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Esposa se aparece en su funeral, sorprendiendo al marido que la mandó a matar

“Mi situación, mi vida pasada?. Eso se acabó. Estoy comenzando una nueva vida ahora”, dijo Noela Rukundo, a quien su ex marido mandó a matar.
“Mi situación, mi vida pasada?. Eso se acabó. Estoy comenzando una nueva vida ahora”, dijo Noela Rukundo, a quien su ex marido mandó a matar. Cortesía: Australian Broadcasting Corporation

Sentada en un auto frente a su casa, Noela Rukundo miró marcharse a los últimos dolientes. Ellos salían de un funeral: el de ella.

Finalmente, vio al hombre al que esperaba. Ella salió del carro, y su esposo se puso las manos en la cabeza, horrorizado.

“¿Son mis ojos?”, dijo, según ella. “¿Es un fantasma?”

“¡Sorpresa! ¡Estoy viva todavía!”, dijo ella.

Pero el hombre no pareció contento, sino aterrorizado. Cinco días atrás, él había ordenado a un grupo de matones que asesinaran a Rukundo, su compañera de 10 años. Y ellos lo hicieron; o, mejor dicho, le dijeron que lo habían hecho. Ellos incluso consiguieron que él les pagara varios miles de dólares extra por llevar a cabo el crimen.

Y ahora su esposa estaba aquí frente a él. En entrevista con la BBC el 4 de febrero, Rukundo contó que él le tocó el hombro, y para su alarma lo encontró sólido y corpóreo. Entonces él empezó a gritar.

“Lo siento, lo siento mucho”, gritaba.

¡Sorpresa! ¡Estoy viva todavía!

Noela Rukundo le dijo a su marido

Pero era muy tarde ya para las disculpas; Rukundo llamó a la policía. El esposo, Balenga Kalala, acabó declarándose culpable y fue sentenciado a nueve años por incitación al asesinato, según la Corporación de Telecomunicaciones de Australia (Australian Broadcasting Corporación, ABC).

UNA MUJER VALIENTE

El final feliz —o tal feliz por lo menos como se puede esperar de una historia en que un hombre trata de hacer matar a su esposa— fue posible gracias a tres asesinos con principios, la ayuda de un pastor y una mujer increíblemente valiente: la misma Rukundo.

Esta es la historia de cómo ella lo consiguió.

La odisea de Rukundo empezó hace casi un año exacto, cuando ella viajó con su esposo Kalala de Melbourne para asistir a un funeral en su Burundi natal. Su madrastra había muerto, y el servicio la hizo sentir triste y estresada. Ella se retiró a su cuarto de hotel en Bujumbura, la capital, temprano en la noche; deprimida tras los sucesos del día, se tiró en la cama. Entonces la llamó su esposo.

“Él me dijo que saliera a coger un poco de aire fresco”, dijo ella a la BBC.

Pero en el mismo momento que Rukundo puso un pie fuera del hotel, se le acercó un hombre y le apuntó con una pistola.

“No grites”, contó ella que él le dijo. “Si empiezas a gritar, te disparo. Me agarrarán, pero, ¿tú? Tú ya estarás muerta”.

Rukundo, aterrorizada, hizo lo que le decían. La metieron en un auto y le vendaron los ojos, de modo que ella no podía ver dónde la llevaban. Luego de 30 o 40 minutos, el auto se detuvo, y Rukundo fue empujada dentro de un edificio y atada a una silla.

Ella podía oír voces masculinas, dijo a ABC. Uno de ellos le preguntó: “Tú, mujer, ¿qué le hiciste a este hombre para que él nos pagara para matarte?”

“¿De qué hablas?”, exigió Rukundo.

“Balenga nos mandó a matarte”.

Ellos estaban mintiendo. Ella se lo dijo a ellos. Y ellos se rieron.

“Eres una tonta”, le dijeron.

Escuchó el sonido del tono de discar, y la voz de un hombre por el altavoz de un teléfono. Era la voz de su esposo.

“Mátenla”, dijo.

Y Rukundo se desmayó.

UN VIAJE DESDE BURUNDI

Rukundo había conocido a su esposo 11 años atrás, justo después de llegar a Australia procedente de Burundi, según la BBC. Él era un reciente refugiado de la República Democrática del Congo, y ellos acudían al mismo trabajador social de la agencia de reasentamiento que los ayudó a salir adelante. Como Kalala ya hablaba inglés, su trabajador social lo llamaba a menudo para que tradujera a Rukundo, quien hablaba swahili.

Se enamoraron, se fueron a vivir juntos en el suburbio de Kings Park en Melbourne, y tuvieron tres hijos (Rukundo ya tenía cinco hijos de una relación anterior). Ella aprendió más cosas sobre el pasado de su esposo; él había escapado de un ejército rebelde que saqueó su aldea y mató a su esposa y su hijo pequeño. Asimismo, ella aprendió más sobre el carácter de él.

“Yo sabía que él era un hombre violento”, dijo Rukundo a la BBC. “Pero yo no creí que él me pudiera matar”.

Pero, al parecer, él podía.

Rukundo volvió en sí en el extraño edificio cerca de Bujumbura, Burundi. Los secuestradores estaban allí todavía, dijo a la ABC.

Ellos no iban a matarla, le explicaron los hombres; a ellos no les gustaba la idea de matar mujeres, y ellos conocían al hermano de ella. Pero sí se iban a quedar con el dinero de su esposo y le dijeron que ella estaba muerta. Dos días después, la dejaron libre junto a la carretera, pero no sin darle antes un teléfono celular, grabaciones de las conversaciones telefónicas de ellos con Kalala, y recibos de los $7,000 en dólares australianos que supuestamente habían recibido en pago, según The Age, una publicación australiana.

“Queremos que regreses, que le digas a otras mujeres tontas como tú lo que pasó”, contó Rukundo que le dijeron los miembros de la pandilla antes de irse.

Agitada, pero viva y llena de determinación, Rukundo empezó a planear su próximo paso. Ella pidió ayuda a las embajadas de Kenya y Bélgica para regresar a Australia, de acuerdo con The Age. Luego, ella llamó al pastor de su iglesia en Melbourne, dijo a la BBC, y le explicó lo que le había pasado. Sin alertar a Kalala, el pastor la ayudó a regresar a su barrio cerca de Melbourne.

Mientras, su esposo le había dicho a todo el mundo que ella había muerto en un trágico accidente, y la comunidad entera estuvo de duelo en su funeral en la casa de su familia. En la noche del 22 de febrero del 2015, justo cuando el viudo Kalala decía adiós con la mano a los vecinos que habían venido a reconfortarlo, Rukundo se acercó al hombre cuya voz había escuchado en el teléfono cinco días atrás, ordenando que la mataran.

“Me sentí como alguien que hubiera resucitado”, dijo ella a la BBC.

Me sentí como alguien que hubiera resucitado

Noela Rukundo

cuyo marido la mandó a matar

Aunque Kalala negó inicialmente haber estado involucrado en nada, Rukundo consiguió que él confesara su crimen durante una conversación telefónica grabada en secreto por la policía, de acuerdo con The Age.

“A veces el diablo se le mete adentro a alguien para hacer algo, pero luego que lo hacen empiezan a pensar: ‘¿Por qué hice eso?’”, le dijo él, mientras le rogaba que lo perdonara.

Kalala acabó declarándose culpable del plan. Fue sentenciado a nueve años de cárcel por un juez en Melbourne.

“Si los secuestradores de la señora Rukundo hubieran hecho su trabajo completo, ocho niños hubieran perdido a su madre”, dijo la magistrada Marilyn Warren, según la ABC. “Fue algo premeditado y motivado por celos infundados, ira y el deseo de castigar a la señora Rukundo.”

Rukundo dijo que Kalala trató de matarla porque pensaba que ella iba a dejarlo por otro hombre, una acusación que ella niega.

Pero su odisea no ha terminado. Rukundo dijo a la ABC que ha recibido críticas de la comunidad congolesa de Melbourne por haber reportado a Kalala a la policía. Alguien le dejó mensajes telefónicos amenazándola, y un día ella volvió a su casa y encontró que habían forzado la puerta trasera. Ella tiene ahora que criar ocho hijos sola, y ha pedido al Departamento de Servicios Humanos que la ayude a encontrar un nuevo lugar donde vivir.

Y por la noche, en su cama, vuelve a escuchar la voz de Kalala: “Mátenla, mátenla”, dijo ella a la BBC. “Todas las noches, vuelvo a ver lo que viví esos dos días que pasé con los secuestradores”.

A pesar de todo, “Me mantendré erguida como una mujer fuerte”, dijo. “Mi situación, mi vida pasada, nada de eso existe. Ahora estoy empezando una nueva vida”.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de febrero de 2016, 0:51 p. m. with the headline "Esposa se aparece en su funeral, sorprendiendo al marido que la mandó a matar."

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