España en vilo por el pulso entre Rajoy y Sánchez
El reloj de la democracia ha vuelto a ponerse en hora en España, pero las manecillas avanzan lentamente.
Dos meses después de las elecciones del 26 de junio, el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, acudirá al debate de investidura el 30 de agosto y, en las votaciones del 31 de agosto y el 2 de septiembre, contará con sus 137 diputados y con los 32 de Ciudadanos, el partido de centroderecha que lidera Albert Rivera. Pero este respaldo es aún insuficiente para formar gobierno.
El PP y Ciudadanos, que escenificaron esta semana “el principio de un gran amor”, en palabras del dirigente popular Rafael Hernando, están pendientes del voto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Si hubiera terceras elecciones, debido a los plazos marcados por la fecha de investidura, se celebrarían el día de Navidad, un elemento de presión añadido.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha ratificado esta semana su rechazo a Rajoy, e incluso ha anunciado que votarán en contra de los presupuestos. Rajoy y Sánchez mantienen un pulso de resultado incierto.
“Ahora el PSOE lo tiene difícil para dar marcha atrás y abstenerse. Creo que votarán no. En otoño ya es difícil predecir qué puede pasar. Hay demasiados factores en juego”, afirma Jesús Maraña, director de Infolibre.
En la primera votación, el 31 de agosto, el candidato a presidente del gobierno necesita mayoría absoluta y Rajoy contaría con 169 votos favorables y previsiblemente uno más de Coalición Canaria. Ciudadanos ha logrado que el PP acepte sus seis condiciones para la regeneración democrática, que incluyen una comisión de investigación sobre la presunta financiación ilegal del partido. Pero el pacto está condicionado a que Rajoy sea jefe del gobierno.
Si el dirigente no logra la mayoría requerida de 176 votos, iría a una segunda votación el 2 de septiembre, cuando sólo precisaría de una mayoría simple, pero necesitaría la abstención de los socialistas.
“Sánchez hará morder el polvo a Rajoy porque él ya ha pasado por una investidura fallida. Desde las segundas elecciones, el 26-J, Rajoy ha dejado pasar el tiempo a propósito para aumentar la presión sobre el PSOE. Los dos están echándose un órdago y esperando a ver quién es el primero en dejar el juego”, explica Álvaro Nieto, subdirector de Tiempo.
Aunque todos los actores políticos coinciden en que unas terceras elecciones serían una pésima señal, ya nadie descarta ningún escenario. De ahí que la fecha elegida para la investidura sea un claro mensaje dirigido a los socialistas. En caso de que fracasen las negociaciones, los españoles votarían el día de Navidad.
En opinión de Maraña, “Rajoy desprecia el sistema democrático al recurrir a la amenaza de elecciones en Navidad. Es una burla a la ciudadanía. Confía en una abstención masiva y en el voto fijo de la derecha. Es tan provocador que se le puede volver en contra, si los demás actores obran de forma clara”.
Sin embargo, la vicepresidenta del gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, argumentó en una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, que Rajoy había intentado hablar con Sánchez sobre la fecha pero que el líder socialista no se dignó a “coger el teléfono”.
De esa manera, según la vicepresidenta, se optó por fijar las fechas en función de que los presupuestos del 2017 estén a tiempo de cumplir con los compromisos contraídos con Bruselas. Sánchez replicó que la elección de la fecha demuestra “la poca talla política que tiene (Rajoy)”.
Piden reflexionar
El líder socialista se mantiene firme en el no en esas dos votaciones del 31 de agosto y el 2 de septiembre. A la voz del ex presidente Felipe González, que elogió a Rivera por pactar con los populares, se ha unido el ex ministro socialista Miguel Sebastián que ha planteado que se abra “un periodo de reflexión” para debatir “condiciones muy duras” a cambio de la abstención.
“Volvemos a interesar a los hispanistas. En el PSOE siguen pensando que quien se mueve no sale en la foto. Pero al menos 11 diputados deberían abstenerse y que eso no se viera como una traición, sino como una acción por el interés general”, señala Berta González de Vega, columnista de El Mundo.
“¿Cuál es su solución, Pedro Sánchez? Recientemente un portavoz socialista hablaba de que no hay nada, nada, que pueda ofrecer el PP que les pudiera hacer cambiar el voto. ‘Es lo que hay’, concluía. Me preocupa ese ‘es lo que hay’ ”, añade.
Según el politólogo Ignacio Martín Granados, director de la revista de la Asociación de Comunicación Política, “los partidos andan presos de dobles juegos. El PP habla de urgencia y deja pasar el tiempo. En el PSOE, a Sánchez sólo le queda, en un símil futbolístico, la opción del patadón y escapada con el balón. Si favorece la abstención, en el partido se lo quitarán de en medio. A la vez ha de ser responsable”.
Martín Granados también explica cómo Rajoy confía en el efecto positivo de la “carambola de las elecciones gallegas y vascas”. Las previsiones son alentadoras para el PP en Galicia y si el Partido Nacional Vasco necesita al PP en el País Vasco, entonces los populares podrían sumar cinco votos más, a falta de uno para la mayoría, en octubre.
Pero si Rajoy no consigue ahora la investidura, habría negociaciones durante los dos siguientes meses para buscar una salida antes de acudir de nuevo a las urnas.
“En una democracia parlamentaria como la española gobierna quien consiga más apoyos en el Parlamento y así lo estipula la Constitución. Si el PSOE resiste a las presiones y vota finalmente no a Rajoy, desde ese momento debería intentar otra opción y que las bases secundaran esa vía. Estaría obligado a hacerlo porque si no, se demostraría que estaba jugando al bloqueo por el bloqueo”, afirma Maraña.
El director de Infolibre cree que efectivamente asistimos a “un pulso entre Rajoy y Sánchez, pero de fondo lo que está en juego es un pulso entre la renovación democrática y la resistencia del sistema establecido”.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de agosto de 2016 a las 3:02 p. m. con el titular "España en vilo por el pulso entre Rajoy y Sánchez."