Límites
En sus dos semanas como presidente electo, Donald Trump ya atacó al New York Times desde su cuenta de Twitter (aunque después desdijo un poco sus palabras en una rueda de preguntas organizada en ese mismo periódico), se reunió con sus socios de negocios en la India, incluyó a su hija Ivanka en la reunión con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, ha hecho un show mediático de la escogencia de nombres para su gobierno y dijo que no va a enjuiciar a Hillary Clinton.
Aclaremos esto: el presidente electo Trump y el Partido Republicano están en todo su derecho de intentar llevar a cabo su agenda política, de igual manera que el Partido Demócrata lo está en oponerse a lo que pueda y crea conveniente. De eso se trata la democracia.
Sin embargo, hay temas muy delicados, que se salen de la agenda política, sobre los que son responsabilidad de los líderes, ya sean del mismo partido o de la oposición, imponer unos límites. Yo veo una normalización muy preocupante para el futuro de los Estados Unidos, en asuntos que antes hacían saltar todas las alarmas.
Tomemos por ejemplo lo que dijo sobre no enjuiciar a Hillary Clinton, que fue titular en todos los medios. Tras los grandes titulares, ¿cuántos se preguntaron si son acertadas o no, sus palabras? ¿Desde cuándo enjuiciar o no enjuiciar a alguien, es decisión del presidente y no de la justicia (que es independiente)?
En ese mismo orden me pregunto ¿cuál hubiese sido la reacción hace apenas uno o dos años, si alguien hubiese propuesto para consejero presidencial a Steven Bannon, el director de un sitio de noticias extremista y xenófobo, como Breibart News? ¿Cuál, si se hubiese propuesto como fiscal general a Jeff Sessions, que no pudo ser confirmado como juez federal por un comité que dirigía su propio partido, por sus posiciones racistas?
Hasta hace poco fue un escándalo que el candidato del GOP no mostrara su declaración de impuestos. Hoy ya parece normal que el presidente electo se dedique a sus negocios, e imagino que también lo será, que siga escondiendo su declaración de impuestos por todo el tiempo que sea presidente. ¿Para nadie es sumamente grave que exista la posibilidad de que un presidente de los Estados Unidos utilice su poder e influencia, o tome decisiones, según lo que le convenga a sus negocios? ¿Acaso iría contra la agenda política del GOP que desde ya estuviesen fijando reglas para un presidente que está repleto de conflictos de intereses?
En la campaña, Donald Trump consiguió que todo el que no estuviese a su favor, prensa, políticos de su partido y de otros partidos, Hillary Clinton, el presidente Obama, sus adversarios en las primarias, el juez que llevaba el caso de su universidad, la lista es interminable, fuese visto con sospecha por sus seguidores.
A mí esa tendencia, más que el dichoso muro, más que su temperamento impulsivo, más, incluso, que sus desastrosas ideas retrogradas, me parece lo más peligroso de todo.
Esta clase política endeble ya ha demostrado en demasiadas ocasiones que les importa mucho más asegurar su próxima elección que el futuro de la gente. Si todo lo que hace Trump termina siendo popular para una mayoría, ¿serán capaces de detenerlo los líderes de su partido, en caso de que ignore flagrantemente las reglas y esa Constitución que es la base de todo lo bueno que tiene este país?
Hay muchos malos ejemplos de gobernantes a quienes en sus inicios los seguidores le creen, todo, a ojos cerrados.
Quizá este no sea el caso. Solo pido que mantengamos los ojos abiertos.
Escritor colombiano. www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2016, 5:35 p. m. with the headline "Límites."