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Inmigración en Hungría: Una pesadilla indescriptible


Aferrada a su pequeño hijo, esta mujer, que busca refugio en Europa, se ha lanzado a la vía férrea en Bicske, Hungría, y se niega a que la lleven a un campo de refugiados.
Aferrada a su pequeño hijo, esta mujer, que busca refugio en Europa, se ha lanzado a la vía férrea en Bicske, Hungría, y se niega a que la lleven a un campo de refugiados. AP

Lejos de ceder, la crisis de los inmigrantes en Europa adquiere la magnitud de una tragedia que sobrepasa la capacidad de las personas más endurecidas para asistir a ella sin inmutarse. Todas las imágenes son perturbadoras, pero lo son especialmente aquellas que reflejan la angustia, el peligro –y la muerte– de niños pequeños.

La gente que escapa en masa de las interminables atrocidades de la guerra de Siria, vive la pesadilla de huir por mar y por tierra, sin saber siquiera si llegarán vivos a alguna parte, y cuando creen que lo han conseguido, se ven en una trampa –en una estación de trenes, un vagón en medio de la vía, un camión cerrado o un campamento– casi a las puertas de un refugio que los hará libres, aterrorizados por la posibilidad de ser devueltos a su sitio de origen.

Más poderosas que cualquier relato de la tragedia, las imágenes que hoy llegan de Europa y del Cercano Oriente hielan la sangre. Un día después de que una foto de un niño muerto en una playa turca estremeciera al mundo, otra imagen, esta vez de una mujer acostada sobre los rieles del ferrocarril frente a los policías, aferrada a su hijo, vuelve a ser desgarradora.

Esto ocurre en Hungría, donde cientos de inmigrantes rehusaron salir de un tren que debió llevarlos hasta la frontera austríaca para salvar sus vidas y su esperanza.

Los viajeros denuncian una “trampa” de las autoridades húngaras, que, según ellos, quieren trasladarlos a un campamento de refugiados.

“¡Máteme, máteme, prefiero morir que ir a su campamento!”, dijo un iraquí a la policía, frente a las cámaras, delante del tren detenido en la pequeña estación de Bicske, a unos cuarenta kilómetros de Budapest, la capital húngara.

“'Auxilio!”, “¡Germany!”, “¡No camp!”: otros inmigrantes, en su mayoría sirios, también exigieron poder continuar el trayecto, previsto hasta la frontera austríaca.

El tren verde de la compañía MAV, tomado por asalto por al menos 200 inmigrantes el jueves cerca del mediodía, debía oficialmente ir a Szombathely y Sopron, dos ciudades fronterizas.

Pero al llegar a Bicske, luego de diez kilómetros, el tren se inmovilizó y la policía emprendió la tarea de sacarlos, según la agencia de prensa oficial MTI, y obligarlos a subir a autobuses con destino a un campamento de refugiados local.

La cadena británica de televisión Sky News difundió imágenes de policías con cascos que trataban de llevarse a una mujer que gritaba, acostada sobre las vías, con su niño en los brazos.

La situación se calmó en la tarde, y los numerosos policías antidisturbios se limitaban a rodear el tren.

A causa del calor, algunos viajeros tuvieron malestares y fueron atendidos por socorristas de la Cruz Roja, mientras los niños lloraban, constataron periodistas de la AFP.

Algunos inmigrantes rechazaron las botellas de agua que les ofrecían las fuerzas del orden y botaron el contenido, constató la AFP.

La detención súbita del tren en Bicske, localidad que alberga uno de los principales campamentos de refugiados, fue calificada por un buen samaritano que se identificó como portavoz de los migrantes, de “trampa” tendida por las autoridades.

El tren había salido de la estación de Keleti Budapest, reabierta en la mañana después de dos días de cierre a causa de la oleada de inmigrantes que buscan llegar al oeste de Europa.

Frente a la amplitud del fenómeno, Hungría, uno de los principales países de tránsito de migrantes en Europa central, suspendió el martes hasta nueva orden los enlaces ferroviarios internacionales.

El tren debía llevar a los pasajeros a solo unos kilómetros de la frontera austríaca. La compañía nacional austríaca ÖBB había anunciado que estaba dispuesta a aumentar sus capacidades para llevar a los migrantes desde Sopron hasta Viena.

Unos 2,000 refugiados se encontraban el jueves todavía en la estación de Keleti, según un cálculo del Alto comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR).

Otro tren abandonó la estación llevando a bordo una centenar de migrantes, así como policías con cascos, oficialmente con destino a la ciudad de Györ, situada a medio camino entre Budapest y Viena, cerca de la frontera eslovaca.

La impaciencia crecía entre los inmigrantes que esperaban en la estación.

“Gasté 700 euros el lunes en billetes de tren con destino a Munich con mi familia, nos estafaron”, dice un padre de familia sirio.

El primer ministro conservador húngaro “Viktor Orban me hace pensar en Bashar al Asad. Dejé Siria porque tenía temor de que la policía me detuviera, y aquí tengo la misma sensación”, aseguró por su parte Bassel, estudiante de medicina originario de Damasco.

Orban había declarado en Bruselas que la crisis migratoria no es “un problema europeo sino alemán”.

“Nadie quiere quedarse en Hungría, Eslovaquia, Estonia, Polonia. Todos desean ir a Alemania. Nuestra tarea es solo registrarlos y los registramos”, dijo Orban, para quien el flujo masivo de migrantes amenaza la “raíces cristianas” de Europa.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de septiembre de 2015, 10:18 p. m. with the headline "Inmigración en Hungría: Una pesadilla indescriptible."

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