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Opinión

Cómo protegernos de la propaganda

En los eventos deportivos transmitidos por televisión se llegó a la decisión de que si un aficionado salta a la cancha (a abrazar a un jugador, a correr desnudo, a tirarle besitos a la novia, a protestar), las cámaras no lo mostraran. De esta forma se evitaría que las personas, buscando el relumbrón, se lanzaran a los campos. Se me ocurre que las cadenas de noticias, si quieren que algunos políticos dejen de jugar con ellas, y de paso cumplir con su labor de informar con veracidad, podrían hacer lo mismo cuando éstos salgan a mentir descaradamente en sus discursos. Cortarlos. Pasar a comerciales. Quitar el audio.

Desgraciadamente las cadenas hoy en día hacen lo contrario. Cuando no son éstas las que mienten, elevan a la infinita potencia las mentiras de un candidato, convirtiéndolas en, su frase favorita, breaking news. Seguramente si los eventos deportivos no contaran con enormes audiencias en la actualidad, si el tipo que se lanza al campo les subiera el rating, lo sacarían en primer plano, y lo repetirían más que los goles de Messi o Ronaldo, las canastas de Lebron, los jonrones de Stanton, o los pases para touchdown de Cam Newton.

Todo se empeora en un mundo en el que el antiguo rey televisor se pelea con tabletas, teléfonos inteligentes y pantallas de PC, y con la internet. En un mundo donde las noticias ya son un canal más en medio de 500 canales de cable. Una simple distracción más entre redes sociales (donde se calumnia sin consecuencias), plataformas de video, películas y series en stream, consolas de juegos y demás. Así que la mordida a la torta del rating, medida que tasa el pago por tiempo, depende más de la espectacularidad del titular, que de su veracidad. El show se lo ha tomado todo.

¿Pero ha sido conveniente este show para las personas? No. Por algo, si un denominador común ha habido en las elecciones de los últimos años, es la desconfianza en la clase dirigente. Pero quizá de lo primero que debemos desconfiar es de la noticia, o al menos de la forma como nos la dan. O, tal vez, debamos desconfiar de nosotros mismos y de lo que sintonizamos, que en últimas es lo que lleva a las cadenas a tomar la decisión de lo que transmiten. Si la gente quiere poder confiar en los políticos por los que vota, lo primero que debe es informarse a conciencia, y no solo estar atentos a los titulares espectaculares que puedan producir sus promesas o sus mentiras.

Hitler, uno de los mayores criminales de la historia, se valió de la propaganda para acceder al poder y convencer a su pueblo de seguirlo en la guerra. Sobre ésta decía: “El arte de la propaganda consiste en ser capaz de despertar la imaginación del público apelando a sus sentimientos, en encontrar la forma psicológica apropiada que despierte la atención y apele a los corazones de las masas nacionales. La gran mayoría de las personas que componen las masas no están hechas de diplomáticos o profesores de jurisprudencia, tampoco de personas que sean capaces de formar juicios racionales en casos dados, sino una muchedumbre vacilante de niños humanos que están constantemente vacilando entre una idea y otra”. Cuanta desgracia trajo al mundo el ‘arte’ de ese psicópata.

La única forma que tenemos de protegernos es informándonos, acudiendo a varias fuentes, sobre qué tan factible o real es lo que proponen los candidatos.

Una cosa es la guerra de los ratings y otra que un tipo declare la guerra a otra nación, por aumentarse el rating.

La responsabilidad es nuestra.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2016, 3:59 p. m. with the headline "Cómo protegernos de la propaganda."

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