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Opinión

JOSÉ MANUEL PALLÍ: El caso Nisman: convicciones sin convictos


Varias personas se toman una foto antes de participar en una manifestación en Buenos Aires, el 18 de febrero, para exigir respuestas al gobierno en el caso de la muerte del fiscal Alberto Nisman.
Varias personas se toman una foto antes de participar en una manifestación en Buenos Aires, el 18 de febrero, para exigir respuestas al gobierno en el caso de la muerte del fiscal Alberto Nisman. AP

Desde que a mediados de enero se comenzó a gestar esta última –e invariablemente deslucida y perdedora– gesta heroica del “movimiento Anti-Kichner” en mi primera patria adoptiva, la Argentina, vivo en un estado de “deja vu otra vez”, como decía Yogi Berra.

Muchos de mis compatriotas cubanos piensan que el haberme criado en la Argentina me convierte en un ser deficitario, pero yo no lo veo así, y le doy gracias a Dios cada día por haberme criado en la Argentina, y no en los Estados Unidos o en la Cuba donde nací. Si bien es cierto que soy el que soy, cultural e idiosincráticamente, debido a esa circunstancia que me convirtió en un Cubargie, no me puedo imaginar a mí mismo sino con esa visión del mundo (y de la Argentina) que me permite ver “el caso Nisman” –desde un primer momento– desde una perspectiva que no es la de la mayoría de los apóstoles de la democracia “liberal”, de la libertad de expresión, del estado de derecho, de la independencia del poder judicial, y de tantas otras “instituciones” que esos apóstoles defienden a grito pelado pero que definen de una forma tan simplista que se les hace cada vez más difícil defenderlas cuando llega la ocasión.

Y es que la película del caso Nisman yo ya la he visto; de hecho la hemos visto todos –aunque muchos parecen no querer recordarla–, y no solo el pueblo argentino, sino que se exhibe en los cines de muchos otros pueblos también. Es aquella película en la cual los que, de palabra, arden en deseos por la democracia, se marchitan en el despecho al que los conduce un sentimiento Anti-lo que sea (en este caso, Anti-K) cuando esa misma democracia les da la espalda y se pronuncia a favor de aquello en lo que estos despechados concentran su sentimiento Anti.

Por eso lo inteligente, en mi humildísima opinión, es ser “Anti-Anti”, es decir, resistirse ante esos sentimientos “Anti-lo que sea” que no hacen más que desgastarlo a uno en sus energías y en su claridad para discernir la realidad de aquello que no es sino una catarata –impulsada sin respiro por ese mismo fervor “Anti”– de intentos de manipulación de la opinión pública.

Y es mi postura “Anti-Anti” la que me llevó a sospechar de la “verdad” que nos presentaban –con sanas intenciones, no lo dudo– los cofrades de la Sociedad Interamericana de Prensa (comenzando por sus bastiones en la Argentina) sobre las razones que impulsaron a un fiscal que llevaba años investigando el brutal atentado contra la AMIA en la Argentina a instancias y con el respaldo pleno del gobierno de los Kirchner a acusar a la presidenta argentina de delinquir, a través de una sorpresiva y sorprendente denuncia.

Ahora que un juez ha desechado la existencia de la menor evidencia de un delito en el escrito de la fiscalía, y que además aparecieron, guardados en la caja fuerte de la oficina de Nisman, documentos firmados por él semanas antes de su denuncia, en los que el fiscal hacía poco menos que una apología de las autoridades a quienes su denuncia imputaba la comisión de delitos que, en estos documentos celosamente guardados, el propio fiscal negaba, cabe preguntarse que es lo que hay detrás de todo esto. Parece un caso para el detective Mario Conde, y a él se lo remito…

A mí me interesa más indagar por qué la cofradía de la SIP no le dedicó espacio al análisis del escrito de acusación que Nisman, supuestamente, pensaba utilizar antes de su súbita muerte. Ese documento está disponible desde hace semanas y prácticamente todos los juristas que lo leyeron llegaron a la misma conclusión que llegó el juez que ahora lo desechó.

El primero entre los Cubargies, el brillante humorista que fue Pepe Biondi, tenía una frase (una de tantas) que inmortalizó durante sus muchos años con el programa de mayor audiencia de la TV argentina: “Qué suerte pa’ las desgracias”…, frase que, tristemente, es aplicable a la sociedad argentina, de entonces y de ahora. Y es que, reitero, lo que está ocurriendo hoy en la Argentina los argentinos lo han vivido muchas veces (mas allá del tremendismo de quienes claman que el caso Nisman es la mayor crisis institucional (¿?) que ha sufrido esa nación). Que el “patapufete” de Biondi caiga sonoramente sobre las cabezas de estos politólogos, columnistas “sindicalizados” y demás “expertos” y sobre su tenue credibilidad. Parafraseando a la presidenta argentina: lo que yo no le perdono a esos “expertos” es como se juegan por sus “convicciones”…

Abogado cubanoamericano.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de febrero de 2015, 1:00 p. m. with the headline "JOSÉ MANUEL PALLÍ: El caso Nisman: convicciones sin convictos."

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