Deliciosa sopa caribeña sale de la cocina para conquistar a la UNESCO
Pocas cosas unen más a los haitianos que saborear un tazón de sopa joumou, el plato a base de calabaza aclamado como símbolo de identidad nacional y libertad.
Ahora también podría alcanzar la distinción en la escena internacional, ya que la UNESCO sopesa si añadirlo a la lista de tradiciones consideradas patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
Impregnada de historia, la sopa de chile bonete escocés y tomillo es considerada por los haitianos como un recuerdo de la sangrienta revuelta que sus antepasados, africanos esclavizados, protagonizaron contra los colonizadores franceses, convirtiendo a Haití en la primera república del mundo dirigida por negros.
“Es la primera comida compartida entre los primeros negros del mundo”, dijo Dominique Dupuy, nueva embajadora de Haití ante la principal organización cultural del mundo. “El valor añadido a esta lista es innegable”.
La solicitud, la primera presentada por Haití, fue hecha el jueves en un momento en el que el país se encuentra en medio de una profunda agitación política y social, y cuando los haitianos, que se debaten en torno a su destino como pueblo, se aferran a las buenas noticias.
Aunque Haití cuenta con un sitio Patrimonio Mundial reconocido por la UNESCO –el Parque Histórico Nacional de la ciudad de Milot al norte del país, compuesto por varias ruinas y edificios del siglo XIX, incluida la fortaleza de la Citadelle, en la cima de la montaña–, la mayoría desconocía la existencia de una lista de patrimonio cultural inmaterial hasta que se difundió la noticia de la inclusión del cuscús. Esto suscitó un animado debate, en el que los haitianos especularon en internet sobre cuál de sus propios platos nacionales debería incluirse, y muchos abogaron por la sopa joumou.
Para Dupuy, el diálogo supuso un momento de profunda introspección.
“La sopa joumou une a los haitianos dentro de Haití, nos une a África, nos une a un futuro en el que podemos tener esperanza”, dijo Dupuy, quien mientras veía cómo se desarrollaba el debate dijo que tenía ganas de gritar: “Espera, esto va a suceder”.
Con su ecléctica mezcla de influencias africanas, taínas, europeas y árabes, Haití podía haber propuesto cualquier número de tradiciones culturales para mostrar sus contribuciones a la humanidad. Pero entrar en la lista de la UNESCO no consiste en tener el mejor elemento o el más singular. Se trata de mostrar que tu tradición cultural forma parte de un diálogo entre la humanidad.
Para los haitianos, consumir sopa joumou más que cualquier otro plato es una afirmación de lo que les une.
“Reto a que se encuentre cualquier otro elemento que suscite tanto consenso”, dijo Dupuy sobre el plato de una olla que combina ingredientes de África Occidental y del Nuevo Mundo, así como elementos de la cocina francesa. “Todo el mundo tiene una opinión diferente sobre cada elemento cultural de Haití. Pero la sopa joumou une a todos los haitianos”.
La libertad en un tazón
Cultivada en todo el Caribe, la calabaza utilizada para hacer la sopa joumou, no es la típica calabaza. Era cultivada por los esclavos, pero se les prohibía comerla. Tras derrotar al ejército de Napoleón Bonaparte, Jean-Jacques Dessalines, antiguo esclavo convertido en padre fundador, declaró libres a los africanos de Santo Domingo el 1º de enero de 1804.
Los haitianos lo celebraron tomando sopa.
“Encontrar la verdad absoluta sobre el origen de la sopa no es esencial”, dijo Dupuy, que atribuye a la esposa de Dessalines, Marie Claire Heureuse Felicite Bonheur Dessalines, el mérito de haber animado a los haitianos a celebrar su independencia bebiendo la sopa que antes solo estaba reservada a sus amos franceses. “Lo importante es reconocer que forma parte de la psique nacional y que este elemento místico crea esta fibra de identidad en todo Haití”.
Para demostrarlo, la delegación de Haití aporta notas escritas a mano y a máquina por más de 50 agricultores, grupos de mujeres y organizaciones culturales que explican por qué este plato festivo es un elemento cultural por excelencia de su identidad nacional. También han aportado un video con imágenes de las comunidades que disfrutan de la sopa y otra documentación sobre la historia, la preparación y el consumo de la sopa, transmitida a lo largo de generaciones.
Equipos de estudiantes universitarios capacitados se desplegaron por las 10 regiones de Haití para hablar con los haitianos sobre los motivos por los que comen la sopa. Durante las visitas, entrevistaron a los que cosechan la calabaza, a los que la venden y a los que la cocinan. También hicieron observaciones sobre cómo se prepara y se consume la sopa en las comunidades de todo Haití.
En Grand Anse, por ejemplo, los estudiantes descubrieron que a la gente le gusta la sopa con ñame, una verdura originaria de África. En el valle del Artibonite, donde se cultivan cereales, se añade arroz, y en Puerto Príncipe, la capital, se mantiene la tradición de servir la sopa todos los domingos, no solo el primero de enero.
Lo mismo puede observarse en la diáspora haitiana, donde el plato no solo simboliza la igualdad, sino la evolución de un pueblo. Mientras que algunos prefieren las recetas tradicionales, en las que cada ingrediente se distingue y el ajo y el perejil se siguen machacando en un mortero de madera, otros han pasado a mezclarlo todo.
“Cuando la gente viene aquí y les digo que tengo sopa joumou, me dicen: ‘No es domingo. No es el primero de enero”, dice el chef Jerry Dominique, que sirve una versión vegetariana en su KC Healthy Cooking, en North Miami. “Yo les digo: ‘Para mí, necesito celebrar el día de mi independencia, todos los días. Es un recordatorio de de dónde soy y de lo mucho que hemos luchado’”.
El chef Wilkinson “Ken” Sejour, propietario de un restaurante criollo, también tiene su propia versión de la sopa, que reserva para el 1º de enero y los menús de banquetes. Junto con su salsa secreta, que aporta aún más sabor, Sejour es conocido por sustituir las abundantes porciones de carne de res por cangrejo, camarones, langosta y caracola.
“Más que el sabor, se trata de decir a la gente: ‘Oye, acuérdate de nosotros, de nuestro legado’”, dice. “Es literalmente una pieza de educación en la historia”.
No es una comida para comer a solas
La sopa no es una comida de todos los días, ni para disfrutarla a solas. Es algo para compartir, el conocimiento de cómo se elabora suele pasar de madre a hija, sin instrucciones escritas.
Aunque es un producto culinario, el sabor de la sopa no tiene valor para la UNESCO, que se preocupa más por la resonancia social del plato.
Tras ser nombrada embajadora de Haití ante la UNESCO, Dupuy empezó a pensar en la sopa, mucho antes de que estallara el debate en diciembre, decidiendo que uno de sus objetivos sería postular algo de Haití a la lista del patrimonio cultural. Se decidió por la sopa joumou después de darse cuenta de que cuando se pregunta: “¿Cómo se siente usted haitiano?”, la respuesta suele ser: “Cuando como sopa”.
El animado debate en Haití tras la inclusión del cuscús en la lista del patrimonio reforzó su decisión.
“Fue como recibir una encuesta gratuita, a nivel nacional e internacional, para decir ‘hemos tomado la decisión correcta’”, dijo.
Poco después, el Ministerio de Cultura reconoció la sopa joumou como parte del patrimonio nacional de Haití, un paso necesario para que la UNESCO considerara su inclusión en la lista. Le han seguido otras ideas, como una petición para que se reconozca también el Konpa Direct, la música del baile nacional del país, que hasta hace poco no estaba en el registro cultural de Haití. Pero ese proceso es más complejo.
Desde que llegó a París en enero, Dupuy ha estado presionando a los diplomáticos implicados en lo que es, a todas luces, una selección altamente política, en la que algunos embajadores fruncen el ceño ante las contribuciones con connotaciones religiosas y se mantienen alejados de los productos comerciales.
La organización solo recibe 55 solicitudes al año y no se informa a los países cuando se alcanza esa cifra. Los ganadores no se anuncian hasta diciembre.
52 fotos comiendo sopa joumou
Si el intenso proceso le ha enseñado algo, dijo Dupuy, es a salir de su zona de confort cuando se trata de la sopa, y a probarla en diferentes entornos. Al igual que muchos haitianos, su relación con la sopa y su significado ha evolucionado, especialmente después de ser madre hace casi tres años.
“A los seis meses, empezó a tomar su primera sopa joumou”, cuenta Dupuy. “Todos los domingos durante el primer año de su vida. Tengo 52 fotos de ella comiendo su sopa joumou.
“Es una de las cosas más fuertes que me une a cualquier haitiano donde los encuentre”, añadió. “Al igual que como haitianos no podemos rastrear cómo se hizo tan grande, solo puedo decir que desde que nací, esto era importante para mi familia, era algo crucial y mis padres y yo siempre tomábamos sopa juntos en familia”.
Sea cual sea su origen, hay un hecho indiscutible: el valor simbólico de la sopa puede verse cada 1º de enero, cuando los haitianos, ya sea en su país o en el extranjero, dan la bienvenida al nuevo año, yendo de una casa a otra, disfrutando de la sopa y celebrando el nacimiento de Haití como nación soberana y libre.
“Con la agitación socio-política, estamos construyendo muros alrededor unos de los otros, y creo que la sopa puede ser una forma muy poderosa de derribar estos muros”, dijo Dupuy. “El hecho de tener esta oda a la libertad, esta fe inquebrantable en un mañana mejor, la unión y el hecho de que sabe bien, es para mí la trifecta”.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de marzo de 2021, 7:32 p. m..