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Opinión

Educación crediticia

Llegar a un nuevo país, adaptarse a su cultura, siempre constituye todo un desafío. En esa suerte de educación sobre la marcha cuantas veces no hemos escuchado aquel sabio consejo: “Aquí tener un buen crédito es una condición para avanzar en la vida y, recuerda, no gastar más de lo que ganas”.

El derroche, la imprudencia, la falta de planificación, no conjugan con las tentaciones de la moderna sociedad de consumo donde ahora nos desenvolvemos.

De acuerdo, sin embargo, con análisis realizados recientemente, ese comportamiento pudiera ir quedando atrás entre las nuevas generaciones que ahora mismo colman los predios de nuestro College.

Los americanos de ahora han sido testigos de no pocos desastres económicos, entre sus propias familiares, y son lo suficientemente inteligentes para frenar los modos desmedidos del consumo.

Datos de la Reserva Federal indican que el porcentaje de estadounidenses menores de 35 años con deudas de tarjetas de crédito ha descendido a su nivel más bajo desde 1989, año en que la institución mencionada comenzó a colectar esa información.

Incluso, personas de más edad han estado haciendo añicos sus tentadoras tarjetas de crédito desde la crisis del año 2008, que todavía ronda nuestras cabezas como un ave de mal agüero.

Tan fuerte es, sin embargo, el arraigo del consumo desmedido en nuestra sociedad que la deuda en los hogares de Estados Unidos aumentó de $35 billones a $12.29 trillones durante el segundo cuarto del año 2016, un incremento de 0.3 %, con respecto al cuarto anterior, empujado por tarjetas de créditos y préstamos para adquirir automóviles. Lo único alentador de esta circunstancia es que, de acuerdo a los bancos, las personas no están afrontando dificultades para pagar las deudas contraídas.

En esta ecuación, tan importante para el funcionamiento de la economía, los llamados milenios se muestran sumamente cautelosos y pagan con tarjetas conectadas directamente a sus cuentas bancarias, o con apps como Venmo o PayPal.

A la larga, sin embargo, estas operaciones no les permiten hacer historia crediticia y se van a demorar mucho más para el gran préstamo de sus vidas cuando decidan comprar casa. Según un especialista de la Reserva Federal consultado al respecto, la aversión a la deuda entre los jóvenes americanos va a continuar.

Integrantes de estas nuevas generaciones vieron a familiares caer en la bancarrota o en el desempleo, además de que deben lidiar con deudas de estudios universitarias nunca antes vistas en nuestra sociedad, lo cual constituye un gran desafío. El americano promedio menor de 35 años carga una deuda académica de $17,200, 182% más que los de la misma edad en 1995.

En cualquier caso, creo que los extremos no conducen a soluciones. Es bueno saber que las instituciones bancarias no cebarán su avaricia en los americanos de hoy, más sofisticados e inteligentes a la hora de tomar decisiones, pero es importante también que cuenten con la ayuda familiar para ir construyendo, dentro de lo posible, una historia de crédito que no pueden eludir para lograr la prosperidad en nuestra sociedad.

Presidente del Miami Dade College.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de septiembre de 2016, 10:34 a. m. with the headline "Educación crediticia."

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