ARIEL HIDALGO: ¿Podrá Podemos?
Nadie que haya seguido las noticias de España en los últimos años, deberá asombrarse del meteórico ascenso del Movimiento Podemos. Fundado en enero del 2014, cuatro meses después, en las elecciones españolas para el Parlamento Europeo, obtuvo cinco de los 54 escaños para ascender al cuarto lugar del panorama político del país tras el PP, el PSOE y la coalición Izquierda Plural.
El auge publicitario electoral incrementó las inscripciones y dos meses después se convertía en el tercero en número de afiliados. Para octubre alcanzó el segundo lugar con más de doscientos mil y actualmente las encuestas de intención de votos le conceden el primero. La verdadera sorpresa no es el rápido ascenso de Podemos sino, como dijera Thomas Bernd Stehling, de la Fundación Konrad Adenauer, “el hecho de que haya sido necesario tanto tiempo para que un partido alternativo haya aprovechado la desilusión y la frustración”.
Podemos surgió como expresión política de la gran marejada de indignados españoles que en 2011 abarrotaron la Puerta del Sol con gritos de “¡no nos representan!”. La organización más influyente en convocar a los manifestantes, Democracia Real Ya (DRY), celebró en mayo de 2013 el congreso “Todos Sumamos”. Diputados del italiano Movimiento 5 Estrellas, fundado en 2009 con gran apoyo popular, allí presentes, respondieron así cuando algunos participantes les preguntaron si el caso italiano podía repetirse en España: “La forma democrática y parlamentaria es la que hay que seguir …cambiar la política desde dentro”.
Pero para entonces DRY había perdido poder de convocatoria sumido en una crisis de escisión, y el grupo movilizador para este paso fue Izquierda Anticapitalista, creado en 1995 por antiguos militantes comunistas bajo el nombre de Espacio Alternativo. Luego habían integrado la coalición Izquierda Unida (IU) de la cual se separaron en 2007. Del 12 al 13 de enero de 2014 hicieron divulgar su manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político, firmado por una treintena de intelectuales y activistas, y el 17 celebraron una conferencia de prensa en un teatro del barrio Lavapiés de Madrid donde asistieron cientos de personas.
Carlos Paredes, destacado militante de DRY, expresaría: “Si IU hubiera sido un paradigma de democracia, Izquierda Anticapitalista no se habría escindido de IU, ni antiguos militantes del Partido Comunista estarían ahora tratando de encabezar Podemos”.
Pablo Iglesia Turrión, elegido Secretario General, no pertenecía a Izquierda Anticapitalista y ni siquiera había firmado el manifiesto. Pero este antiguo miembro de las Juventudes Comunistas de España, líder de los politólogos del Centro de Estudios Políticos y Sociales, y excelente cautivador de aquellas marejadas de indignados, dedicó en 2012, cálidos elogios a Cristina Kirchner por expropiar una empresa a Repsol, y pasó años entre Caracas y Quito asesorando a los gobiernos de Chávez y Correa. Llegó a calificar a la Venezuela chavista como “una de las democracias más sanas del mundo, ejemplo democrático para Europa”.
Ahora, en medio de la pugna electoral decisiva, no pudo negar que Venezuela giró 3.7 millones de euros a lo largo de 10 años a su Centro, y ante el peligro de perder los votos de una clase media asustada, niega que la opción sea entre derecha e izquierda y pone como ejemplo a seguir, no a Venezuela ni Bolivia, sino a Suecia o Dinamarca. ¿Pero qué hará cuando llegue finalmente a la Moncloa?
El numen de los indignados, Stephane Hessel, con su libro ¡Indignaos!, despertó a los dormidos y los instó a echar abajo los muros de la injusticia, mas no les mostró cómo levantar otros con cimientos de sana argamasa. Como dijera Martí, “el acero de acicate no sirve para martillo fundador”.
El intervencionismo sustituye una burocracia por otra aún más corrupta y coarta el estímulo productivo. No se trata de cambiar una cara de la moneda por otra.
El grupo DRY, al hacer suyo el manifiesto Ultima Llamada, parece dirigirse a la actual dirigencia de Podemos cuando repiten: “Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización”. Derrochar en inversiones sociales gracias a altos pero frágiles precios de algún producto, si bien favorece momentáneamente a los pobres, genera luego más pobreza y enormes déficits, en vez de estimular las fuerzas productivas y el mercado interno mediante incentivos fiscales y un sistema crediticio a favor del autoempleo y la pequeña propiedad.
Podrán los populistas hacer el milagro de los panes y los peces para los hambrientos, pero sería pan para hoy y hambre para mañana. De lo que se trata no es de distribuir riquezas, sino de crearlas, no de repartir peces sino de hacer que tengan cañas de pescar para que todos los días haya peces y no tengan que mendigar a las puertas de los poderosos. De lo que se trata es del milagro del pan de cada día.
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Esta historia fue publicada originalmente el 19 de febrero de 2015, 3:00 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: ¿Podrá Podemos?."