La hora de pedir disculpas
Triunfó Donald Trump. A lo largo de esta campaña electoral, parte de los medios (prensa, TV, radio, etc.) comenzaron los ataques contra el aspirante, y todo parece indicar que los críticos se abroquelaban en la Primera Enmienda que prescribe la libertad de prensa y el pleno ejercicio de escribir o decir lo que se estime atinente. Y esa disposición de rango constitucional, es uno de los pilares en que descansa la democracia de EEUU, como campeón de la libertad a nivel universal, que constituye el orgullo de ser norteamericano o haberse naturalizado como tal, los que vinimos de un país tiránico.
Sin embargo, el espíritu y la letra de la Primera Enmienda no autoriza que nadie ataque el honor de las personas que ejercen o aspiran a ejercer funciones públicas. En la prensa en general hemos sido lectores del uso errático de esa Primera Enmienda y, por el contrario, se han cobijado en el rubro que sirve de marco para tratar de lesionar a dichas personas, como ha sido el caso de Trump.
En este artículo pretendemos dejar constancia de que existe una institución jurídica que protege el honor de las personas cuando son víctimas de la difamación que consiste en imputar a otro ante terceras personas una conducta, un hecho o una característica, contrarios al honor, que puedan dañar su reputación social, rebajarlo en la opinión pública o exponerlo a perder la confianza requerida para el desempeño de su cargo, profesión o función social; la calumnia, que se refiere a divulgar hechos falsos que redunden en descrédito de una persona y la injuria, que consiste en ofender a otro, de propósito, en su honor por medio de palabras, dibujos, gestos o de otro modo.
La diferenciación entre difamación y calumnia consiste en que en la primera la persona obra ligeramente, sin tomarse el cuidado de comprobar la veracidad de lo que afirma ante otras personas. Pero tanto en la calumnia como en la difamación, hay un propósito de denigrar, de desacreditar a la víctima.
A partir del anuncio de que aspiraría a la presidencia de EEUU, Donald Trump pronunció discursos que se apartaban de la tradicional manera de proclamar tal aspiración e hizo comentarios que han sido tergiversados por esa parte de los medios, que a medida que transcurría la puja electoral, se esparcían diatribas contra Trump, tales como que es misógino, o sea, que practica el odio o desprecio hacia el género femenino; racista, que es quien siente rechazo por otra raza; sexista, que hace discriminación de las personas según su sexo; malvado, el que obra con mucha maldad o que hace daño con sus acciones, o sea, perverso, y como si todo fuera poco, también fue tildado Trump de depredador sexual.
Quienes lanzaron toda esa gama de adjetivos que indudablemente atacan el honor de cualquier persona, en recaer en Trump el asunto es más sensible porque estábamos y estamos en presencia de una persona con aspiración de dirigir los destinos de este país y lo ha logrado por los millones de norteamericanos de nacimiento o naturalizados, quienes han votado por el mismo de manera masiva, a despecho de extraviadas recomendaciones de que eligieran a Hillary Clinton, quien ha podido apreciar el rechazo que ha sufrido.
En mi columna en este diario del 24 de mayo del año en curso, cuando aun no se vislumbraba el éxito ruidoso de Donald Trump, escribimos: “…Trump constituye una opción nada desdeñable en pos de una oportunidad en sus afanes políticos y los miembros del Partido Republicano, por disciplina partidista, deben emitir su voto en favor del mismo, si es que en definitiva es nominado”. Y concluía mi artículo: “Como colofón, este columnista no aprecia loable y oportuno el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba, porque el régimen castrista continúa su férrea política que cierra todo cambio y que reitera su entorno socialista…” y ahora se abren las posibilidades de que en el mandato del nuevo presidente se revalúe ese acercamiento con la isla, pero con otras proyecciones.
Es aconsejable que los detractores de Trump le pidan disculpas por sus erráticas afirmaciones que han expresado en detrimento de su honor, porque será nuestro presidente sin distinción de partidos políticos.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2016, 3:17 p. m. with the headline "La hora de pedir disculpas."