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El 2015 en España, un año de turbulencias políticas

El movimiento por la independencia catalana polarizó a la sociedad española en el 2015. La habitual concordia entre los ciudadanos se puso a prueba en medio de la crisis económica.
El movimiento por la independencia catalana polarizó a la sociedad española en el 2015. La habitual concordia entre los ciudadanos se puso a prueba en medio de la crisis económica. AFP/Getty Images

Cuatro convocatorias electorales (Andalucía, municipales y autonómicas, Cataluña y generales) han marcado el año 2015 en España y han sido el preludio de un 2016 que amanece con la misma tendencia en el horizonte.

El gobierno nacional sigue en el aire tras la victoria por la mínima del Partido Popular (PP), necesitado de pactos para sobrevivir en el poder. Y Cataluña parece desde ayer abocada a nuevas elecciones, después del rechazo de los soberanistas de la Candidatura de la Unidad Popular (CUP) a investir al president Mas. “Por muchas razones 2015 será recordado como el año del cambio. Ya nada volverá a ser igual. Ha sido un año histórico”, escribía en Nochevieja Casimiro García-Abadillo, en las páginas del diario El Mundo.

“El 2015 es el año en el que se confirma el declive del bipartidismo, tras la llamada de atención de las europeas de mayo del 2014 cuando irrumpió Podemos en la escena política con cinco eurodiputados”, señala Alvaro Nieto, subdirector de la revista Tiempo. “La duda es si este declive, con el PP y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) rondando el 50% del voto, va a ir a más”, añade Nieto. “Si vuelve a haber elecciones, el PP puede recuperarse y el PSOE tiene cierto suelo. Las elecciones de Podemos y de Ciudadanos no son las de 2015 o 2016, son las siguientes”, explica Nieto, experto en la realidad política española.

El año electoral arrancó en primavera con las elecciones anticipadas en Andalucía, donde la presidenta socialista, Susana Díaz, quien ahora desafía en el PSOE al candidato a la presidencia del país, Pedro Sánchez, logró mantenerse en el poder gracias a la abstención de Ciudadanos, la fuerza emergente de centroderecha. “Susana Díaz consiguió revalidar la fuerza del PSOE en Andalucía, algo que ni ellos mismos esperaban”, señala Ana Romero, redactora del Diario Córdoba. Aún así necesitó la abstención de Ciudadanos. El PSOE, que ahora tiene en sus manos la llave del gobierno nacional, pese a haber pisado suelo electoral con tan sólo 90 diputados, cuenta con su principal granero de votos en Andalucía. “Al PP le ha costado hacerse un hueco aquí por razones históricas ya que se le identifica con los ‘señoritos’. A la vez, el discurso nacionalista en Andalucía ha quedado en manos del PSOE”, añade Romero.

El PSOE tiene la llave actualmente porque es la única fuerza que puede permitir un gobierno del PP, un gobierno de fuerzas de izquierdas, o bien propiciar la convocatoria de nuevas elecciones. “Si el PSOE busca sobrevivir como partido, optará por volver a las urnas. El votante fiel puede volver. Sobre todo, si cambian de líder”, afirma Nieto.

Otra observadora de la actualidad política en Andalucía, la columnista Berta Gónzalez de Vega, del diario El Mundo, mantiene que “es el momento de ver si las fuerzas políticas anteponen los intereses del país sobre los intereses del partido, o los intereses personales”. Según González de Vega, “la generosidad de todos debería guiar esta segunda transición”. La columnista malagueña denuncia que en España hasta ahora “el poder se concentra en el jefe del Gobierno y en el líder de la oposición” y reclama una “despolitización de la gestión” para que 2015 y 2016 no sean “los años de las oportunidades perdidas”.

Tras el anticipo andaluz, las elecciones autonómicas y municipales de mayo ya dieron fe de que se estaba gestando un cambio en el escenario político. El PP experimentó un retroceso considerable, y cosechó un 25% de los votos, perdió algunas comunidades, y sobre todo, hubo de ceder el gobierno a fuerzas de izquierda en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Cádiz. La juez Manuela Carmena en Madrid y la líder del movimiento social antidesahucios Ada Colau cosecharon el primer gran éxito de los colectivos que se rebelaron contra los ajustes y abanderaron a los indignados del 15-M. Las fuerzas tradicionales dejaban paso a otros actores políticos de la mano de la generación nacida ya en democracia, los menores de 40 años, un 37% del electorado.

Estos nuevos actores políticos se diferencian de los tradicionales por reclamar la regeneración democrática y ofrecer una imagen renovada y más telegénica de la izquierda (Podemos) y la derecha (Ciudadanos). Podemos procede del mundo universitario y sus dirigentes, sobre todo Pablo Iglesias, se mueven con soltura en la televisión y en las redes sociales. Ciudadanos surgió en Cataluña “como respuesta a la hegemonía nacionalista edificada por el pujolismo”, en palabras del diario catalán La Vanguardia. La crisis económica, que en su peor fase llegó a registrar tasas de paro de un 25%, especialmente grave en los jóvenes, y la corrupción en los partidos tradicionales y esferas del poder han dado un empuje extraordiario y en un tiempo récord a estas formaciones políticas.

En las generales Podemos consiguió 69 diputados y Ciudadanos, 40. Entre las dos fuerzas políticas lograron unos nueve millones de votos. “Ya no son partidos emergentes, sino partidos emergidos. Representan las dos caras de la misma moneda. Introducen en el escenario nuevas divisiones que se suman a la tradicional ideológica (izquierda, derecha): la generacional (joven, viejo) y lo regeneracional (lo viejo o corrupto y lo nuevo o limpio)”, explica Borja Lasheras, analista del ECFR/Madrid.

Otra de las segmentaciones es la territorial y ahí aparece Cataluña en su esplendor. Las elecciones del 27-S desembocaron en una nación dividida casi salomónicamente entre los partidarios del proceso soberanista que desembocaría en la independencia, y los detractores. La investidura del candidato a la presidencia de la Generalitat de Cataluña quedó en manos de los 10 diputados de la CUP, movimiento asambleario independentista de izquierdas. Tras meses de negociaciones, la CUP votó ayer domingo en contra de la investidura de Mas como presidente. Junts pel Sí, fuerza más votada, ha insistido en mantener a Mas.

La única manera de evitar nuevos comicios en Cataluña sería que Junts pel Sí cambiara de candidato, a lo que se ha negado hasta ahora. De seguir así, las elecciones se convocarán antes del 10 de enero y se celebrarán en marzo. “Cataluña ha aprovechado la debilidad de España y la incertidumbre para acelerar el proceso. Han intentado forzar la máquina”, señala el periodista Álvaro Nieto, quien cree que ya es tarde para que Madrid acepte un referéndum en Cataluña porque, a su juicio, exacerbaría “la polarización de la sociedad catalana”. Podemos, que ha logrado 12 escaños en Cataluña gracias al empuje de la alcaldesa Ada Colau, defiende la consulta en las negociaciones para formar gobierno en Madrid con el PSOE.

El futuro político en Cataluña se ve ligado al escenario nacional. Si Cataluña vota de nuevo, es más probable que en España también se repitan las elecciones, que o bien serían a la vez que en Cataluña, en marzo, o más probablemente en mayo o junio, por plazos legales. En caso de inminente amenaza soberanista, el PSOE estaría más forzado a un pacto con PP y Ciudadanos para contrarrestar el golpe. “España se encuentra en un momento crucial. Como en la película Match Point de Woody Allen la pelota puede chocar con la red y decantarse para un lado y perdemos el punto, o para el otro y lo ganamos. Podríamos avanzar hacia una consolidación del sistema democrático, o bien retroceder al punto de partida”, concluye Borja Lasheras. 2016 llega así como el año del partido decisivo.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de enero de 2016, 7:36 p. m. with the headline "El 2015 en España, un año de turbulencias políticas."

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