Verdugos y corderos
Las estadísticas son aterradoras. Se estima que en la última década unos dos millones de niños han muerto víctimas de conflictos armados en el mundo, más de un millón han quedado huérfanos, más de seis millones han sufrido lesiones severas o quedado discapacitados de forma permanente, mientras más de 10 millones padecen de serios traumas sicológicos. Las leyes internacionales consideran un crimen de guerra el reclutamiento militar de menores de 15 años, pero según la organización de derechos humanos Child Soldiers International, radicada en Londres, desde 1998 ha habido conflictos en los que estos se han visto involucrados como soldados al menos en 36 países. Y habría que sumar. Las víctimas del drama en Siria aún no figuran en los cómputos.
Se presume que alrededor de 300 mil menores de edad están sobre las armas en diversos puntos del planeta. No solo en África: Ruanda, República Democrática del Congo, Uganda, Sudán… También en Filipinas, Myanmar, India, Pakistán, Yemen, y en países como Irak y Siria, donde el Estado Islámico los emplea sin la menor vacilación como bombas humanas, o en Afganistán, donde los talibanes adoctrinan de manera creciente en las madrasas a adolescentes entre los 13 y 17, no en el conocimiento de la Historia o en los preceptos del Islam, sino que los entrenan para matar y matarse en nombre de la yihad. Sin embargo, no solo en sitios tan distantes de nosotros como esos, muchos niños han aprendido primero a disparar un AK-47 que a hojear un libro. En nuestro propio continente, en Colombia, las autoridades consideran que la guerrilla de las FARC reclutó a más de 11,000 niños desde 1975.
No se tiene información sobre el número exacto de menores actualmente en las filas de las FARC. En virtud del acuerdo de paz alcanzado el mes pasado con el Gobierno, la guerrilla se comprometió a desmovilizar a todos los que no tuviesen 15 años de edad. El pasado fin de semana liberaron a los primeros trece. Previamente admitieron tener sobre las armas a solo 21, aunque se sospecha que sean muchos más. El jefe del equipo gubernamental que participó en las negociaciones, Humberto de la Calle, declaró que en la lista de los delitos de las FARC que no serán amnistiados figura el reclutamiento infantil. Pero el desenlace está aún por ver. Según la investigadora colombiana Natalia Springer, casi el 70 por ciento de los enrolados por la guerrilla no rebasaban en ese momento los 14 años. Este es el caso de Sara Morales, quien testimonió tener solo 11 cuando fue violada por la guerrilla, y afirmó que durante los once años restantes fue víctima de abusos y explotación. “Éramos un grupo de 300 niños, y solamente 12 de nosotros tuvimos la suerte de sobrevivir”.
Otra de esos menores, Valeria (sobrenombre para mantener anónima su identidad), vendía goma de mascar y golosinas en las calles de su poblado natal en Colombia cuando fue reclutada como niña-soldado por las FARC, a los 12 años de edad. Un hombre joven con uniforme camuflado se le acercó, sonrió, y le prometió dinero y cosas materiales. Aceptó seducida por los ofrecimientos, pero luego la forzaron a quedarse. La enviaron a combate y llegó a ver a sus camaradas lanzándose unos a otros, como trofeos, las cabezas de los enemigos. Hoy Valeria tiene 29 años y nunca ha podido olvidarlo. “No tuve infancia. Se me fue la juventud”, dice, con un nudo en la garganta. Como ella, son muchos los que vieron irse de una manera atroz los mejores años de su vida, con un fusil en la mano en lugar de un juguete, librando una guerra sucia y bestial. Y aunque se haga justicia con los culpables, esos años ya nada ni nadie se los podrá devolver.
Periodista y escritor cubano.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de septiembre de 2016, 7:05 a. m. with the headline "Verdugos y corderos."