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Opinión

Noticias falsas, las termitas de la democracia

Muchos se han dejado cautivar por las mentiras que circulan por internet en forma de noticias. Leerlas no requiere mucha cabeza, satisfacen además las fantasías políticas y no parecen causar efectos secundarios inmediatos. Son un veneno sigiloso, las termitas de la democracia, que lentamente han empezado a roerla.

Ningún arma de control de masas es tan eficaz como diseminar falsedades a través de presuntos medios de comunicación con eco en las redes sociales. O tan peligrosa para la libertad. No hace falta remontarse a tiempos bíblicos para entender que la verdad hace libres a los hombres y la mentira les esclaviza. Y en estos tiempos modernos la mentira llega disfrazada de noticia.

La estrategia de los impostores consiste en llamar verdad a la mentira y mentira a la verdad. Atacar a los auténticos medios de comunicación que publican información veraz y contrastada, y al mismo tiempo dar rienda suelta al engaño noticioso, aprovechando la escasa capacidad de profundizar y analizar los hechos que tienen las masas en esta era del post-alfabetismo y la post-verdad. Cuanto más facilón y llamativo sea de leer o ver un titular, más éxito tiene. Nada que obligue a pensar, please.

Y son millones los que atraídos por el anzuelo del sensacionalismo consumen a diario informaciones falsas. Involuntaria o conscientemente se han hecho clientes de la lucrativa industria de la mentira, que en este año electoral ha proliferado a niveles insospechados. Sólo en Facebook ese tipo de historias ficticias han sido vistas 213 millones de veces durante la contienda presidencial. Y han generado muchos más millones de dólares para quienes inescrupulosamente las producen. ¿Alguien puede dudar sobre la influencia que han tenido en la opinión de los votantes?

En el último año han circulado titulares fraudulentos como estos: “Los demócratas preparan un golpe contra Trump financiado por Soros”; “Hillary se drogó antes del debate”; “Hillary padece una enfermedad incurable”; “Pagan a manifestantes contra Trump”; “El Papa pide a los católicos que voten a Trump”; “Hillary se ha enriquecido vendiéndose a poderes extranjeros”; “La elección está amañada para Hillary”; “Las cifras de desempleo son inventadas”; “El Sistema de Justicia es un fraude”; “El juez Scalia fue asesinado”... La lista es tan enorme como disparatada y se necesitaría un libro entero para reproducirla.

El aluvión de infundios lo han propagado cientos de publicaciones electrónicas, originadas aquí y, en al menos 200 de los casos, con apoyo propagandístico de Rusia a través de sus plataformas RT, Sputnik, etc. (según un informe de PropOrNot https://drive.google.com/file/d/0Byj_1ybuSGp_NmYtRF95VTJTeUk/view ). Son sitios como National Report, World News Daily Report, Liberty Writers News, Breitbart, Empire News, InfoWars o Civic Tribune. Todos dan una apariencia de “normales”, que logra confundir a ciudadanos desprevenidos y, de paso, abastece de calumnias a los activistas que las divulgan por la red hasta hacerlas virales.

¡Qué gran peligro! Y no sólo por la indebida –e indudable– influencia que han ejercido en la elección, sino porque quiebran los paradigmas que (hasta ahora) han sustentado las sociedades libres. La información fidedigna es el pilar de la democracia. Derribado ese pilar (como desean quienes arremeten contra la prensa seria, empezando por el presidente electo Donald Trump), la ciudadanía queda a merced de los mercenarios de la mentira, impotentes ante su propio destino.

Facebook, Google, Twitter o YouTube están en el centro de esta guerra mediática al permitir que por sus entrañas tecnológicas circulen todo tipo de bulos, rumores, calumnias, etc. Francamente han actuado como “pilatos” en esta elección, lavándose las manos. Ahora, a título pasado, quieren poner remedio. Más vale tarde que nunca. Porque esta no es una amenaza exclusiva de la temporada electoral, sino que ha surgido en desafío a las normas que han hecho de nuestra civilización occidental la mejor de todos los tiempos. Por eso Rusia y China están tan interesadas en ciber-sabotearla con propaganda tóxica.

El fenómeno de las noticias falsas ha sacudido además los cimientos de la industria periodística profesional, cuya misión siempre ha sido separar los hechos de la ficción, perseguir la corrupción y asegurar que los poderosos rindan cuentas. Todo lo contrario a lo que promueven los impostores. Cierto que la selva de internet es un reto para los medios de comunicación legítimos pero la única opción es seguir responsablemente informando la verdad. Estamos en una guerra noticiosa nuclear y para vencer tenemos que hacer lo que decía Joshua en la película sobre la Guerra Fría War Games: “Este es un juego extraño, la única forma de ganarlo es no competir”.

Periodista y analista internacional.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de noviembre de 2016 a las 2:30 p. m. con el titular "Noticias falsas, las termitas de la democracia."

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