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Opinión

Bendita democracia

Un amigo aislado en la penumbra de la incomunicación castrista me pide que le dé detalles sobre las elecciones recién celebradas en los Estados Unidos, que el régimen ha manipulado hasta el delirio.

Usamos una de las plataformas de comunicación tan comunes para cualquier ciudadano del mundo, si exceptuamos a los coreanos y a mis compatriotas. El diálogo se extiende por largas jornadas, algunos días, debido a la demora en recibir y responder los emails, pero vale la pena.

Curiosamente, en otras ocasiones mi amigo ha recibido información de periodistas independientes, invitados por la otrora Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, hoy devenida Embajada, para disfrutar las elecciones, pero me dice que ahora, lamentablemente, no fueron convocados.

“¿Cuéntame cómo es eso del mapa de colores en la televisión?”, inquiere. Todas las grandes cadenas lo tienen y mientras avanza la noche los estados se van ganando a golpe de votos electorales. Los demócratas son azules y los republicanos rojos. “¿Rojos?”, “¿Cómo el comunismo?” y lo atajo, nada que ver, son asuntos históricos.

“Aquí en Cuba es tan obvio, todo es escarlata, quiero decir del partido gobernante, y solo elegimos a los pobres delegados de circunscripción que luego pueden hacer muy poco por nosotros. Lo grande se decide a dedo. Fidel dijo que el hermano lo sustituía y ese afirma que se va en el 2018, pero nadie le cree”.

“¿Cómo es que daban por segura a Clinton y sale Trump?” Sí, fue una sorpresa para muchos especialistas y para la gran prensa, tan influyente. El mapa empezó a ponerse punzó hasta donde debió ser azul, tradicionalmente. La democracia en acción daba al traste con la especulación científica y la tramitación adelantada.

“Tremendo –me apunta–, aquí los medios ni influyen ni pueden cambiar el rumbo de nada. Siempre están de acuerdo con el poder. Los periodistas que han estado en contra, se la ven difícil, cuando no están presos”.

Pues mira, el único comunicador que auguró el triunfo del urbanizador fue el controversial Michael Moore, el mismo que hablara de la excelencia del sistema de salud cubano y de otros logros de la dictadura. Yo lo vi en la televisión diciendo que Trump era como un boomerang.

Fascinante todo el proceso, un verdadero combate cuerpo a cuerpo. A veces escabroso, en ocasiones estresante, pero siempre con aristas reveladoras.

“Por acá, el periódico Granma dijo que las minorías, hispanos y afroamericanos, saldrían a votar en masa y aplastarían al republicano”.

Los primeros todavía no somos suficientes para inclinar una balanza tan importante y todo parece indicar que los segundos no fueron igual de solidarios como cuando el candidato Obama los convocó.

Por cierto, el Presidente presumió un desenlace inconveniente para su legado y, obedeciendo a su olfato político, dejó la oficina oval eventualmente, junto a la primera dama, para hacer campaña por la candidata demócrata. Deben haber tomado algunos de sus días de vacaciones.

Ahora hay protestas anti Trump en algunas ciudades azules, no tan violentas como el movimiento Occupy Wall Street del 2011, pero alentadas por las cámaras de televisión y por el silencio cómplice de funcionarios que debieran salirles al paso con alguna componenda de tipo comunitaria, muy a la usanza en Estados Unidos. Vi en la televisión a un joven hispano decir que “Trump es un animal”.

“¡Alabao! –escribe mi amigo–. Los que han increpado a Fidel o Raúl durante estos años tienen un cementerio aparte”.

Estados Unidos es un país generoso, le escribí.

Crítico y periodista cultural.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de noviembre de 2016, 2:05 p. m. with the headline "Bendita democracia."

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