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Opinión

José Fernández: el “hermano’’ que hacía más feliz a mi padre

José Fernández nunca sabrá la envidia sana que le tenía. Cada vez que se acercaba una de sus aperturas las palabras salían de la boca de mi padre como un ritual: “tú sabes, hoy lanza Joseíto’’, como si uno no lo supiera.

“Joseíto’’', así lo llamaba él, con ese diminutivo de confianza, de alguien que se tiene muy cerca y se quiere en lo profundo, como si fuera otro hijo más del que se está orgulloso y se le desea lo mejor del mundo. “Joseíto’’.

Cuántos como mi padre no miraban a José Fernández de la misma manera paternal, cuantos no lloran en este momento la pérdida de alguien que era carne e imagen de la alegría, de lo más puro que la vida puede ofrecer.

Orlando Chinea, su primer maestro de pitcheo en Tampa, me comentó una vez que “tengo un alumno que va a ser algo muy grande, cuando llegue a las Mayores impresionará a todos. Este chico es especial’’.

Fernández estaba por esos días en el preuniversitario y son tantas las historias de promesas que no llegan a nada en el béisbol, que sus palabras pasaron sin mucho peso en ese momento, pero el entrenador se equivocaba: su pronóstico quedaba pequeño ante la realidad del talento.

En septiembre del 2012, cuando vino al parque de los Marlins para recoger el premio de mejor jugador de Ligas Menores, el joven terminaba una entrevista personal con una frase profética: “algún día voy a lanzar en este parque para cumplir el sueño que tuve en Cuba. No arriesgué mi vida por gusto’’.

Y la vida de Fernández resonaba en todos, especialmente los cubanos, como una historia entrañable. Aquí estaba el joven que había arriesgado su vida tres veces en busca de la libertad, que en una ocasión sufrió varios días de cárcel y alguna humillación de parte de sus captores.

Aquí estaba, además, el héroe que se había lanzado en la oscuridad del mar para rescatar a una persona caída de su embarcación, sin saber que le estaba salvando la vida a su propia madre. No podía pedirse un guión mejor. No podía sucederle a nadie mejor.

Este era el chico que Miami esperaba, que el béisbol anhelaba, porque Fernández no solo era un héroe de la vida, sino un titán en el montículo, y cuando era su turno de lanzar La Pequeña Habana era una fiesta, era Hollywood.

“Es Miami, hombre, es Miami que me da una fuerza que no puedo describir, son su gente’’, solía decir Fernández tras cada apertura en casa, casi siempre terminada en victoria, en celebraciones, en puños levantados y gestos y besos para su mamá y su abuela en las gradas.

Hacía tiempo que no se veía por estos lares una fuerza humana de tal calibre y ni cuando le anunciaron que debía operarse de una cirugía Tommy John -una duda enorme en su carrera- disminuyó su fe en el futuro. “Volveré más fuerte’’, sentenció. “Volveré mejor’’.

Con él regresaron, además, las ilusiones de que los Marlins podrían salir del marasmo, de que una franquicia superior era posible. Si José pudo levantarse, cómo no puede hacerlo el equipo, la ciudad, el mundo.

Hasta mi padre era un ser distinto cuando lanzaba “Joseíto’’ y por eso el sábado en la mañana, antes de salir para el parque me lo recordaba una vez más y me explicaba que su apertura la habían trasladado para el lunes, un lunes de esperanza, porque Adam Conley regresaba de su lesión.

“Papi, ni que José Fernández y yo fuéramos hermanos, qué es eso de Joseíto’’, le decía en broma a mi viejo y él se reía de manera pícara. Pero este domingo no quería hablar. Su “Joseíto'' ya no estaba. Ya no pondría la televisión en inglés, sin sonido, ni escucharía a Felo Ramírez en su diminuto radio. Ni celebraría cada uno de sus ponches, de sus outs, de sus victorias.

Hoy no solo mi padre, Miami entera se ha quedado sin su “Joseíto’’, y de una manera extraña me percato de cuanto él les hacía la vida más llevadera, de cuánto lo van a echar de menos. Esta es una pérdida a nivel personal, humano. También advierto lo mucho que lo vamos a echar de menos los periodistas, porque nos regalaba un día especial en una semana casi siempre aburrida. Ahora me doy cuenta de que él era para mí, como para todos, mi “Joseíto’’.

Siga a Jorge Ebro en Twitter: @jorgeebro

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de septiembre de 2016, 1:51 p. m. with the headline "José Fernández: el “hermano’’ que hacía más feliz a mi padre."

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