Hungría cierra sus fronteras a los refugiados
Zaina está cansada después de un largo día de viaje desde Siria. A pesar de ello, con esperanza, sonríe aliviada sabiendo que su objetivo de llegar a Europa está a punto de concluir, solo la separan una milla y media de la frontera. Acaba de llegar a Horgos, ciudad limítrofe entre Serbia y Hungría, punto que separa a Europa de los Balcanes. Esta mujer, menuda y sonriente, se apresura para alcanzar la ciudad húngara de Roszke en las últimas horas en que la frontera estará abierta. Son las 10:45 p.m. y las autoridades húngaras han anunciado que cerrarán definitivamente el paso. Ella carga en sus brazos a su bebé Gayland, de 1 mes de vida, junto a sus tres hijos: Mhamad de 6, Ahmad de 5 y Sheho de 4.
Esta familia oriunda de Alepo quiere llegar a Alemania. Han tenido suerte. Son los últimos refugiados sirios que lograron cruzar un poco antes de que la frontera húngara pusiera el cerrojo. Una medida implementada por el gobierno de Viktor Orban, a partir de este martes, y que viene acompañada por una nueva ley que criminaliza la entrada ilegal al país de cualquier persona, donde hasta el lunes han logrado cruzar 9,000 migrantes, según datos del gobierno húngaro.
El Nuevo Herald acompañó en la travesía desde Serbia –país que no pertenece a la Unión Europea– hasta la frontera con Hungría, a un grupo de niños refugiados, en su mayoría de Siria. Sin embargo, el influjo de miles de migrantes entrando a Europa comenzó hace dos años, debido a los conflictos de guerra en zonas de Oriente Medio, así como de Afganistán, Paquistán, Eritrea y algunos países de África. Pasada la medianoche, los últimos refugiados que llegaban al control fronterizo no se habían enterado del cierre. No lograban entender lo que pasaba. Por el camino muchos animaban con un “yala, yala”, palabra árabe que expresa “vamos”. Y al llegar a la frontera, miraban a la verja que separa los dos países, controlada por unos 30 policías, y atónitos, guardaban la esperanza de que la frontera volvería a abrir. Sin embargo, al amanecer del martes, Hungría declaró estado de emergencia la frontera con Serbia, mientras unos cien refugiados se acercaban a la verja arengando “Germany, Germany”. Sin eco, tendrán que dar la vuelta y buscar una nueva ruta para lograr el sueño de entrar a Europa.
Fanático del fútbol
Mhamad, con solo 5 años, ha tenido que dejar su pelota y amigos en Alepo, Siria, para comenzar una larga travesía que lo ha llevado por Turquía, Grecia, Macedonia y Serbia. A su temprana edad se ha tenido que hacer hombrecito para ayudar a su madre con sus tres hermanos. Desde que nació ha debido ser independiente. Al año de nacer llegó su hermano Ahmad, luego Sheho y hace nada más que un mes, –justo antes de partir a tan larga travesía en tren, ómnibus, y una débil embarcación para cruzar el mar desde Turquía a Grecia–, su hermanito Gayland. Su familia sueña con pisar Alemania, donde tienen un tío y primos. Mhamad esta muy cansado. Y aún le queda trayecto por andar. El bus que lo lleva a Horgos, en la frontera de Serbia con Hungría, no será su última parada. Una vez que cruce a Europa, deberán tomar un tren hasta Austria y de allí seguir camino a Alemania. Él y su familia han tenido suerte, lograron cruzar el paso fronterizo, y en el próspero país germano pretende seguir jugando a la pelota, en un campo libre y sin miedos.
En Siria quedó su madre
Hassan al Matar, de 7 años, espera en la larga cola que se organizó para que pudieran entrar a Hungría. Desde Siria viaja en un grupo de 20 personas, todos de Alepo, algunos son familia y otros amigos del mismo barrio, quienes han logrado reunir el dinero suficiente para embarcarse en la larga travesía europea. Hassan va acompañado por su tío. Su padre murió en una explosión en Damasco. Y su madre se quedó en Siria cuidando de sus hermanitos más pequeños, ya que no alcanzó el dinero para costear el viaje de toda su familia. Ahora Hassan, con Europa de frente, será el único miembro de su clan que habitará en un país en paz. Y pretende algún día ayudar a su mamá, estudiar, y con el tiempo trabajar y poder traerla a Alemania, o al país que le asignen cupo de refugiado.
ISIS se llevó a su padre
Satmeh aún no habla ni camina. Tiene tres meses de vida. En su corta existencia ya ha emprendido un largo viaje desde Siria junto a su madre y cuatro hermanos, el mayor de 8 años, quien a su edad, hace de padre de familia, reprimiendo y guiando a sus hermanitos. Al bajar del ómnibus en Horgos, Serbia, deben seguir caminando hasta la frontera con Hungría. Comienza a lloviznar, y Satmeh, llora. Sus hermanos, cargando bolsas de ropa y algo de comida, pierden energías y van dejando bultos por el camino. Están agotados, también lo está su madre. Queda poco por lograr la meta final tras largo recorrido. Y en el trayecto, ayudada por un compañero sirio que habla un poco de inglés, la madre explica que quiere ir hasta Suecia con sus hijos. Ahorra palabras para centrarse en el caminar, hasta que le pregunto por el marido, entonces sobreviene un silencio. Tan solo responde: ISIS. Allí es cuando el traductor espontáneo dice que el marido de la mujer ha sido raptado por la milicia y que no se sabe si está vivo o muerto.
Un adolescente que viaja solo
Hammuod Skandar viaja solo. Es uno de los miles de jóvenes que ha emprendido el viaje dejando atrás a sus familias en Siria. A sus 16 años ha tenido que madurar rápidamente y aprender a organizar su vida y finanzas. Su familia vendió gran parte de sus bienes para costear el viaje de Hammuod, quien, en lo que va de trayecto, ya ha gastado $3,500. Afortunadamente viaja con un grupo de personas a quienes ha abrazado como su nueva familia. Ellos le han ayudado a negociar con los traficantes los precios de taxis, buses, e incluso su travesía para cruzar el Mar Egeo, y con ellos emprendió la ruta por los Balcanes. Eso sí, siempre en contacto con su familia en Siria. Como muchos, viaja con un teléfono inteligente, por ello, cada vez que puede, envía mensajes de Whatsaap. Pero para mantener cargada la batería en el camino le han cobrado por todo, ha tenido que pagar un dólar el minuto. “Sabemos que las mafias nos cobran el doble, pero no tenemos otra opción”, sentencia.
Europa cerró las puertas en su nariz
A las dos de la madrugada del martes Gihan Deli, de 14 años, pregunta: “¿Qué haremos ahora?” Hungría acaba de poner fin a la entrada libre de inmigrantes. Desde este momento, cada persona que cruce, si lo logra, irá a la cárcel. Con mucha calma, Gihan abraza a su madre. Explica que llevan diez días viajando desde Turquía, país que han residido los últimos dos años, cuando abandonaron Kobane, en Siria. Gihan habla inglés con bastante fluidez, “es lo que aprendí en el colegio en Kobane”, explica. Sus estudios los suspendió al emigrar con su familia a Turquía, ya que hace dos años que no pisa un colegio. El primero que partió rumbo a Europa fue su padre, quien espera a su hija y esposa en Viena, Austria, pero con el cierre impuesto por Hungría, será difícil que se vuelvan a reencontrar pronto. “Quiero abrazar a mi papá, ojalá pueda ser pronto”, remarca triste pero con firmeza.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2015, 9:31 p. m. with the headline "Hungría cierra sus fronteras a los refugiados."