Ya es hora
En Estados Unidos, el sistema bipartidista ha funcionado bien, al menos hasta el momento. Entre el Partido Demócrata y el Republicano, los logros del primero en el campo de la justicia y el bienestar social han sido superiores así como sus esfuerzos en el control de las armas nucleares, la educación, la reducción de impuestos para la clase media, y la lucha contra el gran peligro para nuestro planeta debido al calentamiento global. El trickle down economy (teoría de los republicanos según la cual si los de arriba pagan menos impuestos, la riqueza se filtrará a los de abajo) no ha funcionado en lo más mínimo. Por el contrario, los ricos se han hecho más ricos y los pobres más pobres.
Barack Obama ha sido un buen presidente, y así lo juzgará la historia. Rescató a un país que se encontraba al borde de un precipicio económico. Logró hacer un programa de salud pública, a pesar de sus muchas imperfecciones, que permite a todos recibir la atención médica que necesiten. Dado el gran embrollo que dejó George W. Bush en la política internacional, más mérito tienen sus logros en ese plano. El hogar de este presidente ha sido un modelo de decencia. No en balde Obama y Michelle gozan de una gran popularidad.
Voy a votar por Hillary Clinton no solo porque sea demócrata. Su trayectoria ha sido admirable desde que se graduó de abogada en la Universidad de Yale en 1973. Comenzó en Arkansas su lucha a favor de los niños y las familias, un interés suyo que ha sido constante desde entonces.
No se conformó con redecorar la Casa Blanca o jugar el papel de anfitriona en sus ocho años como Primera Dama del País. Siguió trabajando para mejorar las escuelas. Su plan de salud fracasó al no recibir el apoyo de los congresistas republicanos y otros intereses, pero cuatro años después ayudó a crear el Programa Estatal de Seguros de Salud para Niños. En 1995, en la conferencia de las Naciones Unidas en Beijing sobre la mujer, pronunció un histórico discurso a favor de los derechos de la mujer.
Los escándalos por las infidelidades de su marido la hirieron y humillaron. Decidió salvar su matrimonio. Con el corazón destrozado, levantó la cabeza y siguió luchando. Algunas la critican porque atacó a las mujeres que tuvieron relaciones con su esposo. Hay que ponerse en la misma situación y pensar que no podría esperarse otra cosa. ¿Qué quieren, que las invitara a tomar té a la Casa Blanca?
En 2000, solo dos años después del escándalo de Monica Lewinsky, fue la primera mujer electa como senadora en Nueva York, y la única primera dama en aspirar a un puesto público, al que fue reelecta en 2006. Se arrepiente de haber votado a favor de la guerra en Irak, pero hay que recordar que la información que el presidente Bush presentó al Congreso y a la nación sobre las armas que poseía Irak había sido falsa. Ayudó a que se atendieran los problemas de salud de policías, bomberos y otros que trabajaron en la Zona Cero después de los ataques del 9/11.
Aspiró a la presidencia en 2008, con Barack Obama como contrincante, y perdió la nominación del Partido Demócrata. Sin embargo, aceptó servir en su administración como secretaria de Estado de 2009 a 2013. Considero positivo el balance de su gestión. Como todo ser humano con una trayectoria pública de casi medio siglo, ha cometido errores y ofrecido versiones exageradas o atenuadas de algunos hechos. El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.
Lo de los emails no me preocupa. Otros funcionarios en altos cargos han hecho lo mismo y ni se ha mencionado. Nada de lo que se ha sabido que contienen los correos demuestra haber sido trascendente. Tampoco la seguridad de la información parece haber corrido mayor peligro que si hubiera estado en un servidor del Departamento de Estado. Sabemos ya que los espías cibernéticos han podido obtener gran número de información de las ordenadoras de importantes departamentos gubernamentales.
La política debe estar en manos de los políticos. Los habrá corruptos y tramposos, pero hay muchos decentes, que sirven al país con devoción y respeto a las instituciones del Estado. En algunas ocasiones puede surgir alguien que no haya sido político de profesión y que en un momento dado pueda crecerse como líder. Sin duda no es el caso de Donald Trump, quien por el contrario representa valores muy contrarios a los que han hecho grande a Estados Unidos.
Los que creemos en la dignidad del ser humano y la democracia debemos votar por Hillary Clinton. Así lo han recomendado todos los periódicos, incluso los más conservadores. Y no porque sea la opción menos mala. Tiene un gran potencial para gobernar con acierto. Es una mujer lúcida, con capacidad de liderazgo, amplia experiencia, empatía por los menos afortunados, defensora de causas nobles.
Desde los años 90 hasta la fecha ha habido en el mundo más de 70 mujeres jefas de Estado, sin contar monarcas, muchas de ellas en países muy adelantados como Inglaterra, Suiza, Alemania. Ya es hora de que en Estados Unidos tengamos una mujer presidenta. Y aunque no es la razón principal, también por eso votaré por Hillary Clinton.
I am with her.
Escritora y periodista cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de octubre de 2016, 2:51 p. m. with the headline "Ya es hora."