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Disparar a las piernas, el castigo favorito de los narcos al norte de París

“En Marsella, matan. Aquí, disparan a las piernas. Es una particularidad local”, cuentan los policías de la periferia norte de París, minada por los ajustes de cuentas entre narcotraficantes.

Frédéric Adnet es responsable de un servicio de emergencia en el departamento de Seine Saint Denis, colindante con el norte de París. Al analizar la lista de heridos por arma de fuego en la zona (33 el año pasado), le llamó la atención un detalle repetitivo: “muslo, muslo, pierna, rodilla -dos impactos-, rodilla…”.

“El número de heridas en las extremidades inferiores es sorprendente”, observa.

Un ejemplo de ello es lo ocurrido el 30 de enero en Stains, un importante centro de tráfico de droga del departamento: en plena noche, un hombre encapuchado y con guantes dispara a la rodilla a un joven, al pie de un edificio. Cinco días más tarde, una segunda víctima recibe un disparo en un muslo. “Partido de vuelta”, resume la policía.

Entretanto, en la localidad de Saint Denis, un tercer hombre recibe en el pie dos disparos de un atacante que iba en coche, a plena luz del día. Esta vez hay una víctima colateral: su hija de 12 años, herida de levedad en un codo.

Los ajustes de cuentas en Seine Saint Denis, a pocos kilómetros del centro de París, ya no se hacen asesinando, sino hiriendo de por vida, constata un agente de policía.

“¿Y esto por qué? Pues porque es más eficaz para dar un escarmiento. A un tipo que desaparece, al cabo de quince días todo el mundo lo olvida. Pero la cosa cambia cuando uno tiene que pasearse por el barrio con muletas o en silla de ruedas”, explica.

Otra hipótesis, añade este policía, es que “cuando se infligen lesiones con armas los autores no se exponen al tribunal de lo penal. Por tanto, tampoco se exponen a penas elevadas”.

“Hace diez años (…), en Stains, los tipos se mataban a tiros a diestro y siniestro. Ahora eso ha desaparecido por completo”, cuenta el funcionario, “estupefacto por estos actos punitivos”.

Una fuente policial del departamento estima que en 2015 hubo una veintena de ataques de este tipo. Dicha práctica tiene su origen en las “gambizzazioni” italianas, un “método” que consiste en disparar a las piernas sin intención de matar, del que eran adeptos tanto la mafia como las Brigadas Rojas en los años de plomo, entre finales de los 60 y comienzos de los 80.

Las secuelas a menudo son irreversibles. “Un fémur roto puede curarse, pero las víctimas cojean toda la vida”, afirma el doctor Adnet.

La frecuencia de estos ataques “va por fases, y depende del lugar, en función de las lógicas de territorio del narcotráfico”, indica otro policía de Seine Saint Denis.

“No obstante, siempre es igual: la víctima no se da cuenta de lo que ha podido pasarle, dice que es un error y no pone ninguna denuncia”, añade.

Uno de sus colegas pone el ejemplo de un chico que recibió disparos en las piernas en septiembre. “Cinco meses antes le había pasado lo mismo a su hermano, pero él no veía para nada la relación” entre ambos incidentes.

Algunos puntos de venta de droga “aportan hasta 25,000 euros al día”, según explicó una jueza, Fabienne Klein-Donati, en un acto de la magistratura celebrado el mes pasado para presentar el departamento.

Esos puntos de venta, “capaces de reorganizarse de inmediato tras una operación policial”, gozan de una “resistencia fuera de lo común”, gracias al “buen entendimiento” entre los jefes de las redes, según la jueza.

Precisamente, las agresiones tienen lugar cuando ese “entendimiento” se ve dañado.

En cualquier caso, para la policía, los disparos a las piernas son un quebradero de cabeza: “Ni víctima, ni testigo, ni arma. La omertà”.

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