ALEJANDRO I. TAGLIAVINI: El futuro de China en América Latina
Es una gran ironía que la China “comunista” –aún muy autoritaria– va camino de ser la primera economía mundial –antes de 2050, según los analistas– superando a Estados Unidos, paradigma del capitalismo. Se diría que, finalmente, el comunismo ganó la batalla contra Occidente. Pero la realidad es inversa: crece China, precisamente, en la medida en que se abre al mercado y se estanca Occidente en la medida en que se aferra a políticas estatistas.
En cualquier caso, quedan dos enseñanzas muy importantes: la inviabilidad –el fracaso– del marxismo y la inutilidad de las guerras –frías y calientes– para combatir ideologías, por muy fanáticas que sean, que solo se combaten ayudando a madurar a sus dirigentes y sociedades. Sin dudas, funciona el pragmatismo del líder chino que inició el vuelco hacia el mercado, Deng Xiaoping, evidenciado en su famosa frase “da igual que el gato sea blanco o negro, en tanto cace ratones”, pronunciada en 1960 cuando cambió el rojo del comunismo por el color del mercado, aunque ahora quieran presentarlo como “socialismo” de mercado.
China es un socio económico cada vez más importante para Latinoamérica y el Caribe (LAC) que, de a poco, va desplazando tanto a EEUU como a Europa. Aunque la economía china se desaceleró ligeramente en los últimos años, el presidente chino, Xi Jinping, anunció en el nuevo Foro de China-CELAC que espera aumentar el comercio con LAC hasta los $500,000 millones para fines de esta década y acumular unos $250,000 millones en inversiones en la región en los próximos años.
De hecho, la financiación china a los países y las empresas regionales ya supera los $100,000 millones desde 2005. Venezuela y Ecuador son los principales beneficiarios de la financiación china, habiendo recibido Caracas más de $50,000 millones en préstamos. Uno de los hitos destacables de la relación entre China y América Latina son los BRICS –que además de Brasil y China incluye a Rusia, India y Sudáfrica– que cada vez toma más fuerza al punto que ya he creado su propio banco.
Otro hito destacado es la complicada relación con México que no puede desligarse de la América del Norte de la que es parte y cuyo intercambio –con EEUU– desde que se estableció el Tratado de Libre Comercio en 1994, ha tenido un crecimiento geométrico asombroso, con un comercio que supera el millón de dólares por minuto e inversiones que han integrado cadenas de producción completas entre ambos países, aunque la floja integración social y política es un foco de tensiones.
Este nuevo Foro de China –con la CELAC que no incluye a EEUU ni Canadá como la OEA y el BID– se debe a que el gobierno rojo cree haber tenido éxito en este tipo de mecanismos entre gobiernos como en África, por medio de FOCAC (Forum on China-Africa Cooperation) y con otro Foro basado en el Caribe, que incluye a los países caribeños que no están diplomáticamente afiliados a Taiwán.
Pero la realidad es que, así como el crecimiento chino se debe a la actividad privada –y en cada vez menor proporción a la estatal que se enriqueció, precisamente, gracias al crecimiento de su sector privado– la influencia china en el exterior se dará más que nada a través de sus empresas privadas. De hecho, las inversiones del sector privado chino de ser nulas hace pocos años hoy ya superan el 23% del total de la Inversión Extranjera Directa (IED) china en la región.
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
@alextagliavini
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de febrero de 2015, 8:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO I. TAGLIAVINI: El futuro de China en América Latina."