La inmigración a discusión
El tema de inmigración es y será inevitable y esencial para las futuras generaciones de los Estados Unidos. Parece un lugar común repetir aquello de que, con la excepción de las poblaciones autóctonas, todos provenimos de algún otro lugar del mundo. Esa es precisamente la magia de la nación más postmoderna que haya conocido la humanidad y lo que hagamos para contribuir al éxito de este gran experimento humanista, redundará en beneficio de todos.
Recuerdo haber disfrutado, entre las excelentes películas que ha presentado nuestro teatro Tower este año, aquella que obtuviera La Palma de Oro en el prestigioso Festival de Cine de Cannes. Dheepan es su título y el nombre de un combatiente tamil de Sri Lanka que termina de exiliado en Francia con una familia falsa, luego de perder a su esposa y dos hijas en la devastadora guerra civil de su país.
Seres humanos desplazados por la violencia absurda que golpea en tantos rincones del mundo. Recursos ilegales para sobrevivir, porque Dheepan se ve conminado a presentar una familia en su camino al exilio europeo, integrada por una joven que no conoce, como esposa, y una niña que ha perdido a su familia, porque así lo exigen los requerimientos burocráticos de organizaciones de refugiados.
Huyendo de la violencia, paradójicamente, termina en una barriada francesa donde imperan el crimen y la droga y deberá lidiar con otra guerra insospechada en la cual aplicará sus conocimientos de combatiente para poder continuar su búsqueda de la felicidad que es, en definitiva, el objetivo final de los emigrados que más yo conozco.
Una historia tremebunda, ciertamente, pero un ejemplo de lo que puede ocurrir en este desbarajuste social al cual es sometida la fibra esencial de la humanidad, que para mí sigue siendo la familia.
Nuestros emigrados y refugiados provienen principalmente del sur, donde democracias aún jóvenes tratan de consolidar sociedades vivibles, mientras no pocos gobiernos populistas hacen todo lo posible por entorpecer esos empeños.
Ahora en época de elecciones afloran verdades y mentiras sobre la significación y presencia de los inmigrantes en los Estados Unidos y debemos estar muy atentos a los datos e información reales para que no nos vendan gato por liebre.
Muy por el contrario de lo que pudiéramos pensar, nuestras fronteras son más seguras que nunca. De los impuestos que desembolsamos se emplean $19 billones cada año para que así sea, que es la misma cantidad de dinero combinado de otras agencias federales que luchan contra el crimen.
De hecho, la inmigración ilegal a los Estados Unidos ha disminuido. Es la más baja desde 1972. Solamente han aumentado los niños sin familiares que huyen de la violencia de las pandillas y del tráfico de drogas en Centroamérica, lo cual es sencillamente una tragedia. Se ha experimentado más éxodos de mexicanos que ingresos a los Estados Unidos.
¿Debemos sentirnos felices con estas circunstancias? Yo no estaría muy seguro cuando se sabe que, paradójicamente, inmigrantes indocumentados pagaron $12 millones en impuestos estatales y locales durante el año 2013 y dos tercios de esa misma población, hundida en la incertidumbre, contribuyeron al sistema de seguro social $15 millones sin la expectativa de recibir ningún beneficio a cambio.
De hecho, el Pew Research Center ha revelado que la pujante minoría hispana de los Estados Unidos ha experimentado una disminución en su crecimiento.
Hay que arreglar estas aberraciones de nuestra política. El próximo presidente debe afrontar con valor la reforma migratoria que nuestra nación pide a gritos para no vernos enredados como otras regiones del mundo en soluciones mediatizadas que solo producen más dilemas e inseguridad en familias que pudieran participar legalmente en la forja de nuestra gran nación.
Presidente del Miami Dade College.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de octubre de 2016, 7:00 a. m. with the headline "La inmigración a discusión."