Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

Bowie: fijeza del genio

Corrían los oscuros años sesenta y setenta en Cuba y a duras penas estábamos asimilando aquellas novedades llamadas Beatles o Rolling Stones, en la isla amurallada de los Castro, sin la información gráfica requerida, a golpe de radio subrepticio, porque este género de música estaba prohibido.

Durante los ochenta, en el trasiego clandestino de casetes VHS aparece cierto cantante inglés llamado David Bowie, con un insólito video filmado en Australia, haciendo bailar a los aborígenes sobre un promontorio, la joven protagónica de la historia con unos zapatos rojos, cual Dorothy postmoderna.

Con su hit Let’s Dance hacía su entrada triunfal en nuestras vidas azarosas, donde estos golpes de suerte no ocurrían con frecuencia, un genio absoluto de la música rock y de todas sus derivaciones culturales.

Al hojear el catálogo de la exposición que le dedicara el famoso Victoria and Albert Museum en Londres, bajo el título David Bowie is, se infiere cuanto le deben los llamados performistas –los cubanos de los años ochenta, entre otros– a su desbordante imaginería.

Bowie luego llegó a Cuba también de otras maneras, una en alas del video musical Dancing in the Street donde se ve delirante bailando y cantando en distintos escenarios callejeros con su amigo Mick Jagger, y con otras dos de sus piezas emblemáticas, Fame, que tiene a John Lennon como co autor y parte del coro, y Under pressure, canción memorable junto al grupo Queen.

Luego descubrimos sus dotes histriónicas, como un vampiro insaciable en The Hunger, Poncio Pilatos en The Last Temptation of Christ y un oficial preso en un campamento japonés durante la Segunda Guerra Mundial, en la inquietante Merry Christmas Mr. Lawrence.

Nos perdimos el resto de su influyente carrera, con una narrativa y personajes solo comparables a la fabulación desbordada de Lennon y McCartney. Hubiera cambiado, con gusto, algunas escuelas al campo, y otros tormentos políticos de mi juventud por disfrutar un concierto de David Bowie y seguir su estela de éxitos.

Desde el 10 de enero del 2016, cuando falleció, luego de una larga batalla contra el cáncer, dos días después de haber cumplido 69 años y dado a conocer su vanguardista despedida, el álbum Blackstar, los tributos no han cesado. Personalidades de toda índole, hasta un representante del Vaticano, han coincido en señalar la enorme pérdida, así como su legado imperecedero durante el pasado medio siglo en 25 álbumes originales.

Hace unos días el jazzista Donny McCaslin, quien lo acompañó en la aventura de Blackstar, publicó un álbum en homenaje a Bowie, Beyond Now, donde recrea dos de sus piezas en un estilo enfático y sincopado, de mucho poder expresivo.

También ha salido el álbum Lazarus, que recoge la música de Bowie, con guión de Enda Walsh, para el musical homónimo que subió a un escenario off-Broadway en diciembre del año 2015. El reparto supo de la muerte de Bowie el mismo día que entraron al estudio de grabación. La cantante de 15 años Sophia Anne Caruso no dejó de llorar durante la jornada.

El extra de este álbum son tres canciones inéditas de Bowie, sumamente fuertes, no incluidas durante las grabaciones de Blackstar. McCaslin ha dejado saber que hay otras cinco de igual entereza lírica y musical.

Los meses finales de Bowie fueron frenéticos. Algunos días grababa las piezas de Blackstar por la mañana y luego en la tarde se sentaba con el pianista Henry Hey para la música de Lazarus, quien ha dicho: “Tenía el entusiasmo de seguir creando arte y música hasta el final. Nunca he visto a otra persona tan energizada y vigorizada mediante la creación artística”.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de octubre de 2016, 1:11 p. m. with the headline "Bowie: fijeza del genio."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA