Debates y realidades
En una de mis columnas el mes pasado compartí con mis lectores como yo veía la elección presidencial entre los nominados Hillary Clinton y Donald Trump. Sin optimismo, pero con toda honestidad, concluí: “El electorado estadounidense se enfrenta a una de las opciones más pobres en la historia electoral del país”. Estamos a 23 días de las elecciones, y mi opinión no ha cambiado.
Al principio de las campañas primarias las cosas no lucían bien para los demócratas. La mayoría del electorado pensaba que después de casi ocho años del “liderazgo” de Obama, el país avanzaba en dirección incorrecta. La economía seguía sumida en un letargo. Obamacare había desmembrado el sistema de cuidados de salud y el desasosiego social estaba a su nivel más alto en décadas. Peor aún, la presunta nominada presidencial era una mentirosa congénita cuya labor como secretaria de Estado se había caracterizado por un fracaso tras otro. Cualquier republicano prominente podía ganarle con una campaña competente. Fue entonces que los republicanos nominaron a Donald Trump.
Muchos conservadores, como yo, al ver que Trump apenas entiende sobre cuestiones de gobierno y no muestra interés en aprender, contemplamos el proceso de las primarias que produjeron al nominado Trump con alarma y preocupación. No solamente por su ignorancia política sino también por sus abusos verbales de quienquiera que cuestionara sus aseveraciones mal informadas y promesas absurdas y sus observaciones irrespetuosas sobre el sexo femenino. Trump parecía querer emular la caricatura demócrata del republicano: blanco, rico, misógino, con una boca grande y un cerebro pequeño.
Hillary Clinton, desde el principio, ha basado sus ambiciones en la única calificación genuina que posee: su sexo femenino, y, consecuentemente, acusa a Trump de sexismo en cada discurso que pronuncia. Su equipo de campaña se ha ocupado de buscar información sobre cualquier mal paso sexual de Trump como el ya famoso video en el programa “Access Hollywood” que ha mantenido ocupada a gran parte de la prensa nacional. Así que estamos a tres semanas del día de las elecciones y los votantes aún indecisos, que serán la clave para elegir al próximo presidente, lo que están oyendo a diario es que el Donald es, cuando mejor, un cretino.
Para tener una idea de lo desastroso que esto es para las aspiraciones republicanas, debemos evaluarlo en el contexto de la campaña de propaganda “la guerra contra las mujeres”. Los demócratas y sus cómplices en la prensa nacional, que no son más que una extensión del partido, han convencido a una parte del electorado que los republicanos son “anti-mujeres”. Mitt Romney pagó el precio en el 2012. Y Trump es el peor nominado en este contexto.
Para evitar irse a pique con el barco, muchos republicanos se han separado de Trump. Los reportes publicados indican que, en cuestión de días después del anuncio del video de “Access Hollywood”, más de 150 políticos republicanos habían anunciado su distanciamiento del nominado. Aun su compañero de boleta, Mike Pence, declaró: “Como esposo y padre, me sentí ofendido por las palabras y acciones de Donald Trump en el video hecho público ayer. Condeno sus comentarios y no puedo defenderlos”. Entre los republicanos que han pedido a Trump que retire su aspiración está la ex aspirante Carly Fiorina.
Trump tuvo una mejor actuación en el segundo debate, estuvo más agresivo y mejor preparado. Pero la acumulación de anécdotas negativas y el afán de la prensa demócrata (disculpen la redundancia) por destruirlo lo han hecho una carga política insostenible.
Aún queda un tercer debate pasado mañana, pero es difícil pensar que los republicanos puedan evitar el desastre que se avecina. Mejor que se concentren en mantener mayoría en la Cámara y el Senado para poder limitar el otro desastre: la presidenta Clinton.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de octubre de 2016, 5:16 a. m. with the headline "Debates y realidades."