ROSA TOWNSEND: Obama divorciado de la realidad
En el resumé del presidente Obama figurarán para siempre tres hechos: primero que durante su mandato nació y proliferó el Estado Islámico (ISIS), expandiendo sin trabas yihadismo y barbarie por el planeta; segundo que hace apenas un año los calificó de “equipo de aficionados” que no merecía la pena combatir; y tercero que actualmente niega incluso que sea terrorismo islámico, lo denomina “violencia extremista” para despojarlo de su esencia religiosa.
Su celo por proteger al islam ha convertido al señor Obama en un juez global que dictamina lo que es o no es islámico. Y según él ningún grupo terrorista es de ideología islamista. La táctica de cambiar el lenguaje desde el púlpito de la Casa Blanca parece ir encaminada a generar un estado de opinión mundial que absuelva al islam y además lo victimice.
Y es verdad que muchas de las víctimas del yihadismo son musulmanes y es cierto también que la gran mayoría son amantes de la paz, pero todo es cuestión de proporción y justedad. ¿O es que las vidas de decenas de miles de cristianos no tienen valor? ¿O las de judíos? Sin embargo, al señor Obama le cuesta mucho hablar de estas víctimas. Convocó días atrás una “Cumbre para Enfrentar la Violencia Extremista” en la que el genocidio de cristianos brilló por su ausencia. La tal cumbre pareció más bien un acto de relaciones públicas al que ni siquiera fue invitado el director del FBI, pero estuvo repleta de líderes comunitarios musulmanes para quienes Obama ha destinado $18.5 millones en programas de concienciación de jóvenes. Le aplaudieron mucho, eso sí.
Pero cuando la realidad es tan aplastante como la que vemos a diario en la televisión de atrocidades terroristas al grito de “Alá es grande” no existe acrobacia lingüística del señor presidente de USA que la pueda enmascarar. Sobre todo porque el suyo es un empeño en solitario. El resto de los líderes mundiales, incluidos los de países musulmanes, llaman al fanatismo islamista por su nombre. Y además lo están combatiendo sin contar con Obama, frustrados por su pasividad y procrastinación en arremeter contra ISIS. Muestra de ello son las ofensivas militares autónomas de Egipto y Jordania contra enclaves yihadistas.
Fue lamentable ver recientemente una rueda de prensa conjunta de Obama y Cameron en la que mientras el premier británico alertaba de “la amenaza terrorista del extremismo islamista” Obama omitió mencionarlo por completo. Y posteriormente atribuyó la raíz del terrorismo a la falta de oportunidades económicas y de cauces democráticos, pero no a la ideología islamista (no hay que olvidar que los cabecillas del terror, empezando por Bin Laden, proceden de familias adineradas).
La obcecación del presidente en negar la evidencia indica que cada vez está más divorciado de la realidad. Un divorcio que “nos va a costar muy caro” –en vidas y dólares–, como avisaba esta semana el exdirector de la CIA y la NSA general Michael Hayden.
Ya en este momento el cáncer del islamismo radical amenaza la estabilidad en 12 países. ISIS es mucho más que un grupo terrorista, es “un estado”, “un califato” que se adueña de territorios y derriba fronteras. Se teme que pueda tomar Libia en cualquier momento. Y que intente cumplir su advertencia de “conquistar Roma” (de Libia a Italia hay unas 300 millas).
El peligro es tan real e inmediato que los eufemismos del señor Obama sobre el terrorismo islamista trascienden lo políticamente correcto. Son armas de confusión masiva. No es precisamente el tipo de armas que pueden derrotar a ISIS, sino al contrario. Ni tampoco pueden lograrlo los esporádicos bombardeos de la conocida como "coalición de los invisibles" (aunque la Casa Blanca asegura que existe).
Parte del arsenal de confusión es simplificar el tema como si se tratara de una pelea política doméstica entre demócratas y republicanos. Wake up America, please! Este es un asunto internacional. La mayor amenaza para la seguridad global en muchas décadas.
Hay un libro que aparentemente no ha leído el presidente Obama: Mientras Inglaterra dormía, de Winston Churchill, publicado en 1938, que es un buen manual sobre el peligro de no confrontar a tiempo las amenazas. El gran líder británico advirtió durante años a sus compatriotas del peligro nazi que se cernía sobre Europa, pero no le hicieron caso. El precio ya lo conocemos: más de 50 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial.
El señor Obama parece somnoliento frente al islamismo radical. El lo llama “paciencia estratégica”. Esperemos que dentro de un tiempo no haya que escribir otro libro que se titule “Mientras Estados Unidos dormía”.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de febrero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "ROSA TOWNSEND: Obama divorciado de la realidad."