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Opinión

El impacto del Nobel para Santos sobre el proceso de paz

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió el premio Nobel de la paz por los esfuerzos para llegar a un acuerdo con las FARC.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibió el premio Nobel de la paz por los esfuerzos para llegar a un acuerdo con las FARC. AP

Las opiniones sobre su adjudicación al presidente Juan Manuel Santos, son variadas y hasta contradictorias. Un repaso a la prensa por fuera del país nos muestra como, El Mundo de España opina: “El premio Nobel a Santos acentúa la división del país”.

El New York Times en su edición del 7 de octubre pregunta con cierta sorna “qué tan creíble puede ser el mas prestigioso premio de paz, cuando se le otorga a alguien que aun no la ha logrado”.

El Español, un blog de Madrid, es mas drástico aún y escribe: “La concesión de el Nobel de la Paz arrastra sonoras polémicas, pero nunca hasta ahora se había dado en contra de la voluntad de un país”.

El caso es que fuera de Colombia, hay palo porque bogas y palo porque no bogas. Pero, dentro de el país, las opiniones tienden a ser más optimistas. Tan pronto como se supo la noticia, los dirigentes de las FARC no ocultaron su alegría y congratularon al mandatario. Luego, hasta los más encarnizados críticos del plebiscito, como el propio Álvaro Uribe, también lo felicitaron. Este saludo abrió un espacio, y por primera vez desde la toma de posesión de Santos, ambos personajes entablaron un diálogo, cuya primera consecuencia fue una invitación al Palacio de Nariño. Al día siguiente tuvieron una reunión de dos horas y quedo en claro lo que Uribe y los votantes del NO desean. (Es necesarios anotar que quienes votaron en contra no son necesariamente uribistas).

Luego, otras voces de la oposición empezaron a expresar sus diferencias y poco a poco, cuando el humo se disipó, quedaron en claro tres cosas muy importantes: primero, que todos en el país tienen voluntad de paz, y los mismos guerrilleros expresaron su propósito de continuar el cese al fuego. Lo propio hizo el gobierno y por lo tanto continuó el acuerdo de no disparar más de ningún lado.

Segundo, que los puntos referentes a la amnistía se deben revisar. Hay consenso sobre el perdón a los guerrilleros rasos no acusados de crímenes atroces, quienes deberían quedar sin cuentas pendientes con la justicia.

Tercero, que en este proceso se avanzó mucho, el trabajo ya adelantado no se puede desperdiciar y hay que reorientarlo. Este punto de vista es compartido también por Uribe.

Así mismo, fueron aflorando las razones que motivaron el NO. La más abundante fue el rechazo a la falta de castigo. Otra de las cosas que más enfureció a los votantes contra el Sí fue la actitud de Timochenko, quien en el discurso en el cual se suponía que debía pedir perdón a Colombia por sus crímenes, se limito a “ofrecer disculpas” como si hubiese llegado tarde a una cita. Él debió usar un lenguaje más asertivo que reflejara un arrepentimiento sincero. ¡Pero no! Continuó con su misma arrogancia.

De igual manera, existía mucha molestia por la cantidad de dinero gastado. El ex presidente Andrés Pastrana en una entrevista a la televisión española dijo que “en la promoción del NO, comprando publicidad y conciencias se gastaron $1,000 millones”.

Otro punto de discusión fue la utilización durante ocho años del cuerpo diplomático alrededor del mundo, haciendo lobby por el premio. Como bien se sabe, cualquier universidad puede postular candidatos y con muchas postulaciones se fabrica un Nobel.

Pero hay un mensaje, para leer entrelíneas, en la adjudicación de este galardón. Por tradición, los premios de paz se entregan a los dirigentes de ambas partes involucradas en un conflicto. Por ejemplo, en una ocasión se le entregó a Shimon Peres y a Yasser Arafat; en otra a Mandela y de Klerk. En este caso se entregó solo a Santos y Timochenko quedó por fuera.

¿Querían los miembros del comité de Oslo hacerle saber al jefe rebelde que no estaban conforme con su actitud?

¿O será que los señores suecos tienen bien claro que en Colombia nunca ha existido una guerra simétrica como tal, con enfrentamiento entre dos ejércitos? Ellos muy bien saben que las FARC no es ejército, sino unos grupos terroristas que colocan bombas, lucran con el secuestro y el narcotráfico; matan soldados a mansalva y luego huyen como gallinas asustadas.

El domingo 9 por la tarde, cuando se conocieron los resultados de la elección, de inmediato se desvaneció en el aire el capital político de Santos y las FARC construido con tanto esfuerzo y dinero. Pero luego de unos días muy amargos, llegó la noticia del Nobel, que hizo el milagro de resucitar el cadáver de Santos y enterrar para siempre el de Timochenko.

En conclusión, el Nobel a la larga resultó beneficioso para reanudar el proceso porque calmó los ánimos y aglutinó a la gente alrededor del sueño de la paz.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de octubre de 2016, 5:53 p. m. with the headline "El impacto del Nobel para Santos sobre el proceso de paz."

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