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Opinión

Sin una prensa libre e independiente peligran las libertades

El presidente electo Donald Trump, a la izquierda, y el editor del New York Times Arthur Sulzberger Jr., participan durante una reunión con editores y reporteros en el edificio de The New York Times.
El presidente electo Donald Trump, a la izquierda, y el editor del New York Times Arthur Sulzberger Jr., participan durante una reunión con editores y reporteros en el edificio de The New York Times. AP

Vivimos en los Estados Unidos de Amnesia. Entre las cosas importantes que estamos olvidando descuella el papel de una prensa libre, valiente, justa, e independiente, un guardián insustituible de nuestras libertades. Así, muchas autopsias sobre la actuación de los medios durante nuestra estrambótica campaña presidencial, lanzaron generalizaciones banales e inexactas sobre el desempeño fatal de “la prensa” y sus “responsabilidades”. Estas autopsias improvisadas hacen caso omiso de la Primera Enmienda, de las obligaciones de los medios en una democracia pluralista, de las presiones económicas que gravitan sobre ellos, de su complejidad y heterogeneidad, y de los rápidos e imprevisibles cambios que en las primeras décadas del siglo XXI conmocionan a los medios estadounidenses y sus públicos fragmentados.

Lo que es peor, aunque las conclusiones superficiales de estos balances suelen carecer de fundamento, no vacilan en condenar a la “prensa” (salvo a sus canales y sitios internéticos predilectos) de Estados Unidos como una institución inservible que, debido en gran medida a su pecado original, ( su presunta parcialización a favor de “los liberales” y el llamado establishment) ha perdido la confianza de toda la sociedad.

En rigor una versión de este dictamen fue una constante en los discursos de campaña de Donald J.Trump . La hábil retórica del presidente-electo convirtió a cierta “prensa” en uno de los principales enemigos de su movimiento, junto con los extranjeros destructivos y los depredadores temibles vendidos al “establishment”. Trump decidió azotar a la “prensa mainstream” (la que navega en la “corriente principal”) cuando un grupo de medios nacionales comenzaron a tomarlo en serio. De pronto, en casi todos sus discursos Trump atacaba alos mismos medios que en los primeros meses de su campaña, le habían regalado más de mil millones de dólares en publicidad a cambio de unos ratings muy lucrativos. No obstante, en sus mitines el candidato declaraba que la prensa de la “corriente principal” era “corrupta” y “deshonesta” . Ofrecía como evidencia un puñado de supuestas fechorías perpetradas por reporteros y reporteras enemigas que se atrevían a hacerle preguntas incómodas o a divulgar noticias veraces que disgustaban a Trump. A veces incluía en la diatriba al aborrecido New York Times o a Jeff Bezos de Amazon, el dueño del Washington Post. A Trump le desagradaba que ambos diarios se atrevieran a publicar reportajes irrefutables que iluminaban aspectos chocantes de la ejecutoria del candidato. Otras publicaciones - entre ellas,The Guardian, The Economist, Buzzfeed, Politico, Reason, Mother Jones - hicieron lo mismo. Asumieron una de las mayores responsabilidades de una prensa libre en una democracia.

Con todo, algunos críticos de los medios tienen parcelas de razón. Según una extensa evaluación preliminar del desesempeño e influencia de los medios en la contienda electoral, un trabajo conjunto del Columbia Journalism Review (CJR) y el diario The Guardian, los medios televisivos cometieron las faltas más graves. En esta sociedad balcanizada la inmensa mayoría no lee;los que reciben noticias las reciben a través de la televisión, las redes sociales o sitios de Internet que requieren poca lectura. No muestran interés en el buen periodismo sino en opiniones tajantes y acusaciones fuertes, apasionadas, que avivan el parasimpático. Como decía Chesterton “El buen periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo”.

El informe de CJR y The Guardian refuta esas autopsias superficiales e irreflexivas. que condenan a toda la prensa por supuestos fracasos mortales durante la campaña. El informe demuestra lo contrario: que muchísimos reporteros, editores e investigadores que trabajan en la prensa escrita, en sus versiones impresas y en páginas internéticas, lo hicieron muy bien. Son las verdaderas estrellas de la cubertura electoral. Sin embargo, la elección también demostró que la influencia de este tipo de periodismo desaparece a la velocidad de la oscuridad . Su declive representa un peligro para la democracia y las libertades. Y a pesar de sus feroces críticas contra estos medios. el presidente-electo lo sabe tan bien como los especialistas de la Universidad de Columbia.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de noviembre de 2016, 8:21 p. m. with the headline "Sin una prensa libre e independiente peligran las libertades."

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