La creación del mundo, ¿fue para la encarnación de Dios?
Pronto estaremos celebrando la gloriosa fecha que comienza en Adviento y culmina en la Navidad: la encarnación de Dios. ¿Por qué creemos que fue necesaria la encarnación?
La tradición y la creencia habitual de los cristianos hacen hincapié en la redención. Se remonta al pecado original como una alienación fundamental de Dios. Así, la encarnación es la acción de Dios para corregir nuestras faltas originales.
Los primeros cristianos trataron de encontrar un sentido al sufrimiento y la muerte violenta de Jesús, y también al sufrimiento humano, un misterio. Hurgaron en el Antiguo Testamento en busca de respuestas, son textos donde impera la mentalidad semítica reflejada en los libros escritos entre los años 700 y 800 a.c. En ellos hallaron los lamentos y las quejas de hombres justos que sufrieron, como Job y Abraham dispuesto a sacrificar a Isaac. La Pasión de Jesús parecía encajar perfectamente en el sufrimiento de los justos. Los escritos del profeta Isaías sobre el Siervo Sufriente fueron vistos en esta luz (Isaías, 53).
En las primeras comunidades cristianas estas narrativas ilustraban toda la historia de Jesús. Especialmente lo vemos en Marcos, Mateo y Lucas.
A lo largo de los siglos, la teología y la piedad cristianas continuaron desarrollando estas interpretaciones del sufrimiento y la muerte de Jesús como medio de expiación de los pecados humanos para satisfacer a un Dios ofendido y “furioso”. El propósito de la vida de Jesús se relacionó con el pecado original, el pecado humano. Conclusión: sin el pecado no habría habido necesidad de encarnación.
Esta interpretación del amor de Dios se muestra en su disposición a perdonarnos y a ofrecernos la salvación. Pero mi pregunta es: ¿Y si Dios lo creó todo para la encarnación? Esta opinión se manifiesta también en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de la Iglesia. El Evangelio según San Juan habla de Cristo como la Palabra de Dios hecha carne.
Algunos teólogos sostienen que el acto de la encarnación fue suficiente para salvar el mundo. El Prólogo del Evangelio según San Juan (1, 1-18) habla de la revelación de Dios, de cómo Dios se ha explicado a sí mismo ante nosotros. A través de los siglos, Dios se ha revelado por medio de la creación, de la palabra de Moisés, los profetas y la literatura de la sabiduría. Los que creyeron en la revelación antigua se convirtieron en hijos de Dios. De acuerdo con Juan, finalmente Dios se ha revelado a sí mismo por medio de la encarnación de la Palabra, en quien la gloria y la presencia de Dios se erigen como un signo de su amor infinito.
Colosenses 1, 15-20 (escrito en la década de los 60) por un autor desconocido seguidor de Pablo, es una de las afirmaciones teológicas más importantes acerca de la persona de Cristo en el Nuevo Testamento. Cristo es alabado como el icono o la imagen del Dios invisible, él manifiesta la presencia de Dios en su persona. Él es llamado el primogénito de toda la creación, porque todo lo demás fue creado a través de su mediación. Por lo tanto, Cristo existía antes que toda la creación, y se llamó Jesús cuando se hizo hombre.
El jesuita Pierre Teilhard de Chardin, escribió una vez: “En virtud de la Creación, y aún más, de la Encarnación, nada es profano para los que saben ver”.
Si creemos en un Dios encarnado, en el Emmanuel (Dios con nosotros), en lo Divino que se hizo humano para que la humanidad pudiera ser divina (Ireneo), entonces nuestra espiritualidad debe ser encarnada. Entre otras cosas, esto significa cambiar algunos de nuestros paradigmas actuales:
De un énfasis en el Gólgota, a un énfasis en Belén.
Del énfasis en llegar al cielo al énfasis de encarnar el Reino de Dios aquí y ahora.
De querer dejar la materia y el cuerpo atrás, a la comprensión de que la creación y que nuestra carne y huesos “importan”.
De darle énfasis a los “asuntos privados” a darle importancia a la participación social y testimoniar que la violencia, la opresión y la explotación no son aceptables para un cristiano.
De una relación individual, personal y privada con Dios a una espiritualidad comunitaria y relacional que incluye toda la creación.
De relaciones basadas en la posición social, el prestigio y la productividad, a relaciones basadas en el amor de Dios, que nos amó primero y nos llama a ese amor.
Creo que incluso si no hubiéramos pecado, la encarnación hubiera sucedido como el cumplimiento del deseo de Dios de estar en comunión con total con la creación.
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Esta historia fue publicada originalmente el 20 de octubre de 2016, 3:38 p. m. with the headline "La creación del mundo, ¿fue para la encarnación de Dios?."