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Opinión

Wajda en el olimpo

El legendario director polaco Andrzej Wajda recibe el Premio Persol en el Festival de Cine de Venecia, en el 2013. Wajda falleció el 9 de octubre.
El legendario director polaco Andrzej Wajda recibe el Premio Persol en el Festival de Cine de Venecia, en el 2013. Wajda falleció el 9 de octubre. AFP/Getty Images

Esta semana, todos aquellos asiduos a la Cinemateca habanera, hemos despertado con la triste noticia del fallecimiento del más importante cineasta contemporáneo de Polonia, Andrzej Wajda.

Temprano descubrimos que realizadores de Checoslovaquia, Hungría, la Unión Soviética y de la propia Polonia, principalmente, ya estaban lidiando con la ignominia en sus respectivos países mediante filmes donde la metáfora, los símbolos y la doble lectura debieron sustituir el relato directo del horror totalitario.

Con más de 40 largometrajes, en una carrera gloriosa de 60 años, no tuvimos en Cuba un cineasta de envergadura estética y moral como Wajda. El castrismo y su cumbancha solidaria tercermundista, malograron esas probabilidades.

Quiso ser militar como su padre, quien perdió la vida en la masacre de Katyn, atribuida originalmente a los nazis, y que luego se revelara como otro crimen estalinista. Estudió pintura, pero terminó como cineasta en la afamada Escuela de Lodz. Su trilogía sobre la resistencia polaca al fascismo (Generación, Kanal, Cenizas y diamantes) se aleja del realismo socialista al uso y ya le provoca la intromisión gubernamental por alterar la historia oficial.

Visitó a Cuba a principios de los años sesenta y reparó enseguida en el rumbo nefasto que perfilaba aquel proceso social.

No pudieron engatusarlo con los falsos atributos del fidelismo, como a otros tantos intelectuales europeos, por eso no volvió y solo lo hizo mediante su cine, que nos deslumbraba con puestas en escena espléndidas y complejas de conflictos humanos sobre el lienzo de una historia devastada por guerras y revoluciones.

Hicieron bien los jerarcas del ICAIC en sospechar del cineasta. “Nunca pensé que viviría para ver el momento de Polonia como una nación libre”, dijo en el año 2007. “Pensé que moriría en el sistema. Fue tan sorprendente y extraordinario haber vivido para ver la libertad”.

Nos pellizcábamos en el cine cuando vimos Sin anestesia, sobre un periodista que cae en desgracia, o El director de orquesta, con el gran John Gielgud, como notable conductor musical emigrado que regresa a Polonia para dirigir una orquesta de provincias.

Sentíamos que alguien hablaba por nosotros desde la pantalla, a partir de un padecimiento semejante, y lo hacía con valor y desde presupuestos formales impecables.

Luego vendría la prohibición de su arte en Cuba con El hombre de mármol y El hombre de hierro y su compromiso con el sindicato Solidaridad, que acrecentó nuestra admiración y esperanza.

Vi la estremecedora Katyn como parte del Festival de Cine de Miami y, en medio de un argumento tan desolador, fui feliz al disfrutarla en libertad y saber que aquel inmenso director seguía filmando, ahora en otra circunstancia, incluso lidiando con el apabullamiento del entretenimiento hollywoodense en su propio país.

Mereció los principales premios que se conceden en las lides cinematográficas internacionales y fue reverenciado en su país como un patriarca de la dignidad y la cultura.

Al fallecer a los noventa años había terminado un nuevo largometraje, Afterimage, sobre un importante pintor polaco de vanguardia defenestrado por el comunismo. Cuando le preguntaron sobre el tema, fue directo al grano: “Una advertencia contra la intervención del estado en el arte”.

Así explicó en una entrevista su habilidad para seguir dirigiendo: “No podía hacer todo lo que quisiera, pero todo el mundo en el cine polaco estaba unido y éramos buenos negociando con las autoridades políticas. También necesitaban nuestros filmes para ganar premios en Occidente y enseñar que había libertad política en Polonia. Era un juego en ambos bandos. Y este juego nos permitió hacer películas que fortalecieron nuestra identidad nacional. La gente que apoyó Solidaridad era la misma que veía nuestros filmes”.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de octubre de 2016, 6:44 p. m. with the headline "Wajda en el olimpo."

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