Una paz no solo para Colombia, por una Latinoamérica más estable
No es una victoria, se hizo democracia, pero con un reto. Un poco más del cincuenta por ciento de los colombianos que sufragaron en un histórico plebiscito decidió decirle NO al acuerdo de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano. No porque no quisieran la paz, sino porque no está de acuerdo con lo que el gobierno entregaba a la guerrilla mediante ese acuerdo. Para un poco más del 48 por ciento de los que votaron SÍ, el no al acuerdo era el rechazo a la paz, y el perdón era la salida.
¿Cómo perdonar secuestros, violaciones, asesinatos, robos de niños, masacres, narcotráfico y demás? Sanando, pero con memoria. “Perdono, pero no olvido”. Un reto. ¿Cómo hacer paz sin concesionar con la guerrilla que después de haber cometido todos los crímenes atroces, hicieran política? Otro reto. El punto medio es difícil de alcanzar. El pasado domingo en Colombia no hubo victoria real porque no se llegó a la anhelada paz, pero se mostró que, aunque más del 60% de los colombianos fue indiferente y no salió a votar, para algunos lo negociado con la guerrilla convertiría al país en una Venezuela. O Bolivia, o cualquier otro país peligroso, por un “socialismo del siglo XXI” que atenta contra la democracia y solo fomenta las dictaduras.
Entregarle a la guerrilla 31 emisoras de radio, curules en el gobierno, directos, impunidad y otras facilidades al volver a la vida civil, para muchos era premiarlos por haber generado una guerra de más de cincuenta años. Para otros, era el ciego perdón requerido de parte del país. Para algunos pocos, fue una guerra válida entre el gobierno y la guerrilla; para otros, son criminales, no un ejército ideológico. La realidad es que el acuerdo del gobierno del presidente Santos con las FARC, por las ansias de ganar un reconocimiento por la paz, no incluía a otros partidos políticos que no fueran los del gobierno, algo que, por ejemplo, si hipotéticamente hubiese sucedido en Estados Unidos, probablemente habría tenido que ser analizado por la rama judicial y la legislativa.
Creo que al presidente Santos, en su plan hasta el pasado domingo casi perfecto, le faltó pensar que no todos los colombianos eran iguales, y que el peor conflicto armado de los últimos años en Latinoamérica, uno que además ha sido financiado por el narcotráfico, la tragedia de millones de familias en toda la región, no podía negociarse sin incluir al país. El acuerdo le hacía la vida tan fácil a la guerrilla, que si lo hubiesen presentado el primer año de las negociaciones en La Habana, de repente hubiese sido aprobado por los líderes guerrilleros. Pero hubo una reelección de por medio del Presidente. ¿Había que extender el tiempo de negociación por algún motivo político? La guerrilla dudo que acepte cárcel por sus crímenes, y eso pide el partido del ex presidente Álvaro Uribe, que es la oposición. Es cierto que en este tipo de negociación algo hay que dar a cambio. Llegar al punto medio. Ese debe ser el norte en Colombia. Volvimos a un cero. Pero ojo, con una tregua o cese al fuego entre el gobierno y las FARC. ¿Por cuánto tiempo? Espero que por siempre.
Es el momento para el gobierno de asegurarse que se controle nuevamente el narcotráfico, principal financiero de la guerrilla, que negocien la vida civil de un grupo debilitado, pero que no está desmantelado. Y que tiene algunos aliados que ya conocemos, como los señores Castro, que si bien están mayores nadie ha podido sacarlos del poder, el torpe de Nicolás Maduro, el gobierno ecuatoriano, y así algunos otros delincuentes, que aliados, son una amenaza para la estabilidad de la región latinoamericana.
Periodista y presentadora de televisión y radio.
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de octubre de 2016, 4:16 p. m. with the headline "Una paz no solo para Colombia, por una Latinoamérica más estable."