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Opinión

CARLOS DUGUECH: El inmenso poder del diálogo

Hace apenas tres años si alguien hubiese siquiera imaginado el fructífero diálogo que se desarrolla en La Habana entre las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el gobierno de Colombia, seguramente le habrían adosado el mote de futurólogo. Despectivamente, por cierto. Por lo general, en el área complicada y tenebrosa de la política y el terrorismo entrelazados, la solución no podría hallarse al toque sino cuando se extingan las pasiones o los protagonistas principales cumplan su ciclo vital y los continuadores, cansados, inicien otra relación con el asunto. Distinta.

Pero henos aquí, ahora, con un hecho que viene a encumbrar a esa herramienta poco frecuentada de este modo para armonizar –con el diálogo, esa bendita palabra– entre partes tan heterogéneas que son una la antítesis de la otra. Y por más de cincuenta años lo fueron las FARC, que no era un club de amigos, por cierto, con el gobierno colombiano. Que tiene por presidente a Juan Manuel Santos, un economista y periodista que fuera ministro de Defensa. Nada menos que de Uribe (que hoy se opone frontalmente al acuerdo de paz) que tanto dispuso de la lucha armada contra los insurgentes de las FARC que se adueñaron manu militari de una extensa parte del territorio colombiano. Para agregar cabe decir que Santos escribió un libro, Jaque al Terror (Editorial Planeta, 2009), en el que relata el duro accionar del Ministerio de Defensa a su cargo contra el grupo terrorista de las FARC. Y lo presentó con bombos y platillos. Un libro de más de 350 páginas con documentación de primera mano.

Sintetizando, se puede decir que casi nunca se ha localizado en el planeta un lugar, esta vez La Habana, en el que convergieron los protagonistas de un larguísimo enfrentamiento que tanta muerte y dolor inflingieron de uno y otro lado (no hay que olvidar a los paramilitares, tan violentos como los de las FARC) por medio siglo. Casi nunca se vieron, como ahora, a las partes enfrentadas dialogando intensa y minuciosamente sobre todos los aspectos del enfrentamiento. Con un agregado que vale tener presente, como imitable ejemplo para el mundo (uno piensa en el conflicto palestino-israelí). Sólo participan del diálogo las partes y asistidas por terceros representantes de países (Venezuela y Cuba) que nada tienen para sí y sin otro interés que el de aportar para facilitar la solución del conflicto.

Que las FARC asuman la vía política para sus reivindicaciones que se querían obtener a punta de fusil y secuestros y que el gobierno consienta su reestructuración como fuerza política, derivada consecuencia de un diálogo a fondo y sin dobleces, es un asunto que dará que pensar a los integrantes del Comité noruego que nomina los Nobel de la Paz de este año. De aquí en más será de utilidad la difusión de las distintas fases de los trascendentes acuerdos logrados sin la intervención de Estados Unidos, ni de Rusia, ni de Francia, ni de Alemania, ni el Reino Unido ni de la misma ONU, por citar los convidados de siempre a los “acuerdos de paz” con un rediseño de “Hoja de ruta” que nos remite a las referencias laberínticas de Borges. Y que se quedan en la tinta y el papel de efímera o ninguna eficacia.

Columnista argentino.

Este artículo se publicó originalmente en La Gaceta de Tucumán.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de febrero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "CARLOS DUGUECH: El inmenso poder del diálogo."

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