YO SOY CHARLIE: El mundo condena el ataque terrorista en París a Charlie Hebdo
A las 11:30 de la mañana del pasado miércoles París fue sacudida por el atentado terrorista más sangriento desde que en 1961 la OAS (Organización Armada Secreta) colocara una bomba en el tren París-Estrasburgo causando 28 muertos.
La amenaza terrorista, alentada por el islamismo radical, se ha cernido desde hace décadas sobre Francia. No es la primera vez que en los últimos tiempos ocurre un acto de esta naturaleza. Lo que sí constituye una novedad es que por primera vez el blanco ha sido un medio de comunicación, una publicación periódica, un símbolo de la libertad de pensamiento y de expresión, o sea, uno de los pilares fundamentales de la democracia.
Charlie Hebdo, uno de los semanarios satíricos más populares de Francia, fue el escenario de una abominable masacre. Su equipo de diseñadores (con el director incluido) fue, en menos de 20 minutos, asesinado de una manera cuya violencia extrema solo es igualable a la de las películas del género. Dos individuos encapuchados y armados hasta los dientes penetraron en la sede (prácticamente desconocida debido a un atentado anterior) de la publicación. A sangre fría matan a cinco de sus principales caricaturistas (Charb, Cabu, Tignous, Honoré y Wolinski) reunidos en la mesa de redacción, además de a tres colaboradores, un economista, una psicóloga y un policía encargado de proteger a Charb, el director, y a otro saliendo del edificio. Doce personas acribilladas a balazos en el interior del recinto y varios heridos graves fue el saldo de esta matanza.
Media hora después, por medio de las redes sociales, las pantallas de los móviles, las fotos de perfiles en cuentas virtuales (Facebook, Twitter, etc.) comenzaron a llegar las imágenes que desde hace dos días dan la vuelta al mundo. En una de ellas aparece una frase escrita en blanco sobre negro y se lee en francés “Je Suis Charlie” (Yo soy Charlie).
Sin convocación previa, la Plaza de la República comenzó a llenarse poco a poco de parisinos. Cuando el Sindicato General de Trabajadores (CGT) de la prensa hizo el llamado a una concentración en ese sitio, ya cientos de personas de edades y orígenes muy diversos llevaban horas parados bajo el frío al pie de la estatua que representa a la República Francesa. El instinto democrático, el de defender los valores inherentes a esta sagrada institución, los condujo de forma espontánea hasta este espacio que simboliza el largo camino de Francia hacia el país que es hoy.
El silencio ha sido en los momentos más trágicos, cuando no hay palabras para describir el dolor, la tristeza, la decepción, el espanto y la rabia, la mejor arma contra los criminales. El silencio en la plaza podía por momentos palparse porque en lugar de las voces y de los gritos, lo que hablaban eran las miradas duras, fijas, graves, profundas, de la gente de París. Así estuvieron por más de una hora hasta que comenzaron a los cantos, algunas notas de La Marsellesa, las frases a coro. Allí se reunieron en menos de seis horas 35 000 personas, convencidas de que ahora más que nunca la libertad de expresión no se las arrebatará una banda de terroristas.
Algunos tuvieron tiempo de dibujar una pancarta, otros exhibían las portadas humorísticas del semanario imprimidas en la premura desde internet, las velas de las tiendas aledañas se agotaron en breve, y en las papelerías no quedó un solo lápiz (símbolo por excelencia de los diseñadores gráficos). Entre las imágenes se vaía una de las que le costó al semanario la amenaza de muerte por parte del fundamentalismo islámico. Se titula “Mahoma no da abasto con los integristas” y en ella se ve a un profeta desesperado, con las manos cubriéndose los ojos, que dice “¡Qué duro es ser querido por gente tonta!”.
En las calles de París se respira un ambiente de crispación. A la perplejidad con que muchos recibieron la noticia de la barbarie se sumó inmediatamente la ira contenida, la reflexión profunda en materia de cuáles son los verdaderos peligros que nos acechan, de la necesidad de cambios reales en la política que endurezcan nuestras leyes. Los franceses empiezan a cansarse de que les pisoteen el suelo, de que les chiflen el himno, y les mancillen a menudo una República que tanta sangre y lágrimas les ha costado.
Sí, es duro ser amado por personas intolerantes, incultas, soeces; también es duro hacerle entender a esos mismos fanáticos que el humor, la sátira y la risa son conquistas fuertemente ancladas en las sociedades libres, en los medios periodísticos, en las tribunas públicas del Occicente democrático. Los franceses tienen una larga tradición en este ámbito. Los problemas políticos serios, los grandes escándalos de corrupción e, incluso, las meteduras de patas del mismísimo Presidente de la República y sus ministros, se tratan por medio de la risa y de las más mordaces caricaturas en prensa o programas televisivos de los que el semanario Le Canard Enchaîné y el Guignol de l’Info son los mejores ejemplos.
El impacto de lo sucedido es enorme. Las consecuencias difíciles de predecir. En todas las ciudades y pueblos de Francia el movimiento de solidaridad está llenando plazas y espacios públicos. El gobierno ha decretado tres días de duelo nacional y todas las banderas han sido atadas a sus astas con cintas negras. Grandes concentraciones se prevén este fin de semana.
Una de las imágenes recurrentes ha sido el de una Plaza de la República repleta y un lema sobre la imagen que dice: “12 muertos, 66 millones de heridos”, en clara referencia a los 66 millones de ciudadanos franceses. Y otro: “Quisieron poner a Francia de rodillas, han conseguido que todo un pueblo se levante”.
Ya no son solo “Charlie” los ciudadanos de Francia. De todas partes del mundo llegan imágenes de actos similares. Hoy medio planeta se ha cambiado el nombre y medio planeta sueña con hojear y reírse a mandíbula batiente con las brillantes caricaturas de Charlie Hebdo.
¡Qué mejor homenaje para estos hombres que han muerto defendiendo el bien sagrado de la libertad!•
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de enero de 2015, 9:07 p. m. with the headline "YO SOY CHARLIE: El mundo condena el ataque terrorista en París a Charlie Hebdo."