La ‘diplotrampa’ de Trump
Un tortuoso ejercicio de imaginación lleva a este columnista a situarse entre el público que asistiría el 20 de enero de 2017 al acto que en Washington se realizaría por la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos. Obama despidiéndose y Trump jurando. ¿Qué diría en su juramento y cuánto de lo que asegura que va a hacer durante el ejercicio de tan altas responsabilidades haría?
I - Imaginemos una controversia que involucra a los Estados Unidos e Irak. Luego de un diálogo entre el “presidente” Trump y el presidente Fuad Masum –intérprete de por medio, dado el limitado inglés del dueño de casa– la discusión sobre cómo ha repercutido en Irak la guerra de Bush (Blair y Aznar) llega a una situación extrema. Discusiones en tono alzado por parte de Trump, lo muestran con ánimo de monopolizar la situación con gestos ampulosos de sus brazos y su rostro. Descarga su incontenible verba dando por terminada la reunión en el despacho del presidente iraquí. Y se despide al más deleznable estilo Trump: “Ya sabrá de nosotros por nuestros bravos soldados, presidente. No lo olvide”.
II - Imaginemos ahora una visita de Putin a la Casa Blanca. Fotos en los jardines. Más que manos estrechadas para la prensa, un abrazo de oso. Frente a su “amigo” Vladimir, de 1.70 metros de estatura, los 1.91 metros de Trump aparecerán como dominantes ante el líder de Rusia. Seguramente se lamentará (como lo vino haciendo en campaña) de la superioridad de Moscú frente a Washington, respecto a las armas nucleares. Ya se había quejado señalando: “Putin desarrolló su fuerza militar más y más y más. Él se ocupa de las armas nucleares, nosotros no nos ocupamos de nada”. De ese encuentro surgiría la necesidad de adelantarle a Putin lo imperioso de mantener el “equilibrio nuclear”. (“Mutua destrucción asegurada”). El complejo militar - industrial - financiero, de parabienes; por supuesto.
III - La ONU: la extraterritorialidad de su emplazamiento en Manhattan, sería para Trump “presidente” una molestia, pese a tener Estados Unidos, desde su constitución –en 1945– un asiento permanente junto a Rusia, China, Francia y Gran Bretaña y el derecho irritante al poder de veto. “Vamos a cancelar el Acuerdo de París (sobre el cambio climático) y a detener todos los pagos que salen de nuestros impuestos para los programas de la ONU sobre el calentamiento global”. Muy “suelto de cuerpo”, lo expresaría Trump, ya presidente. Uno imagina cuántos vetos interpondría en las resoluciones del Consejo de Seguridad, cada vez que cuestiones que requieran el consenso de su país le resultaren contrarias a su modo peculiar de percibir la cuestión internacional. De la que no aprendió nada hasta ahora.
IV - “Construiré un gran muro en nuestra frontera sur y haré que México pague por él”. Trump no domina ni su lengua ni su intelecto. Dice lo que piensa abruptamente. Después parece corregir y, no obstante, insiste en lo mismo. Es la consecuencia de un candidato que se muestra “poderoso”, monárquico, antes de que lo consagren presidente.
V - Su visita a México, su entrevista con el presidente Peña Nieto, muestra anticipadamente cómo actuaría blandiendo los filos de su “diplotrampa”. El “honor” que le confirió el presidente mexicano (paso en falso del gobierno azteca) resultó una ventaja para el electorado estadounidense: va conociendo de mejor manera cómo actuaría en caso de ser ungido como el sucesor de Obama. Es bueno que se pruebe el traje de presidente en forma anticipada para mejor desenmascarar sus “capacidades”, sus obsesiones, su visión de “estadista”, más allá de las que se le conocen como acaudalado hombre de negocios, torpe y avasallador, con su lenguaje de odios y violencias irracionales.
VI - Otra conjetura sobre Trump “presidente”: prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos. Así, simplemente. Cerrar las extensas fronteras del país, virtualmente en el Este, en el Oeste y en el Norte. En el sur, con la construcción de un muro de 3500 kilómetros que separará físicamente el territorio estadounidense del de México. La verdad, en estos tiempos donde “lo musulmán” ocupa cataratas de tinta en la prensa escrita y un caleidoscopio de imágenes dramáticas –las más de las veces– en los medios audiovisuales, expresar ideas de odio por parte de un candidato a la presidencia de los Estados Unidos –no de cualquier otro país– es harto peligroso. Trump juega con fuego, irresponsablemente, arrastrando tras de sí a quienes ven en su “mano dura” la solución de todos los problemas de violencia en Estados Unidos y en el mundo.
VII - La retórica de Trump inscripta en la discriminación, la xenofobia (esta vez contra los de origen latinoamericano y, en general, de todos los indocumentados y sus familias con hijos nacidos en Estados Unidos) lo coloca en las antípodas del paradigma de un presidente de un país que ha desarrollado sus potencialidades con el concurso de inmigrantes, entre ellos los contingentes de latinos.
VIII - A la hora de definir su política de seguridad, Trump menciona el sistema del waterboarding (simular el ahogamiento del prisionero) para obtener confesiones, sistema que Naciones Unidas considera tortura, lisa y llanamente. Es de imaginar cómo llevaría adelante este programa sumado a otros procedimientos xenófobos, intolerantes, agresivos.
IX - La cuestión armamentista hallará en Trump “presidente” la garantía de una política de desarrollo que permitirá –como siempre– grandes ganancias a los fabricantes de armas y de otros productos de uso bélico y a los sistemas financieros que los sustentan. Sería, a no dudarlo, un presidente guerrero que nos haría pensar –hay suficientes “confesiones” en su variado y torpe discurso– que George W. Bush perdería el podio de los presidentes afectos a resolverlo todo, todo, con acciones bélicas.
Alerta rojo:
Desde Argentina este columnista escribe como podría hacerlo con tono y manera semejantes un analista de Francia, de Japón, de Brasil, de Sudáfrica o de cualquier país del mundo, porque el mundo todo está en riesgo –no sólo los Estados Unidos– si Donald Trump alcanzara a ocupar el salón oval de la Casa Blanca en Washington.
Son demasiados los riesgos para la Humanidad.
Columnista argentino.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de septiembre de 2016, 6:38 p. m. with the headline "La ‘diplotrampa’ de Trump."