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Opinión

Promesas electorales

Una cosa es predicar y otra es dar trigo” (refrán castellano).

En todas las democracias funcionales o disfuncionales se celebran elecciones periódicas para llenar los altos cargos del gobierno.

El pasado 8 de noviembre hubo elecciones generales en los Estados Unidos tras una larga y áspera campaña electoral.

Característica común de toda contienda política es el uso y abuso del verbo “prometer”. Los candidatos lanzan desmesuradas promesas para que piquen la carnada los votantes más rústicos o menos sofisticados.

El recién electo Donald Trump cumplió muy bien una promesa. Dijo: “Aceptaré el resultado de las elecciones... si gano”. Y tenía preparada otra reacción en caso de derrota; cuando las encuestas se le mostraron adversas, declaró que las elecciones serían fraudulentas (“rigged elections”) y que había más de un millón de muertos inscritos para votar. Pues bien, como ganó las elecciones, hemos de concluir que no había tal conspiración, y si la hubo, resultó que los difuntos eran republicanos (!)

Sin duda cumplirá la promesa de reformar el sistema de seguro médico conocido como Obamacare. Su contrincante, Mrs. Clinton, también reconoció la necesidad de corregir ese sistema de seguros. Ahora Trump reconoce que no todo en Obamacare es repudiable.

Prometió construir una muralla a lo largo de la kilométrica frontera mexicana, añadiendo que México pagaría por tan faraónica obra. Eso no se cumplirá. Cuando le toquen el tema, dirá que la muralla debe entenderse en sentido figurado o metafórico. Se trataría de proteger mejor la frontera. Muy bien, pues los países tienen derecho a regular la inmigración; para algo se inventaron las visas.

Tampoco cumplirá la promesa de deportar a once millones de indocumentados. La logística de hacer las redadas y meter tantas personas en vehículos hacia el Sur evocaría los escalofriantes convoyes de Hitler hacia los campos de exterminio.

Prometió enjuiciar a Hillary Clinton para meterla en la cárcel. Trump no lo hará. Primero, por no pasar como vil, mezquino y vengativo. Segundo, porque si se demuestra que la imprudencia de la Secretaria de Estado no llegó a nivel criminal, su prestigio presidencial se vería muy tiznado.

Encandiló a ciertos cubanoamericanos con la promesa de recongelar el deshielo entre Washington y La Habana. No parece que vaya a romper relaciones diplomáticas y suprimir los viajes y otros intercambios comerciales. Pero sí enfriará las relaciones y calentará la retórica anticastrista. Con eso, el régimen cubano jugará otra vez el papel de víctima y se encerrará más en su postura numantina.

Prometió crear veinticinco millones de empleos en poco tiempo. ¿Con qué varita mágica? ¿No sabe acaso que la mano de obra sale muy barata en China, India, Bangladesh y tantos países? Estados Unidos sólo puede dedicarse a industrias que compitan con las extranjeras.

Las protestas callejeras contra Trump deben cesar. Se le debe desear éxito al neo-presidente tanto por su bien como por el bien del país y del mundo. Ojalá logre rodearse de personas competentes y de cabeza fría que encubran su ignorancia en tantos asuntos y lo protejan de sus peores pasiones.

Sacerdote jesuita.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2016, 5:32 a. m. with the headline "Promesas electorales."

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