía pequeños papeles, en 1956 Vadim la dirigió en un filme que cambiaría la vida de Brigitte y la suya propia: Y Dios…creó a la mujer, que la lanzaría a la fama y la hizo una celebridad mundial de la noche a la mañana. Vadim la modeló como una ambigua Lolita entregada al sexo y a la voluptuosidad casi como si fuera un juego, y de paso revolucionó la forma de mostrar abiertamente la sexualidad en la pantalla: Brigitte se convierte en una de las grandes leyendas eróticas del cine de todos los tiempos, una referencia fundamental para entender el cambio de mentalidad de las mujeres.
A partir de su consagración la empiezan a comparar con otras actrices consagradas. La revista Cinémonde escribió: «Tiene el sex-appeal de Marlene Dietrich, el glamour de Ava Gardner y el empuje terrenal de Marilyn Monroe». Con medio mundo hablando de ella, la desconocida starlette asiste al Festival de Cannes de ese año y eclipsa a Sophia Loren, Martine Carol y Gina Lollobrigida, las estrellas europeas más grandes de la época.
En la década del 50 Francia era un país destruido por la guerra que trataba de reconstruirse, y aquel inesperado ícono nacional le aportó más divisas al país que la fábrica Renault y vendió más postales que la torre Eiffel. La influyente escritora Simone de Beauvoir le dedicó un estudio a BB y a su nuevo concepto de mujer, (“El erotismo de BB no es mágico, sino agresivo”, escribió) y surge el término “bardolatría”.
Entonces no para de filmar una película tras otra con los realizadores más grandes de Francia, encarnando personajes tan desdeñosos como provocativos; de cara aniñada, casi sin maquillaje; una inocente chiquilla pícara, frágil y amoral que, sin embargo, conoce bien los elementos de su erotismo: un suéter ceñido provocadoramente a los pechos; la boca de labios carnosos entreabierta y pintada de una forma un poco obscena; la mirada directa de ojos pardos perfilados de negro y el pelo largo y rubio siempre en perfecto desorden. El ejemplo máximo de la mujer independiente que asumía su sexualidad sin ningún tabú se conoce en todas partes; de Inglaterra a Estados Unidos y Japón; de Cuba, a México y Alemania.
Junto a Marilyn Monroe, acaso el mito más grande de toda la historia del cine, a Brigitte Bardot, uno de los dos o tres símbolos sexuales más extraordinarios del siglo XX, nunca le importó hablar de su voracidad sexual (“Necesito vivir bajo alto voltaje amoroso”, declaró) ni de sus amantes. La larga lista va de Roger Vadim, Jean-Louis Trintignant, y los cantantes Gilbert Bécaud y Sacha Distel, a Jacques Charrier —con quien tuvo a Nicolas, su único hijo—, Serge Gainsbourg, Sami Frey y Gunter Sachs que se suicidó no por amor en el 2011. Lejos del mundanal ruido, vive con Bernard d'Ormale, su último marido desde 1992: “Viviré con él hasta el resto de mi vida”, dijo hace poco.
Hay que olvidarse de una vez del dramatismo de Simone Signoret, de las actuaciones de Jeanne Moreau y de la belleza de Catherine Deneuve; Brigitte Bardot es —con Alain Delon como equivalente masculino— la figura femenina por excelencia del cine francés. Para volverla a ver en todo su esplendor; gozar de nuevo su natural sensualidad; disfrutar su irresistible precocidad de niña salvaje, basta con regresar a sus películas; allí estará ella sin envejecer: imperecedera, eternamente hermosa, cautivándonos siempre.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de septiembre de 2014, 11:00 p. m. with the headline "Y el cine creó a Brigitte Bardot."