Los zimbabuenses prefieren trabajar en lugar de llorar a Mugabe
Las banderas a media asta en Zimbabue son este sábado prácticamente la única muestra del día de duelo nacional por la muerte de Robert Mugabe, al que los zimbabuenses dieron la espalda, yendo a trabajar en lugar de honrar su memoria.
La mayoría de las tiendas estaban abiertas en la capital Harare y no se suspendieron ni bodas ni fiestas tras el deceso del dictador.
Los jardineros seguían podando los árboles en la sede del Zanu-PF, partido fundado por Mugabe pero que lo echó del poder a finales de 2017 tras apoyar un golpe de Estado del ejército.
“Si hubiera sido otro líder, el país se hubiera parado para llorarle, pero se trataba de un autócrata”, afirmó More Konde, de 30 años, un conductor de un minibús.
“Si hubiera abandonado el poder antes y dejado el país en una mejor situación, estaríamos conmemorando su figura y el país se hubiera parado para honrarle”, añadió.
Mugabe falleció el viernes a los 95 años, en un hospital en Singapur, y aún se desconoce la fecha de su funeral, a la espera de que su cuerpo sea repatriado.
Tildado de “héroe de la independencia” de Zimbabue, Mugabe dirigió su país con mano de hierro durante 37 años y lo dejó en una situación crítica a nivel económico y financiero.
Los zimbabuenses afrontan dificultades diarias para satisfacer sus necesidades básicas, y la inflación se acerca a los tres dígitos en este país del sur del continente africano.
“No iremos al funeral ya que estamos ocupados ganando dinero, tenemos hambre”, aseguró Kondo, mientras sacudía un envase con combustible para intentar extraer los últimos chorros de gasolina.
El combustible, entre otros bienes, escasea en Zimbabue y su precio se multiplicó por seis desde principios de año.
“Tengo una carrera, no tengo trabajo y paso hambre y usted espera que pierda mi tiempo yendo a ese funeral. ¡Es increíble!”, declaró un ingeniero de 35 años que dijo llamarse Tonde.
- “Nada que ver” con Mandela -
Mugabe tomó las riendas de la antigua Rodesia tras su independencia en 1980. Durante casi cuatro décadas al frente de Zimbabue, uno de los mandatos más largos en el continente africano, pasó de ser amigo de Occidente a tirano que provocó el hundimiento económico de su país.
Muchos de los habitantes de Harare contraponían su muerte con la del líder sudafricano Nelson Mandela, fallecido en 2013.
“Cuando Mandela murió, la gente salió a la calle. Pero fíjate en su caso (de Mugabe), no ha pasado nada. No tiene nada que ver con la muerte de un gran mandatario”, declaró Munya Nhamo, de 25 años, que trabaja en una tienda de comestibles.
Este comerciante acusa a Mugabe de haber robado las elecciones de 2008 al líder opositor Morgan Tsvangirai. “Si hubiera aceptado su derrota, el país no se encontraría ahora en una situación tan mala”, afirmó.
“No lo estamos respetando al seguir trabajando, pero cuando llegue su cuerpo todo se parará. Por ahora tenemos que trabajar porque la vida es muy difícil”, reconoció por su lado Tendai Marange, una vendedora de helados de 42 años.
Marange mostró cierta nostalgia respecto al régimen del dictador zimbabuense: “Cuando gobernaba Mugabe todo iba mejor. Si él quería bajar los precios, lo hacía”.