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Opinión

Trump y los cubanos

En 1998, dos años después del asesinato de cuatro exiliados cubanos por el derribo de dos avionetas civiles bajo el fuego de aeronaves militares de Cuba, varios ejecutivos del Hotel Trump visitaron ese país para explorar, con funcionarios del gobierno que ordenó esas muertes, la posibilidad de hacer negocios en la Isla. Sin licencia del Departamento del Tesoro, estos ejecutivos gastaron durante ese viaje la suma de 68 mil dólares, en franca violación de la ley del embargo que tanto han defendido los exiliados conservadores. Es, ante estos cubanos, que el candidato presidencial republicano, Donald Trump, el artífice de aquellas negociaciones, acudió en busca de votos.

¿Y qué declaró el empresario candidato durante este encuentro? No sé si gritaría “Viva Cuba libre” o “Abajo los Castro”, como otros candidatos presidenciales anteriores, pero lo que sí recogieron los reportes noticiosos es que anunció la abolición, de llegar a la presidencia, de todas las medidas adoptadas por el actual presidente Barack Obama en relación a la normalización de relaciones con Cuba. “El Pacto Obama sólo beneficia al régimen de Castro”, dijo el pasado 25 de octubre. Pero en marzo de este mismo año, en entrevista por CNN, todavía avizoraba la posibilidad de abrir un hotel en Cuba: “Yo lo haría, en el momento adecuado y cuando tengamos permiso para hacerlo”.

¿En tan corto tiempo Trump cambió de parecer? La realidad es que sin ganar el estado de la Florida, le sería muy difícil obtener la victoria sobre Hillary Clinton en las elecciones presidenciales del próximo martes. Y por otra parte, se puede constatar muy claramente que el candidato republicano es, por sobre todas las cosas, un empresario, algo que precisamente, para cubanos y no cubanos seguidores del magnate, es un argumento a su favor, el más indicado para arreglar la economía de este país. Pero independientemente de que sea o no buen empresario –algo dudoso para quien tuvo en una ocasión que declararse en bancarrota–, se olvidan que para un empresario lo esencial no es el país sino sus intereses personales, y lo demostró cuando en más de una ocasión usó instalaciones de su propiedad para sus cuarteles de campaña, de modo que él cobraba, como empresario, con los cheques de la cuenta de su propia campaña, el uso que como político él mismo hacía para promover su candidatura.

Teniendo en cuenta todos estos antecedentes del candidato republicano, podría, de llegar a la Casa Blanca, desmontar totalmente todo el andamiaje político levantado hasta ahora por el actual presidente en el proceso de normalización entre Cuba y los Estados Unidos, pues como bien dice, fue construido a base de decretos sin contar para nada con el Congreso, pero no sería lo que realmente va acorde con sus intereses. Sólo intenta, por todos los medios, ganar la Florida. Si lo logra y alcanza la presidencia, olviden el cuento. No fueron promesas, ni siquiera ofrecimientos. Sólo dijo lo que el ala conservadora de la comunidad cubana deseaba oír.

Pero supongamos que deseara realmente cumplir con lo dicho en ese encuentro, ¿podría en verdad echar atrás todas esas medidas tomadas por la actual administración? No importa si fueron decisiones unilaterales sin fuerza legal por no estar avaladas por el poder legislativo. Hay una fuerza aún mayor, mucho más poderosa que sí las avalan, la de los grandes intereses, los de los comerciantes, los granjeros, los hoteleros, los transportistas, los industriales y los banqueros entre otros, es decir, todos aquellos que aportan las contribuciones de campaña de la inmensa mayoría de esos congresistas y de los que en el futuro van a ser elegidos. ¿Va a nadar Trump contra esta poderosa corriente de la cual él mismo forma parte? ¿No sería más inteligente para los cubanos conservadores que realmente desean la libertad de Cuba contribuir con lo inevitable y utilizar la nueva política hacia Cuba para aprovechar las condiciones que se crearían con esa apertura e impulsar dentro de ese pueblo las fuerzas que pueden llevarnos a la libertad? En tal caso el candidato ideal sería el demócrata y no el republicano. Pero a la larga, sea el que sea el elegido, nada podrá cambiar los destinos de Cuba. Podrá retrasarse el proceso de normalización entre ambos países, pero en última instancia, esto ya no hay quien lo pare.

Escritor e historiador.

concordiaencuba@outlook.com

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de noviembre de 2016, 7:33 p. m. with the headline "Trump y los cubanos."

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