La salida del Reino Unido de la Unión Europea estremece a Bruselas
La noticia ha sobrecogido a todos los eurodiputados. Es la primera vez que un país se retira de la Unión Europea, un proyecto que, desde la creación en 1951 de la Europa de los Seis, el primer embrión de una Europa integrada originalmente por Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Italia y la República Federal Alemana, no había cesado de crecer hasta constituir, con la entrada de Croacia en el 2013, un grupo de 28 países.
Ha triunfado, con un 51.9 % de votos a favor, el Brexit o salida del Reino Unido de la Unión Europea. La participación del 72. 2 % de la población en las urnas ha sido un récord.
Pero para muchos que el Reino Unido abandone la Unión es una excelente noticia. Por un lado, los populistas y tendencias de extrema derecha nacionalista de muchos países ven la brecha abierta para exigir un referéndum similar. Otros, los ciudadanos de a pie, consideran que el Reino Unido sólo servía para entorpecer medidas comunitarias, para exigir tratamientos “de excepción” y para dar muy poco y exigir, a cambio, mucho.
Londres no integró nunca los acuerdos de libre circulación de Schengen de 1985, ni la moneda común (euro) adoptada por 19 países ya. Además, desde 1984, el Reino Unido logró obtener con Margaret Thatcher una reducción de su participación presupuestaria en el proyecto europeo con el pretexto de que los gastos comunitarios en materia de agricultura no beneficiaban tanto a ese país.
Finalmente, para Francia la salida del Reino Unido de la Unión Europea significa también que el país no impedirá que los miles de emigrantes hacinados en los campos de refugiados de lo que se conoce como “la jungla de Calais”, a la espera de atravesar el Canal de La Mancha, abandonen las costas galas. Y así lo anunció en ministro francés de Finanzas, Emmanuel Macron
El euroescepticismo británico es tema muy antiguo. Se olvida a menudo que Gran Bretaña ha obstaculizado o ralentizado las posiciones comunes desde la mismísima creación de la Europa de los Seis, cuando se negó, inicialmente, a integrarla. En 1961, el primer ministro inglés Harold Macmillan quiso que su país integrara, diez años después, el proyecto pero fue entonces el general Charles de Gaulle, presidente de Francia, quien vetó mientras permaneció en el poder la entrada del país en la Europa Unida. Algo que sucedió tardíamente, en 1973, a la vez que se incorporaban Dinamarca e Irlanda. Recientemente, los líderes europeos cedieron al capricho de Londres de recortar los beneficios sociales de los trabajadores extranjeros para evitar, justamente, que el Brexit avanzara.
Sin embargo, lo que sí está claro es que el mundo de la industria, de las relaciones comerciales, y de las finanzas se verá muy afectado a corto plazo, y que el libre intercambio de productos entre el continente y las islas británicas no se realizará con la misma libertad y fluidez.
Se piensa incluso que la famosa City de Londres dejará de ser el corazón económico del continente, en favor de Fráncfort o de París.
CONSTERNACIÓN EN BRUSELAS
En el seno del Parlamento de Bruselas, Mae Liz Orrego Wennick, con sus 34 años, ocupa un puesto privilegiado. Nacida en La Habana, salió de Cuba hacia Suecia en 1996 con su familia por reunificación familiar. En el país escandinavo cursó estudios universitarios y se naturalizó. Hoy día es consejera política del grupo ALDE a nivel europeo y ha sido contratada por el Parlamento como responsable de la sección Europa del Sur, Reino Unido e Irlanda para dicho grupo en materia de transporte, infraestructuras y Mercosur. Con anterioridad trabajó para la SILC (Internacional Liberal) y Freedom House en temas relacionados con la democracia en América Latina.
Al preguntarle qué reacción ha habido en el Parlamento de Bruselas al saberse la noticia afirma que todos están consternados.
“El ambiente está muy cargado, se puede cortar el aire que respiramos. La prensa ha abarrotado el espacio y hay un silencio sepulcral en los pasillos”, dijo.
De hecho, se ha convocado a un pleno extraordinario para el martes próximo, y no hay duda de que la última sesión de Estrasburgo, antes del verano, será muy tensa.
Para Orrego Wennick las consecuencias del Brexit que veremos a largo plazo pueden ser muchas.
“En Escocia y en Irlanda del Norte la mayoría votó la permanencia en la Unión, lo cual obligará al Reino Unido a buscar una salida pues el gobierno de ambos exigirá un referéndum independiente. Lo mismo sucede con Gales, en donde fue muy reñida la votación”.
Por otra parte, recuerda que tendrá que ser respetado el mandato de los eurodiputados británicos hasta mayo del 2019 y que, más tarde, tendrán que negociar la salida de forma ordenada, con vistas a reducir los daños colaterales. “Lo que cuenta ahora es reformar la institución europea y renegociar el Tratado de Lisboa para poner freno a la oleada de populismo actual”.
La Francia de los partidiarios de Le Pen y la Holanda de los de Wilders se frotan las manos con esta noticia. Ambos partidos de extrema derecha se pronuncian desde hace tiempo a favor de la salida de Europa, del restablecimiento de las fronteras, de la vuelta a las monedas de antes del euro y exigen, por su parte, un referéndum similar.
Para Orrego Wennick se trata de una tendencia muy peligrosa, basada en el populismo y en el odio visceral hacia el proyecto comunitario. “Estos individuos, fuera del tema en que proyectan su demagogia, son incapaces de proponer una política de gobierno real. Sus retóricas son destructivas y manipuladoras”.
Los resultados inmediatos ya se pueden apreciar. Se han desplomado las bolsas, la libra ha caído a niveles de 1985, comienza la fuga de capitales y cunde el pánico entre los inversores. Todo ello acarrea gran inestabilidad económica.
Como consejera sueca ante el Parlamento, Orrego Wennick cree que una de las economías más sólidas del mundo, la del Reino Unido, puede verse afectada en lo inmediato. Los británicos tendrán que pagar las mismas sumas que antes pero sus productos no entrarán con la misma facilidad que ahora en el resto del continente. La repercusión negativa en las ventas se verá inmediatamente.
Convencida de que el proyecto mancomunado europeo representa progreso, paz y una base sólida de desarrollo para todo el continente, estima también que la salida de Londres es un duro golpe para todos.
“Se trata ahora de enviar un mensaje claro a todos los miembros y reactivar el artículo 50 del Tratado de la Unión que regula el procedimiento de retirada”.
Por lo pronto el primer ministro británico David Cameron ha anunciado su renuncia para octubre del 2016 y en Bruselas se mueven fichas en todas las direcciones para evitar, según la entrevistada, la disolución del resto del proyecto.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de junio de 2016, 9:44 a. m. with the headline "La salida del Reino Unido de la Unión Europea estremece a Bruselas."