Colombia: la paz marxista
Según la teoría de negociación de Harvard, en toda discusión cada parte tiene una posición (la aparente, lo que se discute abiertamente); y mantiene unos intereses ocultos (lo real, lo que se espera ganar).
En el caso de las conversaciones de paz Santos-FARC supuestamente se discutía la paz de Colombia; pero hubo un pequeño olvido del Presidente. Se le olvidó preguntarles a los guerrilleros que tipo de paz querían.
Ellos le hubieran contestado que según Marx, “paz es la ausencia de oposición al socialismo”. ¿Leyeron bien? Para los comunistas la paz se consigue cuando se alcanza el socialismo. En otras palabras socialismo es paz. Más claro: el conflicto continuará, aunque se firme un acuerdo de paz, pues la lucha real de clases apenas está empezando.
A su vez, los guerrilleros pasaron por alto indagarle al Presidente para qué buscaba la paz y él les hubiera explicado que esa era parte de su estrategia para obtener el Nobel. Así, no se hubieran desgastado 4 años hablando de una paz, en la cual ambas partes desconocían su perverso significado.
Hasta ese punto Santos tenía todo muy bien calculado. La diplomacia colombiana había empezado a hacer lobby y durante ocho años estuvo en universidades y ONG pidiendo postulaciones para enviar a la Academia Sueca. También la maquinaria propagandística estaba debidamente aceitada. Él sabía muy bien que iba a recibir el Nobel, firmar la paz y ganar el plebiscito del SÍ al mismo tiempo. Entonces, en ese momento se convertiría en el rey del mundo, en el centro de todas las miradas y la humanidad estaría rendida a sus pies.
Pero el sueño se volvió pesadilla. Los colombianos no nos tragamos el cuento, votamos por el NO, porque la misma FARC nos enseñó a desconfiar de maoísmos, leninismos, estalinismos, narcotrafiquismos y demás ismos cancerígenos que nos han azotado, disfrazados como guerras de guerrillas. La gente se asqueó de la manipulación mediática, de las encuestas falsas, de la politización de un tema de interés general, y de la entrega de la justicia a cambio de nada. Por eso, los jefes de las FARC fueron los primeros sorprendidos con el resultado del plebiscito, pues les habían asegurado que todo estaba bajo control.
De ahí que la carta abierta a Timochenko publicada por el Nuevo Herald el 5 de octubre tenía por objetivo, hacerle conocer las razones del NO a los miembros del Secretariado en La Habana. De hecho, la nota llego vía twitter a cada uno.
Tanja me respondió un mensaje muy optimista[1]: “Estamos empeñados en lograr la paz, porque conocemos lo que quedaría atrás para siempre”. El mismo Timochenko me contestó 2 twitteres al día siguiente: “Yo también quiero la paz ya #No desistan” , “La paz no tiene vuelta atrás #Vamos por la paz #Paz a la calle”. Más tarde el abogado asesor del grupo manifestó a los reporteros en Bogotá que “renegociar sería nefasto”. Por supuesto que él como jurista sabía muy bien que después de una negociación tan complicada, sería muy riesgoso rediscutir puntos que ya se habían ganado, y que correrían el riesgo de perderlos con millones de ojos fiscalizando todo el proceso. Las dos respuestas de Timochenko reflejan un temor a sentarse en la mesa a dialogar de nuevo.
Entonces, coloquémonos en los zapatos de las FARC para entender su posición: ellos han obtenido unas concesiones y perdones que jamás habían soñado; pero al mismo tiempo también creen que el NO es obra del “demonio Uribe”, el hombre a quien más temen en el mundo.
Negociar con la guerrilla no es nada fácil, pues ellos quieren todo a cambio de nada como en efecto ocurrió. El ADN de los miembros del secretariado de las FARC esta envenenado por la influencia de la tradicional diplomacia rusa comunista cuyas negociaciones se basaban en dos premisas básicas: “Lo mío es mío y lo suyo también es mío” y “decir no hasta que nos sangre la boca”.
Esto explica la campaña que ellos han lanzado de aprobar “ya y ahora” el documento tal como está concebido, y sin renunciar a nada de lo logrado en La Habana. Ellos ya saben que la población está en contra, que el gobierno de Santos toca a su fin, y de acuerdo a la situación política actual el próximo presidente será un hombre de centro o centro derecha.
Entonces, si las conversaciones se van a reanudar en forma honesta, se debe establecer, primero que todo, el significado real de la palabra paz; y colocar todas las cartas sobre la mesa. Pero Santos es un consumado jugador de póker.
Analista político colombiano.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de octubre de 2016, 5:22 p. m. with the headline "Colombia: la paz marxista."